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Justicia restaurativa o justicia a secas

javierLa actual administración estatal no se ha caracterizado precisamente por sus grandes realizaciones, tampoco por su audacia y ni siquiera por ofrecer resultados a los asuntos más espinosos que le ha tocado enfrentar, aquellos que seguramente le representarían beneplácito y hasta aplauso de una sociedad que como nunca antes, se siente huérfana y abandonada de su gobierno.
Sabemos lo odioso de las comparaciones, pero a nadie le quedará duda de que la actual es una administración significativamente gris, por comparación con la folclórica, guapachosa, populachera, del profesor Humberto Moreira, porque de la inmediatamente precedente, el interinato de Jorge Torres no hay nada que decir ni rememorar, todavía más descolorida que la actual.
No hablaremos de lo ya dicho mil veces de la falta de obra pública, y de que todo lo que quieren reformarle al estado es aquello que está en papel, y sí, como nunca antes le habían dado una revolcada a las leyes de esto, de aquello y lo de más allá, pero una cosa es, como siempre, lo que queda plasmado en el papel y otra muy diferente que esas leyes estén teniendo un impacto razonablemente importante en la población, con el agravante de que al menos para el efecto de las relaciones públicas, ni siquiera alcance la categoría de aire caliente.
En las semanas anteriores volvió a tomar vuelo el asunto del mega fraude a las finanzas estatales perpetrado el sexenio pasado, y al que eufemísti-camente llaman megadeuda. Para no variar, el nuevo auge no provino de las instancias de administración y procu-ración de justicia estatales o nacionales, sino del otro lado de la frontera, habiéndose ya hecho costumbre que cualquier ayudante del sheriff de cualquier condado de Texas pueda poner a temblar todo el montaje del gobierno del estado para tratar de ocultar lo inocultable, un desfalco por el que nadie está purgando pena y por el que ni siquiera hay gente sujeta a proceso.
Que si el fulano este, Javier Villarreal, preso en El Paso y muy probablemente negociando con las autoridades norteamericanas soltar la sopa de los peces gordos autores del desfalco a cambio de una pena mínima o del mismísimo perdón, ahora salen con que tenía vínculos con unas empresas mineras que tenían nexos con cárteles del crimen organizado… si eso era ampliamente sabido en toda la Región Carbonífera, si lo que era de llamar la atención es la poca información oficial que se manejó al respecto. Lo que estaba ocurriendo, o quizá hasta siga ocurriendo, es comparable con lo que estaban haciendo primero la Familia Michoacana y luego los Caballeritos Templarios con el hierro, si lo que nos daría miedo es que hubiera alcanzado la proporción a que llegó allá, en que más o menos la tercera parte de todo el mineral era controlado por el crimen organizado en complicidad con unos compradores chinos que «copelaban para que no les dielan cuello».
Si la procuraduría de justicia hubiera estado dispuesta a hacer su trabajo, en vez de a seguir las órdenes estrictas que les dieron, Javier Villarreal jamás se hubiera fugado del estado desde el primer lunes que tuvo que acudir a firmar al penal, y esto porque de veras que hicieron hasta lo imposible por emborucar el proceso para que no hubiera nada que probarle antes. Se les fue y como si nada. El dinero que presumiblemente se llevó este cuate, que tampoco nos hagamos, era un peón de angora y los que se llevaron la feria no hay quien los toque más que con la pedrada de una encuesta que dice que son los más corruptos de todo México, y se hacen las ofendidas.
Que se lo hayan llevado, vale, la corrupción estaba a todo lo que da, ¿pero que no se haga nada para recuperarlo?, es de escándalo no solo lo que ocurrió en el Congreso del Estado cuando reconocieron todo el desfalco como deuda pública, automáticamente quitándole lo ilegal para hacerlo legal, eso y lavado de dinero es lo mismo, salvo que aquí ni dinero había. Pero lo peor es que cuando a Jesús Ochoa era secretario de finanzas, y Armando Luna que sigue como secretario de gobierno les preguntaron sobre el dinero que había congelado en cuentas de Texas, sustraído presuntamente de las arcas estatales, con cara de piedra dijeron que no era de acá, que acá no se había perdido nada, ¿o sea que pudiendo recuperarlo?, desperdician la oportunidad, aunque es obvio, pues sería como aceptar que por ese gotero se fue un río de billetes que sigue sin aparecer por ningún sitio.
Es el mismo estilito que se ha hecho característico de la procuraduría de justicia durante el sexenio del segundo de los Moreira, cobarde y timorato ¿o que le parece la intención declarada desde hace meses, y recién reiterada por el procurador Ramos Gloria de querer interrogar a tres detenidos allá en Estados Unidos sobre la masacre de Allende?, ¿alguien creerá que estos cuates que pescó la policía eran los capos, jefes de plaza que ordenaron arrasar con gente y casas?, por supuesto que no, tres tristes gatos que habrán apretado el gatillo de un bando o del otro, si acaso, pero que ellos sepan todo lo que hay que saber, lo dudamos. ¿Por qué no se ha interrogado a los comandantes que había de la policía ministerial, de seguridad pública del Estado, porque no se ha llamado al entonces alcalde, regidores, agente del MP, a todo el mundo que pudiera saber algo de lo que pasó, cómo y por qué pasó?, no se van por la cómoda de pedir a Relaciones Exteriores o a la PGR que tramiten poder hacerles unas preguntitas a unos cuates que ni fu ni fa.
Todavía nos acordamos del desprecio que le hizo la PGR a Homero cuando dijo que quería interrogar al Z-40, 41 o 42, sobre el asesinato del hijo del exgobernador Moreira, lo mandaron olímpicamente por un tubo, y no era para menos, otra vez la cómoda, que otros los agarren, y llego yo con mi listita de preguntas para que me las conteste, así no funcionan las cosas.
Si se queja de que no hay obra pública, que los servicios están del asco, que los impuestos no bajan, de lo que deberíamos ocuparnos todos es de que en Coahuila no hay justicia. No solo los casos importantes, esos que harían que el gobierno se congraciara con su pueblo, sino aquellos de medio pelo, lo que quieren los coahuilenses es que alguien pague por lo que hace mal, mientras la procu no es ni para dar un manazo, mucho menos un regaño.

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