BAILE Y COCHINO… // Horacio Cárdenas Zardoni

Un viejo periodista, que seguramente ya está reporteando en los apretados infiernos, solía equiparar el oficio de reportero con el de las vedettes. A muchos de quienes le oían esto, les brillaba el ojo, ya ve usted la proclividad del gremio para incurrir en cualquiera y todos los vicios, con una intención estrictamente investigativa, por supuesto, pero en este caso la comparación era un poco más elaborada.
Decía este maestro, que el reportero es como las vedettes, que cuando está en el escenario, la concurrencia al tugurio le grita para que se quite la ropa, y con cada prenda que sale, se enardecen las expresiones, suben de tono los gritos y comentarios, obvio se consume más alcohol, y todos contentos, comenzando y terminando con la artista, que más admirada y adorada se siente.
Todo correcto hasta el momento en que hace su espectacular entrada la autoridad, el pelotón de policías, guardianes y garantes de la moralidad y el decoro, quienes pudiendo comprobar que todos los parroquianos estaban silenciosa y meditativamente observando el siempre interesante fondo de su vaso, sobre quién van siempre es sobre las vedettes, a quienes así, escasamente ataviadas, se trepan en la Julia para llevarlas a declarar a la delegación, también para entretenimiento de la concurrencia de esta.
Uno de reportero debería hacer, así fuera de vez en cuando un acto de contrición, reflexionar sobre esta parábola de la vedette.
La verdad de las cosas es que la chamba de reportero no es nada sencilla. Se requiere un poder de observación del entorno inmediato muy desarrollado, como para detectar en él temas de interés, que a todos les están pasando de noche, no solamente a la sociedad, sino también a los colegas, y aún así encontrar la perdida hebra de una madeja, y que además nadie se dé cuenta de lo que estamos haciendo, no sea que nos ganen la exclusiva, encima tiene uno que hacerle al enmascarado de plata, hasta el momento de dar el campanazo.
Por eso cuando, estando de lo más necesitado de un buen tema para desarrollar, llega alguien y le ofrece en bandeja de plata, de oro, o de plutonio, una nota explosiva, de inmediato caemos rendidos. A veces le llamamos olfato, para detectar un material de esos que consagran, pero a mí me da la impresión, de que alguien, o alguienes, nos tienen considerados y de hecho nos utilizan como piezas en un tablero de ajedrez.

Recordamos cuando alguien le filtró a Brozo unos videos editados en que aparecía René Bejarano recibiendo fajos de billetes de parte de Carlos Ahumada, cuyo rostro estaba difuminado, y no precisamente para proteger a los inocentes, lo que devino en un golpe seco contra cierto grupo de la izquierda. Brozo ya era Brozo, pero con ese aprovechamiento que hicieron de su persona y su espacio, se proyectó muchísimo más.
Ahora con la balconeada que el reportero de TV Azteca Irving Pineda le dio a Amílcar Olán, quien se sentía seguro en Suiza y con su cirugía plástica para no ser reconocido, también nos hace preguntarnos ¿ quién está detrás de esto?, digo ya parece que yo voy a llegar con mi editor y le pido viáticos para ir a corretear a Andy López Beltrán a Tokio, a Marcelo Ebrard a París, a Mario Delgado a Lisboa, a Olán a Lugano…Conseguir esas notas cuesta mucho dinero, y pueden redituar también bastante, pero nadie las da por seguras, y pocos medios de comunicación pueden darse el lujo de corretear notas que pueden salir falsas.
No hace mucho también estuvo el caso del cónclave de la Condesa, alguien le pasó a Héctor de Mauleón fotos y videos, con los que él construyó su nota, muy celebrada por cierto, pero la duda permanece ¿quién filtra, con qué intención? Tampoco vamos a decir que sea a cambio de algo, pero sí nos sospechamos que lo que gana el filtrador, muchísimo más, que los aplausos que se lleva la vedette, perdón, el reportero.
Cierto que hay muchos compañeros trabajando de firme, pero la información más jugosa, suele tener un origen más bien obscuro, y no muy limpio que digamos. Desde luego que no vamos a dejar ir notas importantes, por un prurito moralino, y más cuando no hay nada en el ambiente, pero seamos conscientes, nos están utilizando, y a la hora de las cuentas, es a nosotros a los que se carga la Julia…

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