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Muestra Moreira mano dura para enderezar errores del alcalde de Saltillo

Discrepancia

Escribe: Eduardo Sarabia

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Después de que el gobernador Rubén Moreira Valdez decidió tomar el toro por los cuernos para obligar a los concesionarios del transporte urbano a cumplir los compromisos que asumieron para crear el Saltibús, y por lo pronto respaldó la reducción de tarifas a como estaban hasta hace unas semanas, es un hecho que la medida será vista con buenos ojos por parte de los usuarios, que tenían la queja constante de que se les cobraba más dinero por transportarse, pero con las mismas unidades y el mismo mal trato de los choferes a los usuarios.
Sin embargo, hay que analizar qué hay tras el incumplimiento de los acuerdos que nunca se han honrado por parte de los concesionarios.
Ya es costumbre que siempre que pedían aumento de tarifas hacían una serie de promesas de que iban a mejorar el transporte, a modernizar las unidades, a capacitar a los choferes, a entregar completa la feria, a evitar los abusos y a cubrir todas las rutas debidamente y a cumplir cabalmente con los horarios.
Esto nunca pasó y olímpicamente se burlaban de la autoridad y ocurría lo mismo en la siguiente ocasión y en el siguiente aumento, amparados en sus sindicatos y con la estrategia de siempre de hacer manifestaciones y presiones, se salían con la suya y recibían trato privilegiado en la Subsecretaría de Comunicaciones y Transportes, en donde se les daban laaargos plazos para cubrir tenencias federales y pagos de derechos de control vehicular y lo mismo sucedía con el refrendo de concesiones.
Puro apapacho y privilegio que los coahuilenses reprobaban cuando a regañadientes iban a pagar sus placas y tenencias, porque a ellos sí les caía todo el peso de la ley.
Además, luego de que entró en vigor el “Moderno Saltibús”, los accidentes siguieron adelante, hasta que ocurrió el que fue la gota que derramó el vaso, cuando un chofer de la Ruta 3 A corría a 100 kilómetros por hora en una colonia densamente poblada en donde mató al niño Bryan Sebastián Martínez Gaytán, de apenas 4 años de edad, arrastrándolo durante varios metros, ya que dejó una huella de frenado de casi 50 metros.
¿Tenía que morir el niño Bryan Sebastián para que las autoridades se percataran de que sigue pésimo el transporte urbano?
Ahora, por lo demás, el Saltibús, nació prácticamente muerto, porque se proyectó como se hacen ahora las cosas a chaleco o a producto de gallina como quiera, el alcalde Jericó Abramo Masso, antes de buscar el acuerdo con los concesionarios y los usuarios, para tomar la medida de modernizar el transporte, lo hizo sin tomar en cuenta ninguna consideración y eso generó, usted recordará, aquel llamado al diálogo que le hicieron todas las organizaciones de concesionarios, que se unieron, pero en contra del edil.
Recordará el amable lector que los tenía amenazados con quitarles las concesiones o con no renovarlas, pero nunca

materializó sus intentos de ser enérgico y por eso el Saltibús da un paso para adelante y otro para atrás y a ese ritmo, es seguro que se irá el alcalde Jericó sin lograr su propósito.
Ojalá que ya con la intervención del gobernador, los concesionarios se pongan las pilas y entren al redil, porque la ciudadanía bien que cumple con el pago del pasaje, porque sabe que si le falta un centavo la bajan del camión, pero los concesionarios no cumplen su parte.
Tampoco se trata de satanizarlos, porque finalmente son empresarios o mini empresarios que arriesgan su dinero en prestar un servicio y vemos con tristeza de que después de que hicieron el esfuerzo de comprar un camión nuevo, los vándalos los destrozan, graffitean y convierten en chatarra en menos que canta un gallo.
O que un chofer irresponsable, borracho o drogado va y mata a una persona o ensarta la unidad en cualquier parte, sin tener consideración del dueño que tendrá que reponerla y afrontar toda la broca que eso representa.
Lo importante aquí es que el gobernador ya mostró la mano dura con que se podría tratar al transporte urbano de aquí en adelante y esto puede generar el milagro del cumplimiento de los compromisos que firmaron los concesionarios.
Por otro lado el presidente Enrique Peña Nieto, viajó a China para promover a nuestro país como receptor de inversiones extranjeras y expuso las enormes ventajas que representa su mano de obra, su cercanía con Estados Unidos, sus paz laboral y se paz social, lo malo del caso es que esto sucedía cuando aquí le estaban haciendo cuentas de los más de 3 mil muertos que lleva en su administración como consecuencia de la lucha contra la delincuencia organizada, cuando se inauguraba el Memorial sin memoria, a las Víctimas, en el Campo Marte, y que ha sido criticado por muchas organizaciones defensoras de los derechos humanos, justamente porque no tiene los nombres de las casi 70 mil personas muertas en esta guerra y también debido a que se instaló en una zona militar, que tiene su parte en lo que respecta a la muerte de ciudadanos inocentes, por aquello

del fuego cruzado.
Y mientras Peña Nieto hablaba de la paz y la tranquilidad que imperan en México, la autopista del Sol, México – Acapulco, estaba bloqueada por maestros de la Coordinadora Estatal del Magisterio, los cuales tuvieron que ser tendidos a golpes para desalojarlos.
Bueno, la lucha se le hace para atraer inversiones, pero hay que recordar que los Chinos tienen internet y periódicos y registran con sus ojos rasgados lo que está sucediendo en todo el mundo.
Y volviendo a Saltillo, al que se le están yendo las cabras, digo, los cadetes o policías es al alcalde Jericó Abramo Masso, quien después de ver las graduaciones de nuevo personal para las corporaciones policíacas ahora ve con asombro como las abandonan por diversas razones, unos dicen que porque no les pagaron lo que les prometieron, otros porque había malos tratos y unos más, porque alcanzaron a ver lo que sucede en la cárcel clandestina que tienen en el ex hotel La Torre, en donde la ONU podría darse una vuelta con su alto comisionado para los derechos humanos y se daría una sorpresa bastante desagradable.
Además ser policía es un trabajo muy pesado, por un lado debes pasar un examen de confianza extremadamente riguroso, además quedas expuesto a que en cualquier momento te corran por cualquier error que cometiste en el ejercicio de tus funciones, o que te procesen por excederte en tus actos contra la delincuencia o resultar muerto en cualquier balacera.
Entonces no hay para donde hacerse y si lo que los jóvenes que ingresaron a la academia de policía buscaban un empleo bien remunerado, tranquilo y que les permitiera servir a la gente, pues no encontraron las condiciones que esperaban y como cualquier persona tienen derecho a corregir su camino.
Lo malo del caso, es que se está capacitando a mucha gente en el uso de las armas, en las tácticas policiales y en el uso de sistemas de comunicación y ojalá que eso no se convierta después en un dolor de cabeza, o para decirlo de manera más clara, ojalá y no se vayan a la delincuencia organizada, porque resultaría que con nuestros impuestos les estamos capacitando gente.
¡Mira nomás que bonito y yo pagando impuestos los primeros días del año!
Aquí habrá que poner más atención en los procesos de capacitación porque es evidente que dejan entrar a cualquiera a tomar el curso de policía sin saber si se quedará en la corporación, tal vez habría que hacerlos firmar un contrato en el que se obligan a trabajar cuando menos un tiempo, o si no que devuelvan el costo de su entrenamiento y capacitación, como ocurre en otras carreras.
Lo malo es que ya de por sí es difícil reclutar gente que quiera ser policía, con esa exigencia, a lo mejor el problema sería mayúsculo.
Importar gente de otros lados o de otras corporaciones, incluso militares ya demostró que no es ni tan buena idea.

 

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