Una Campaña Fallida

El actual sexenio estatal comenzó tan mal, que no fueron pocos los que pensaron que más que una intención de cuidarle las espaldas al gobernador anterior, el actual mandatario coahuilense estaba cometiendo un suicidio, no necesariamente en lo político, pero sí en lo económico. El anterior período sexenal, que amulaba lo que se decía del gobierno de Rogelio Montemayor, de la pobreza no va conmigo, se llevó a extremos inconcebibles de irreflexivo gasto, literalmente dilapidación del dinero público, y dijéramos que solo fue eso, en la práctica se tiraron cantidades inmensas de recursos que no había en caja, que se pidieron prestados, sin ninguna intención de pagarlos.
En esas condiciones que muchísima gente sospechaba, pocos sabían a ciencia cierta, pero de las que todo el mundo hablaba, la estrategia publicitaria del nuevo régimen se caracterizó por una campaña de medios igual, equivalente al suicidio, o al menos así de desconcertante. En ningún instante se pretendió explicar qué es lo que había pasado, como ocurrieron las cosas, quienes fueron los responsables directos y los cómplices, vamos que ni siquiera el tamaño del problema. Tapando e sol con un dedo, se barajaron campañas entre irrespetuosas y francamente burlonas como aquellas de que “aquí se sonríe”, como si alguien tuviera la más mínima razón para sonreír, si los únicos que podrían hacerlo andaban a salto de mata, también aquella otra de que aquí en Coahuila se vive bien, en una época en la que la obra pública se detuvo casi a cero, arrastrando la actividad económica en el sector de la construcción, de la prestación de servicio y otros tantos, en que se corrió de su empleo a cientos de burócratas y a otros más se les partió el sueldo a la mitad, en que durante años se dejó de cubrir los compromisos económicos contraídos, llevándose entre las patas a decenas de empresas y a quienes trabajan o trabajaban en ellas, ¿a quien se le ocurre decir que aquí se vive bien?, y así por el estilo. Ya pasada la campaña electoral, sonaban a la más macabra de las amenazas aquello de More, More, More, más Moreira, y más mejor, con lo que hasta del lenguaje hacían escarnio.
De alguna forma funcionó la estrategia, en vez de tratar de engañar lo que todo el mundo sabía con estrategias mercadológicas de cierta finura que hubiera costado desempatrañar, no, se tiraron a fondo con campañas desagradables y chocantes desde el primer momento, que sí, lograban de manera casi inmediata despertar el odio en la población… pero eso era precisamente lo que buscaban, que sirviera como válvula de escape.
Hoy nos dicen que Coahuila es grande… Grande como aquel narcotraficante avecindado en Torreón, con lo que siguen en la misma tesitura de picarle la cresta a la gente, y mire lo que son las cosas, la población en vez de querer cobrarle las cuentas en las urnas, se mostró asqueado de la política, lo que trajo como resultado que el PRI se llevara de calle todos los escaños en el congreso local, increíble, a menos que le busquemos la explicación en el hartazgo. Y así vamos.
Cambiando de mira, pero hablando de lo mismo, al alcalde de Saltillo Isidro López Villarreal lo han traído de un ala desde que tomó posesión del cargo el primer día de este año. Duro le han tupido, golpe tras golpe a la novatez, a la incompetencia, a la corrupción, a todo lo que es cierto… y a lo que no lo es. Pocos fueron los días en que Isidro salió de su casa sin encontrarse una ciudad enterada del último desaguisado perpetrado por su familia, por sus colaboradores o por él mismo, que para eso, no necesita ayuda.
