TELEGRAMA // Héctor Barragán

Hace tanto tiempo que se conocen las pérdidas millonarias de petróleos mexicanos por el robo de hidrocarburos, que salta a la vista la ineficiencia y complicidad de personal y funcionarios de la empresa paraestatal, para controlar el problema, para erradicarlo, y ahorrar millones de pesos en beneficio de la empresa más importante del país, así como la complicidad de muchos ciudadanos en el negocio, sobornados por el influyente y muy rentable ilícito.
Por si fuera poco, enseguida de las tomas peligrosas y persistentes se conocen las maniobras del llamado huachicoleo financiero, ese en el que participan negociantes norteamericanos, lo mismo que personal de aduanas de los Estados Unidos y México, en los manejos de millones de litros o barriles de hidrocarburos, en que se falsean los datos de volúmenes y valor de los embarques, lo mismo por ferrocarril, que por carretera o embarcaciones. Para esto se requiere bastante menos personal, pero eso sí mucho más poderoso e influyente.
Huecos administrativos y policiacos, que de cerrarse sanarían las flacas finanzas de Pemex, tan flacas que perjudican los grandes números de la economía mexicana. Involucran, según comentarios, a personas sumamente poderosas, cercanas a los más altos mandos y personajes de la política, y los negocios de los dos países. Sin que se pueda excluir a los operadores de los omnipresentes carteles criminales.
El terminajo de sospechosismo, acuñado por un relevante político de hace algunos sexenios, sin que se le conozca de otra aportación a la cultura nacional, tiene sin embargo, mucho que aplicarse para este cochino negocio.

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