El poder de la movilización

BAILE Y COCHINO… // Horacio Cárdenas Zardoni

Grupo de personas reunidas bajo una carpa, algunas aplaudiendo y otras sosteniendo documentos. Una persona sonriente habla en el centro mientras los asistentes escuchan atentamente.

De esas cosas que solo los adictos a las redes sociales, o quienes antes vivíamos conectados a un servicio de noticias para ir seleccionando las notas con que armar la edición de un periódico para el día siguiente, nos dimos cuenta temprano el martes de la semana pasada, de la movilización que estaban haciendo estudiantes del tecnológico Nacional de México sucursal Saltillo, echando mano del que es quizá más poderoso recurso disponible en la capital del estado de Coahuila, cerrar el bulevar Venustiano Carranza en sus dos cuerpos, de Norte a Sur y de Sur a Norte.

Lo primero era, desde luego, la Confirmación del hecho, que se logró minutos, y luego pasar a la parte sustancial que es averiguar qué es lo que había motivado para los alumnos a abandonar las aulas y plantarse en la principal avenida de Saltillo, a sabiendas, porque es imposible que no lo sepan, el desquiciamiento de tráfico que estarían propiciando, y es allí donde usted tendrá que perdonarnos el colonialismo, pero nos parece el más explicativo que pudiéramos encontrar: fue allí donde la puerca torció el rabo.

Comenzamos a ver notas de los compañeros reporteros que estaban en el sitio, y unos primero, y otros después, daban cuenta del hecho, pero fallaban en dar a conocer las motivaciones, al repetirse este fenómeno en las distintas publicaciones y reportes en vivo, nos entró una sospecha que en principio nos pareció increíble: estos chavos no sabían por qué se estaban manifestando.

Luego vinieron las correspondientes actualizaciones, que eran básicamente la confirmación de que seguía obstruido el tráfico, de que la dirección de tránsito estaba desviando el flujo y hasta había emitido un boletín recomendando a los conductores desviarse por Isidro López, por Hidalgo o Abasolo, alternativas que ya se habrá, se congestionaron hasta la desesperación.

Las notas del día miércoles sobre el asunto daban cuenta de que habían ocurrido un par de reuniones entre los representantes del alumnado que protestaba, la dirección del plantel, y dada la importancia y las implicaciones, un representante del ayuntamiento de Saltillo y otro de la Secretaría de Gobierno de la administración estatal, y otra vez apareció lo increíble, que con ese candor que solo da la adolescencia cuando se siente empoderada, confesaron que hasta el día siguiente, ya el miércoles, darían a conocer el pliego petitorio.

Vista de un puente peatonal sobre una calle con vehículos, donde se observan múltiples carpas y personas, rodeado de áreas verdes y edificios.
Estudiantes del Tec traían pocas ganas de estar en clase, o ganas de echar desmadre.

Sí, durante la primera jornada circularon argumentos de lo más endebles, que si no habían rendido cuentas de los ingresos por la carrera celebrada un par de semanas antes, que si se había incluido o no el rubro de alimentos para los participantes… Otros hablaron de las malas condiciones de las instalaciones, otros más que los precios de la cafetería son demasiado elevados, aún todavía se sumaron las consabidas acusaciones de ac0so s3xual de profesores a alumnas, que el costo de la materia de inglés es demasiado elevado y se cobra por aparte y algunas otras por el estilo, todas ellas, no voy a decir que atendidas y resueltas a satisfacción en pláticas previas, pero sí ya planteadas y explicadas de lo que se podía y no podía.

Y de todos modos se manifestaron, esto nos llevó a pensar qué es lo que traía en los jóvenes era un exceso de adrenalina, o pocas ganas de estar en clase, o ganas de echar desmadre. Pero en lo que estaban fallos, y siguen estando, en visualizar el poder de su movimiento, y en esto no se diferencian mucho de todos los movimientos sociales que se han presentado en el mundo a lo largo de los siglos, que empiezan con una motivación de lo más superficial, y poco a poco, o de golpe agarran fuerza aglutinando causas, propias o ajenas, perdiendo hasta cierto punto de vista la motivación originaria, con lo que al rato, todo el asunto se sale de control, excediendo cualquier capacidad de comprensión y análisis, hasta que llegan los sociólogos, antropólogos, politólogos y psicólogos forenses a explicarnos qué fue lo que de verdad pasó.

A reserva de lo que se siga escribiendo y opinando sobre este asuntillo de la protesta de los muchachos del Tec, y usando con cuidado el lugar común que nos dice que hay que guardar las debidas proporciones, es importante recordar que el movimiento del 68 comenzó como un pleito de barras luego de un juego de fútbol americano entre los equipos de una vocacional del poli y una prepa de la UNAM, y terminó en shock postraumático de dos o tres generaciones que todavía se sienten afectadas.

Ojalá los movimientos sociales tuvieran un más noble origen, pero se hace lo que se puede. Lo que sí, no perdamos de vista que a lo mejor, en este movimientito sin pies ni cabeza aparentes, se pueda estar gestando una movilización social verdaderamente trascendente, digo, cualquier cosa podría ocurrir, cuando se brinca uno unas clases…

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