Se dijo y se denunció que aquello era una campaña auspiciada desde el Partido Revolucionario Institucional o desde el Gobierno del Estado, hasta demandas penales pusieron, que hasta el momento han quedado en nada, y así hubiéramos seguido, de no ser porque alguien le llegó al presidente municipal con una idea que le ha de haber seducido, la de responder fuego con fuego, y desde antes. Durante dos o tres semanas, o tal vez más, en los diarios locales comenzaron a aparecer insertos firmados por nadie, en los que se preguntaba, palabras más, palabras menos, ¿cual es la responsabilidad del alcalde?, ¿quien decide en que se gastan los impuestos?, ¿cual es el compromiso financiero del alcalde?, y otras por el estilo. Al rato la campaña se llevó a espectaculares colocados estratégicamente en la ciudad, y hasta en los parabuses, en el radio se repetían los mismos mensajes acompañados de una estridente música con pretensiones de rockandroll, en la televisión no se si pasaron, porque de plano a esa cosa no nos acercamos, pero podemos presumir que sí, también.
La campañita se diseñó indudablemente por profesionales, para empezar eligieron como fondo, el color naranja, muy parecido al color del periódico Vanguardia, allí tiene a más de uno comparando si el tono de las preguntas y el de la campaña de promoción de la lectura, por lo demás muy loable, y el cabezal del Vanguardia eran del mismo, hasta eso quisieron meter la sospecha de que por allí iba la cosa.
Por supuesto los insertos no llevaban firma, ninguna responsiva, y utilizaba el fuego que habían estado utilizando sus enemigos contra Isidro. Otra vez, más de uno pensó que lo que fuera que fueran a decir, iba a ser algo gordo, seguro más que las transas del yerno, de las raterías del tesorero, del tráfico de influencias de Carlos Orta, excusamos decir que así como unos sintieron lástima de lo que le iba a pasar al alcalde, a otros les brilló el ojo.
Todo para que al final se revelara con que era una campaña de la presidencia municipal para decir que somos los saltillenses los que decidimos en qué se gastan los impuestos… seguro ha de ser el 5% aquel de la boletita que llenamos cuando fuimos a pagar el predial, ¿el resto, el otro 95?, ah ese es para traer a las Inés Saenz, a ese dechado de moralidad Pedro Ferriz de Con para hablarles bonito a sus empleados, para poner topes que ni el alcalde sabe cuanto cuesta hacerlos, cuanto quitarlos, cuanto volver a ponerlos, para el pago de asesores, para todo lo que se ha ventilado y otras cosas que permanecen soterradas.
Ahora resulta que atacándose a sí mismo, y respondiendo con simplezas como la de que somos los saltillenses los que decidimos, o de que la obra pública es de 660 millones (¿comparado con qué?, ¿con el presupuesto, con otros municipios, con qué?), y de que lo que importa es mantener por sobre todas las cosas la certificación crediticia de la capital, como si eso no se lograra con el simple contrato y pago de las certificadoras…
En la alcaldía han de estar felices con los logros de su campaña de medios… por una vez lograron engatusar a la oposición y al pueblo, ¿pero por cuanto tiempo?, ya nos dimos cuenta que a Isidro le duele la mala prensa, al grado de querer curarse por todos los medios, sin importar lo que cueste, sus enemigos seguro también ya tomaron nota. Lo peor que nos puede pasar a los saltillenses es que a Isidro le haya gustado el juego mediático, y que por lo que resta de su administración nos esté recetando campaña tras campaña, entrando de lleno en competencia con el gobierno estatal, ¿como se irá a llamar el bacheador y su carnal el chapopote en su versión municipal, o el “pavimentor” que ni siquiera alcanzó a llamarse pavimentador como ordenan las sagradas escrituras? en estrategias a cual más de imaginativas, según ellos, pero incapaces de ocultar una y otra verdad, la que es de su respectiva responsabilidad. Por nosotros que hagan de su vida un rehilete, circo, maroma y lo que sobre, ¿pero porque tenemos que pagar espectáculos tan costosos y más deleznables?, que como dicen los clásicos, que se vayan a dar de guantadas a la fuente de la plaza de armas en gelatina de fresa, seguro es más barato.

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