Transporte público y desigualdad social, el precio de llegar a tiempo

Por: Maya Pamela Bonola Roldán

Una calle con varios vehículos, incluidos un autobús blanco y un taxi amarillo, rodeada de edificios y comercio.
Créditos: Massinformación.

6 a.m., Saltillo, Coahuila, zona sur, filas largas en una sola parada de autobús, bostezos, descontento entre desconocidos solo por un espacio, llanto de niños, regaños de padres, accidentes en el trayecto y, en los asientos de atrás, en el área del descenso, una persona con un libro, ligeramente mareada, con un espacio apenas suficiente para pasar de página, no es un “día especial”, no es un “mal día”, no lee por performance; es solo una persona viviendo un día común de seis más en la misma semana, mientras que maximiza el tiempo que los noventa minutos del trayecto le roban de vida.

Según la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental (ENCIG), el 73.4% de las personas entrevistadas declaró haber utilizado durante el año transporte público tipo autobús urbano, van, combi o microbús. Es importante tener en cuenta este dato, ya que una parte significativa de la población se ve afectada por las implicaciones que tiene el uso del transporte público, y siendo concretos, el verdadero problema no radica solo en la demora o calidad del transporte. El verdadero problema es que las cifras nos muestran que estamos aceptando que quienes tiene menos dinero también tengan que pagar por medio de las horas de vida no remuneradas, destinadas al traslado.

Teniendo en cuenta este panorama no es de extrañarse que las deficiencias en el transporte público se reflejen directamente en la salud social de las personas, resulta complicado seguir analizando esta problemática como un simple inconveniente cuando es el reflejo de un abandono a los usuarios recurrentes, que sumado a las condiciones sistemáticas como las largas jornadas laborales, la presión del tiempo, y las brechas salariales inimaginables que de manera directa contribuyen a la exclusión social (Lucas, 2012).

Diversos estudios enfocados en la geografía del transporte han encontrado que una persona con bajos ingresos  tiene más dificultades con el acceso a los modos de transportes motorizados (Hurni, 2006), el peligro en el descuido del sistema de transporte público desemboca en distintos problemas para la ciudad, primeramente, en el olvido de un sector vulnerable que hace uso del mismo sistema no por gusto ni por eficiencia, sino por necesidad, es necesario preguntarnos, ¿cuál es el costo realmente de ser pobre en una zona metropolitana con deficiencias en el traslado? Y no solo eso, cuestionarnos, con qué se paga este costo, porque la moneda de cambio más valiosa con la que la sociedad está pagando, es con horas de espera.

Ante este panorama, es necesario rescatar y reflexionar sobre las repercusiones existentes en la calidad de vida de los usuarios del transporte popular, y observar que la desigualdad no solo se mide en cuanto dinero gana una persona, sino también en cuanto tiempo pierde intentando llegar a donde tiene que estar, ya que en una ciudad donde las oportunidades no están distribuidas de manera uniforme, tampoco lo está la posibilidad de llegar hasta ellas.

Hurni, A. (2006). Transport and social disadvantage in Western Sydney: A partnership research project.

Lucas, K. (2012). Transport and social exclusion: Where are we now? URBAN TRANSPORT INITIATIVES, 20, 105-113. https://doi.org/10.1016/j.tranpol.2012.01.013

Deja una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Ofrecido por WordPress.com.

Subir ↑

Descubre más desde El Demócrata

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo