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Los años de 13 meses de la industria farmacéutica

farmacos-tratamientosPepe Ortiga, un ciudadano común cuyo nombre podrá no decirle nada, envió una carta a mi correo electrónico en la que manifiesta su tristeza, desconcierto y coraje porque el Gobierno de México permite que se hagan hilachos de todo cuanto se pueda en perjuicio del grueso de la población.
El señor Ortiga hace un preámbulo en el que narra su pasar y pesar como consecuencia de una enfermedad que lo ha llevado a convertirse en esclavo de un puñado de medicamentos. No sabe si estas pastillas y cápsulas habrán de salvarle la vida pero siempre ha mantenido su confianza en los médicos que lo atienden desde hace muchos años y que son los que han sugerido su consumo.
Pero su molestia no viene por el lado de ser un enfermo permanente, ya se acostumbró a vivir con la enfermedad, asegura, sino al abuso que cometen las industrias farmacéuticas, –nacional y extranjera–, con sus millones de obligados consumidores, amparados en la cobija corrupta de la Secretaría de Salud que a cambio de un porcentaje de sus ganancias ha permitido hasta que conviertan el año de 12 meses en uno de ¡13 meses!
Sinceramente, me sorprendieron estas líneas escritas por Pepe Ortiga. Primero me pareció una locura el problema que aborda y su año de 13 meses. Pero más adelante explica en qué consiste ese agregado al año que, después de diciembre, podría bautizarse como corrupción, ladronaje, ratería, abuso o cualquier otro sinónimo que se refiera al hecho de permitir que los enfermos sean objetos de crueles acciones comerciales que han llevado a un buen montón de cristianos –y no cristianos– a la sepultura.
Aunque parezca increíble, es muy cierto, las industrias farmacéuticas han creado años de trece meses para incrementar sus pingües ganancias. Y lo han hecho de una manera tan sencilla que a la mayoría de la gente, sobre todo a la que no padece ninguna enfermedad, esta maniobra abusiva les ha pasado de noche.
Las cajitas de medicamentos que se recetan mensualmente ya no contienen 30 o 31 pastillas, como debiera ser porque los meses, a excepción de Febrero, tienen 30 o 31 días. No señor. Ahora tan solo contienen 28 pastillas o cápsulas, trátese del medicamento que se trate.
He aquí la molestia de nuestro amigo, paciente de por vida, consumidor de drogas permanente. Entre el montón de pastillas que debe consumir se pueden contar algunas que podrían considerarse más necesarias que otras para la atención de determinada enfermedad pero, en realidad, todas y cada una son tan necesarias para su organismo sobre todo porque ya está acostumbrado a ellas.
Por ejemplo, a diario tiene que consumir una Aspirina de la llamada Protec y lo hace, no porque sea hipocondriaco, sino porque el médico, su médico, le dijo que esa minúscula pastilla servía para evitar que, debido a sus años, que ya son muchos –casi alcanza los 70– su corazón fuera víctima de un infarto. De esta forma, Pepe Ortiga se ve obligado a comprar una caja de este medicamento cada 28 días. En ese lapso de tiempo, por el consumo de Aspirina Protec debe gastar entre 50 y 70 pesos. Así, al llegar el mes de diciembre nuestro quejoso amigo ya no tiene más que dos pastillas para evitar que en épocas decembrinas su corazón se detenga o sea golpeado arteramente por un coágulo sanguíneo.
Asi que se ve obligado a comprar una caja más de Aspirinas con lo que, como consecuencia de la reducción del medicamento, termina comprando 13 cajitas al año.
Dirá usted ¿y qué tanto es una caja más o una caja menos de cualquier medicamento que consuma en forma permanente?
Sencillo. El abuso, el pillaje, el engaño, es tal que se convierte en una intensa danza de cientos de millones de pesos que van a parar a los bolsillos de las farmacéuticas y a los de uno que otro vivales del gobierno que son los que, al fin de cuentas, aprueban el contenido y presentación de los medicamentos, y no tratamos el tema de la calidad, porque nunca acabaríamos de hablar de los productos genéricos.
Son muchos, muchos millones de pesos que se esquilman a los enfermos tan solo con eliminar dos pastillitas a la caja que debía contener 30 dosis.
Dirán que es exagerado Pepe Ortiga y que yo lo soy más al ocupar este espacio para comentar sus desventuras y corajes. Sin embargo no es así. Basta preguntarse ¿sabe cuántas personas, tan solo en México, consumen Aspirinas diariamente?
Unos las toman para evitar el infarto, otros para que no se formen coágulos, los más para quitar el dolor de cabeza, la migraña, o cualquier otro dolorcillo al que se enfrenta el organismo de cualquier humano.
Si tan solo en este país, paraíso de pillos, un millón de personas –por poner un ejemplo pobre– consumen este medicamento y reciben su cajita con 28 pastillas, están permitiendo que las farmacéuticas hagan de las suyas al contar con un «excedente» de dos pastillas por caja, si venden un millón de cajas mensuales, tendrán dos millones de pastillas libres de polvo y paja.
Dos millones de pastillas que, repartidas en cajas de 28, harán, si mis matemáticas picapiedrezcas no me engañan, alrededor de ¡35,714! nuevas cajitas, lo que convertido en pesos arrojarían una ganancia de 1,785,70. Si, leyó usted bien, Un millón setecientos ochenta y cinco mil pesos mensuales son una ganancia neta tan solo por el concepto del robo de dos aspirinas a cada caja, y esto contando con que es uno de los medicamentos más económicos que existen en el mercado y, considerando que su valor sea el de 50 pesos y no el de 70, como aparece en el mercado. Y así puede usted hacer cuentas de todos y cada uno de los productos farmacéuticos que se ofertan.
El paciente -por enfermo y por tener paciencia-consumidor, paga dos veces por 24 pastillas en los años de trece meses que han inventado las farmacéuticas y el gobierno de México.
Así, hay razón para el malestar, la ira, el coraje, del amigo Pepe Ortiga quien tiene que pagar medicamentos de dos mil pesos mensuales. Imagine usted si un millón de personas, en México, consumen ese medicamento, aquí hay un gran «ahorro» de la industria farmacéutica que roba dos pastillas o cápsulas a cada cajita de medicamento. Y en esta danza de millones que paga el pueblo solo hay unos cuantos invitado a la mesa.

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