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Delincuencia y declaracionitis de Luna Canales

restaurante¿Seguridad pública? ¡Por favor! Cuando veo las cifras que proporcionó el INEGI, y que pomposamente aplaudió y gritó a los cuatro vientos el secretario general de gobierno, Armando Luna Canales, no queda mas que causar sorpresa. Sobre todo cuando en las calles de las principales ciudades de Coahuila se puede observar que la delincuencia sigue sentando sus reales.
Si bien hay que reconocer que los grupos de narcotraficantes han evitado los enfrentamientos callejeros, la violencia desmedida, el asesinato y las ejecuciones, también es cierto que los secuestros, los asaltos a mano armada, los robos domiciliarios con lujo de violencia, los cristalazos y decenas de delitos más siguen apareciendo a cada momento en las poblaciones más grandes del estado, como lo son Torreón, Saltillo, Monclova, Acuña y Ramos Arizpe, éste último municipio quizá el más chico de todos pero en el que, gracias al alcalde Ricardo Aguirre Gutiérrez, parece el más grande si se comparan los hechos delictivos que a diario se presentan.
No hay día en que no suceda un hecho violento. Basta con ver las denuncias que se presentan en las agencias de ministerios públicos diseminadas a lo largo y ancho del territorio coahuilense, aunque a esas cifras debe agregarse un cincuenta por ciento, porque de acuerdo al propio Luna Canales es tanta la confianza ciudadana en las autoridades que ahora se denuncian la mitad de las actividades ilegales que se desarrollan en nuestro territorio.
Hay veces que es mejor callar que, en aras de permanecer en el pedestal de las posibilidades, hablar de cuanto venga en gana, aun sin tener conocimiento de los hechos o de plano sabiendo que lo que se dice raya en la mentira y en la ignorancia.
Nada más para abrir boca, el funcionario, segundo por su importancia en el esquema de gobierno, –que no en la actividad real donde ese lugar lo ocupa el actual líder estatal del PRI y aspirante a diputado federal David Aguillón Rosales–, asegura que la delincuencia ha disminuido porque en el estado, con las nuevas leyes, se respetan más los derechos humanos.
No sé, a ciencia cierta, que tiene que ver que bajen los índices delictivos con el hecho de que se Coahuila cuente con nuevas leyes que permiten proteger los derechos de cada ciudadano. Esto porque no es el caso que defiendan los derechos sino que defiendan la integridad y el patrimonio de todos y cada uno. En otras palabras, estas afirmaciones son una total aberración y una falla en la conexión entre el cerebro y la lengua.
Además, eso de que disminuyeron los índices de delincuencia e inseguridad es un cuento chino que nadie cree.
En Saltillo no hay día en que los pillos estén presentes. Lo mismo se introducen a restaurantes y centros comerciales, maniatan a comensales y clientes, les arrebatan sus pertenencias y se van, cómodamente, sin que nadie haga algo por detenerlos.
En las afueras de los bancos, los delincuentes esperan, pacientes, a que algún ciudadano tenga la ocurrencia de retirar una buena cantidad de dinero. Lo esperan en el estacionamiento y cuando lo tienen cerca lo golpean y arrebatan los recursos que acaba de retirar, lo que hace sospechar hasta de algunas personas que laboran en los propios bancos.
Y los cristalazos. No señor, esos se dan a cada momento vaya usted a bordo de su auto o lo deje estacionado. Nada más como ejemplo, unos norteamericanos que pensaban invertir en Coahuila, venir e instalarse con una empresa de autopartes, llegaron a comer a La Vaca Argentina –que, dicho sea de paso, tendrán mala vigilancia pero tienen un menú y calidad de comida excelente– y cuando salieron, ¡oh sorpresa! sus pertenencias habían desaparecido del interior de su vehículo. ¿Creen que regresarán a invertir?
Y el alcalde Isidro López habla de seguridad. Y el secretario de gobierno lo secunda. Y los dos creen sus propios sueños de opio en donde el crimen organizado, la delincuencia vulgar, los criminales sofisticados y los que no lo son tanto, sólo existen en los cuentos de un mal escritor policiaco.
De Saltillo, brincamos a Ramos Arizpe. Qué pobre trabajo el del alcalde Ricardo Aguirre, un politiquillo forjado en la era de las traiciones y de la ingratitud, un empanizado priísta que sueña con ser el próximo gobernador de Coahuila y grita a los cuatro vientos que su «padrino» Rubén Moreira ya le dijo que sí en su lucha política. Pero, qué lamentable que en la búsqueda de esas aspiraciones, que son legítimas, ni negarlo, se haya olvidado de los ciudadanos y de las calles de Ramos Arizpe.
La delincuencia sentó sus bases en las calles de esa industriosa ciudad y es tal el descaro con el que realizan sus actividades ilegales que hasta nos llevan a pensar que las propias autoridades son las que «pastorean» a los pillos a fin de conseguir allegarse más dinero a sus bolsillos. De otra forma no hay explicación posible que sirva para decir que se está controlando este problema social. Ni las cifras del INEGI ni las declaraciones torpes del secretario de gobierno, sirven para nada.
Nada detiene a los pillos, socios del alcalde Ricardo Aguirre. Al menos eso parece.
Y Torreón no canta mal las rancheras. Ahí, mientras el alcalde Miguel Riquelme se pasea, como damo de compañía, por Asia y escucha el canto de los sirenas en el sentido de que será él quien goce de las simpatías del gobernador en la búsqueda de la gubernatura, deja que otros decidan y manden, desorganicen y lleven a la ciudad por el camino del caos donde los delincuentes hacen y deshacen a su gusto.
No es secreto. Delitos del fuero común son el pan de cada día. Y a ello deben agregarse decenas de secuestros que se siguen dando sin que nadie pueda controlar y menos disminuir está actividad que tanto lesiona a los laguneros.
Y así, se puede hablar de todas las principales regiones del estado, donde, tal parece, la delincuencia se enseñorea mientras el Secretario de Gobierno aplaude las cantarinas cifras del INEGI.

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