Complicidades en copiar lo bueno

Manifestantes levantan una mano pintada de rojo con el número 43 y el mensaje «10 años... y faltan», en una protesta multitudinaria.
Créditos: Gaceta UNAM.

TELEGRAMA // Héctor Barragán

Es frecuente en las noticias de norteamérica encontrarnos con la captura de algún delincuente importante, se detiene a presuntos implicados, acusándolos de conspiración, asociación delictuosa, complicidad y similares. Esto no ocurre en México, pudiendo ahorrarse tiempo y mucho dinero en investigaciones. De ser así necesario, habría que adaptar la legislación para beneficio e instruir a los participantes en los procesos, para captar ampliamente el trabajo y perfeccionarlo para acercarlo al fin último de la justicia.

En el caso vetusto de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa, se ha mencionado una serie, casi interminable, de funcionarios, municipales, militares, civiles que pudieran dar luz al caso hace varios años. Millones de pesos han sido erogados en balde.

Por lo regular se recomienda pocas veces la imitación, esto por una multitud de razones, entre ellas el orgullo, la autonomía, pero en materia judicial hay mucho que aprender.

Por ahí hay un artículo que prohíbe la aplicación de castigos por similitud, por donde se escapan varios delitos graves, como es el caso de evasión fiscal por la alteración de fracciones arancelarias, o mejor dicho, por la aplicación de las más benignas, evadiendo pagos multimillonarios.

Como este hay montones de ejemplos de cosas buenas que pudiéramos aprender, o será que no nos conviene aprenderlas.

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