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Miguel Fernández, el Becerro de Oro

beisbolPara los aficionados del sur de Veracruz, región beisbolera por excelencia no ha habido, no hay ni habrá otro jugador más grande que el nativo de Choapas, Miguel Fernández Ramón, el famoso «Becerril Fernández».
Para una entidad que ha sido cuna de magníficos peloteros de la talla de Beto Ávila, Delfín Laniza, Fernando Barradas, Huevito Álvarez, Molinero Montes de Oca, Vinicio García, Pepe Bache, y otros muchos estrellas que han brillado intensamente en los diamantes mexicanos y del extranjero, uno de sus hijos predilectos y gran orgullo, lo es sin duda alguna el fortachón jugador de las Choapas que, durante 14 temporadas en la Liga Mexicana mostró su grandeza y fue siempre un jugador que despertó las más controvertidas polémicas.
Desde su niñez, el Becerril Fernández tejió a su alrededor algunas historias, mucho de ellas reales y otras nacidas de la fantasía de sus admiradores, que le dieron fama de ser un jugador fuera de serie. En la región de las Choapas, todo aquel que platica de beisbol, saca a relucir las hazañas del hijo predilecto de esa pintoresca zona del sur de Veracruz y no pone en duda que si el «Becerro de Oro», como ellos llaman a Miguel Fernández, hubiera aceptado las ofertas de jugar en las ligas mayores de beisbol de Estados Unidos habría sido sin duda una estrella, como lo fue en la Liga Mexicana. El nació para triunfar en cualquier estadio donde se parara con una uniforme de pelotero.
Yo recuerdo una anécdota que escuché sobre los años de jugador infantil de este magnífico jugador que debutó en la Liga Mexicana en 1956 con el equipo Tigres de la ciudad de México. La historia pinta de cuerpo entero a quien durante casi tres lustros, mostró su extraordinaria calidad beisbolera, tanto por su poder con el bate como por su magnífico fildeo y su habilidad para correr las bases a pesar de su corpulencia.
Se cuenta que cuando el «Becerro» rondaba por los once o doce años de edad, llegó a un campo deportivo de Las Choapas, donde se organizaba un encuentro de beisbol entre niños de los llamados «popis» y, curioso como era por su edad y por su formación, se acercó al grupo de infantes donde uno de los entrenadores hacia esfuerzos para formar el mejor cuadro posible. Cuando el entrenador preguntaba quien cubriría cada una de las bases, los chiquillos respondían a tropel ¡yo… yo… yo! