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Los ancestrales secretos de la moribunda diosa coahuilense

cienegas(PRIMERA DE TRES PARTES)
Refulgente, el Sol se anuncia lanzando sus primeros rayos del día sobre la extensa cuenca que, de esta manera empieza a recuperar los matices que la noche le arrebató.
Con el gélido amanecer invernal, aparecen a simple vista los primeros signos de vida en el cenagal, circundado, desde lejos, por majestuosas elevaciones montañosas.
Hoy, como en la Era de Hielo, hace 10 mil 500 años, cuando quedaron aquí plasmadas, en piedra, las huellas de pies humanos más antiguas del país, descubiertas en 1961, el hombre sigue interesado en este misterioso rincón del mundo.
La apariencia árida del terreno hace difícil pensar en que de verdad subsistan una amplia gama de especies animales y vegetales únicas en el mundo: cactus, nifies, peces luquinia y terrafine de Coahuila, coacoo microscópico, lugo I, tortuga de bisagra.
También coexisten el venado, oso, coyote, gato montés, zorra, tlacuache, liebre, conejo, jabalí, comadreja, tejón, reptiles y arácnidos.
A más de ello, se tiene detectada la presencia de 152 especies de aves residentes, residentes de invierno, de verano y transitorias. No obstante, la cuenca es zona de veda en el calendario cinegético.
Inmersa en el Desierto de Chihuahua, esta franja se ubica en la Región Centro de Coahuila, a 83 kilómetros al poniente de la ciudad de Monclova, por la carretera federal 30, que conduce a San Pedro de las Colonias.
Más exactamente, el valle de Cuatrociénegas, en condiciones todavía de narrar en lenguaje científico el origen de la vida en el planeta, se sitúa entre las coordenadas 26° 45° 00° y 27° 00° 00° latitud norte; 101° 48° 49° y 102° 17° 53° longitud oeste.
El fascinante collado, flanqueado por las sierras de origen sedimentario marino La Madera y La Fragua, de la era mesozoica es, efectivamente, «la diosa que guarda los secretos de la Tierra», como le denominara Homero Aridjis, poeta y ambientalista del Grupo de los Cien, al contemplar extasiado el turquesa destellante de la Poza Azul.
Esta cristalina charca es un afloramiento de agua fósil; se le considera la más representativa y bella de las aproximadamente 300 pozas que salpican el escenario de 84 mil 347 hectáreas, emplazadas a 740 metros sobre el nivel del mar.
El valor de la llanura, develada por la comunidad científica extranjera en los años treintas, reside precisamente en el endemismo de su flora y fauna.
A nivel internacional, está clasificado como un sitio «RAMSAR», es decir, como un humedal prioritario en el mundo. En tanto, la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad lo incluye entre los sitios preferenciales para la conservación, a pesar de que está habitado por 11 comunidades ejidales.
También, dentro de la regionalización de Eco-regiones Prioritarias para la Conservación, elaboradas por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), este cenagal de origen endorreico está considerado como un sitio importante dentro de la eco-región Desierto Chihuahuense.
Conteniendo una gran cantidad de especies únicas en el mundo, en mayor medida de peces e invertebrados, los más de 700 manantiales, pozas, lagunas y arroyos, conforman un fantástico «acuario en el desierto mexicano», según lo bautizó George Grall, investigador de la revista National Geographic.
Parte de esta diversidad natural está conformada igualmente por afloramientos de yeso, conocidos localmente como «arenales», que en algunas partes se presentan como campos de dunas (cuyo aprovechamiento se canceló en 1996), las segundas en extensión en América. Ahí se localizan algunas especies gypsófilas endémicas del sitio.
Igualmente, hay áreas con suelos extremadamente salinos que en algunas partes están cubiertos por matorral o pastizal y otros sin vegetación aparente.
LUGAR ÚNICO EN EL MUNDO
Atraída por la trascendencia del complejo ecosistema, la agencia aeroespacial estadounidense NASA habría de invertir por cinco años algo así como 35 millones de dólares en un proyecto que comprendía la promoción del cenagal.
En dicha campaña se equiparó al valle de Cuatrociénegas con la región de Yellowstone (EU), por tratarse de dos puntos cuyas características naturales refieren, en total, 4 mil millones de años de historia del planeta.
Los escasos nutrientes libres, como el fósforo y el nitrógeno, que contiene el agua fosilizada de las ciénagas, incluida su red hidrológica, recuerdo de aquél océano, impide el desarrollo de algas, por lo que las bacterias se convierten en base alimenticia, tal como sucedía en los ecosistemas existentes hace miles de millones de años.
Los naturalistas se han atrevido a comprar este maravilloso sistema, herencia del primigenio Mar de Tetis, con las islas Galápagos, visitadas por Charles Darwin, en su intento por explicar el origen y evolución de las especies.
El desafío, entonces, consiste en mantener con vida a «la diosa» y su valiosa información, mantenida en «secreto» desde hace más de 3 mil 500 millones de años, sobreviviendo de paso a la última glaciación.
En los últimos tres lustros, principalmente, el humedal ha sido víctima de una severa devastación, a pesar de que en 1994 fue declarado oficialmente Área de Protección de Flora y Fauna por la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas…
Continúa en segunda de tres partes:
«Ecocidio a Tambor Batiente».

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