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Nada frena la voracidad del alcalde de Saltillo

Autorizó incrementos al agua potable, duplicó el cobro del drenaje, aumentó tarifas de transporte, subió en 25% el impuesto predial, se apropió de terrenos y se adjudicó obras del gobierno de Coahuila

puente

El alcalde de Saltillo, Jericó Abramo Masso, clama a los cuatro vientos que su administración no dejará deudas a quien se convierta en su sucesor y se jacta de la deuda que dejó en Coahuila quien fuera su padrino político, el ex gobernador Humberto Moreira Valdés.

Pero lo que no dice el alcalde son las causas por las que no dejará endeudado al Ayuntamiento de Saltillo: simple y sencillamente porque su administración se ha distinguido por ser la más mediocre de la historia moderna de la capital del Estado y las obras de beneficio social brillan por su ausencia, los despidos injustificados de trabajadores se dieron a la orden del día, se saquearon los recursos de pensiones municipales y se cometieron graves y serios abusos, desvíos de recursos y pillerías de los principales funcionarios del municipio.

Así, pese al incremento de precios en los servicios que presta el Ayuntamiento y los impuestos que cobra, las calles de la ciudad están totalmente abandonadas, hay baches por todas partes, el alumbrado público funciona a medias, y la seguridad pública ha terminado en manos de un grupo de policías gorilezcos cuya ley es la macana y las balas en un hecho de intolerancia que perjudica, daña y aterrotiza a la ciudadanía.

El caos cunde en las calles de la ciudad, esa que cobra vida, pero solo para los ladrones y los groms que mantienen prácticamente secuestrada a esta ciudad que vive la inestabilidad y el terror.

Pero esto no es todo, a todos los daños que ha ocasionado a la economía de los saltillenses, como lo es el incremento del 25 por ciento en el cobro del impuesto predial, la duplicidad del pago por el uso del drenaje sanitario –que ahora resulta más caro que el servicio de agua, que además también incrementaron las tarifas–, el aumento en las tarifas del transporte público, bajo el engaño de que Saltillo contaría con camiones bien equipados, limpios, con clima, con espacios para minusválidos y mil linduras más, ahora también sorprende a los habitantes de la capital del estado, ya no solo el saqueo de las arcas cometido por la familia del alcalde y el alcalde mismo, sino por el robo de decenas de terrenos que han ido a engrosar el número de propiedades que tiene la familia feliz, que, desde hace poco, se dedica a la construcción de vivienda, en terrenos ajenos.

Así ocurrió con el predio El Violín. El Demócrata publicó la manera en que Jericó y su padre Dante Abramo se apoderaron de este inmueble que tiene un valor millonario y en el que pretendieron crear un fraccionamiento para la «clase alta» de Saltillo.

Nada más que no contaban con que se le iba a aparecer el dueño. Sin embargo, hasta ahora se han negado a hacer caso de la autoridad y a devolver a sus legítimos dueños este predio. Igual circunstancia ocurre con una decena de lotes «baldíos» que de pronto amanecieron con nuevos dueños: el alcalde y su padre.

¿OBRAS? ESTAS SON LAS OBRAS

Por lo que hace a las obras realizadas por el actual ayuntamiento de Saltillo, éstas no aparecen por ninguna parte aunque, seguramente, para darle salida a las decenas de millones de pesos, Jericó Abramo presentará documentos que demuestren lo contrario.

Las obras más importantes de Jericó han sido:

Cerrar bares y cantinas que no se plegaron a sus exigencias de dinero.

Reducir los horarios de venta de bebidas embriagantes, especialmente de cerveza, como medida de presión para que los Oxxo le proporcionaran dinero «para obras».

El cierre de yonkes, para evitar el robo de vehículos. Lo curioso es que apenas cerraron estos lugares, Saltillo recibió una ola de robos de automotores por el orden de entre diez y quince vehículos diarios.

Otra obra del alcalde es la calle cobra vida, en el centro de Saltillo se cierra a la circulación de vehículos y se permite el libre paso de los peatones.

Los domingos en familia, como si fuera Chabelo, es el cierre de la principal arteria de Saltillo para que la gente saque a pasear a sus mascotas.

Una más de sus «grandiosas» obras es la ciclovía, ideada y proyectada por el ex rector de la Universidad Autónoma de Coahuila, Alejandro Dávila, el único ciclista que tiene Saltillo durante todo el día. El presupuesto de esta obra fue inflado al máximo siendo la familia del alcalde la que resultó beneficiada con tan magna obra.

El cierre de talleres mecánicos que utilicen parte de las calles o banquetas para trabajar, el costo por reabrir estos negocios oscila entre los 50 y los cien mil pesos.

Las acciones recaudatorias de policía y tránsito municipales que esperan en lugares donde se realizan reuniones de jóvenes para que cuando salen llevárselos detenidos y lograr recursos por miles y miles de pesos que no tienen ingreso a las arcas municipales.

Y ahora, con el descaro y la desfachatez con que han realizado las cosas, preparan acciones contra los deudores de impuesto predial, sobre todo los que llevan más de dos años de no pagarlo, aunque la gente se pregunta ¿Para qué pagar impuestos si demandamos seguridad y lo que hacen es daños el terror de los groms que atacan a cuanto ciudadano se pone enfrente? Para qué pagar impuestos si las calles están llenas de baches? ¿Para qué pagar más impuestos si en cuatro años el alcalde Jericó Abramo no ha hecho mas obra que un miserable puente peatonal cuyo costo real no rebasa ni siquiera los setecientos mil pesos?

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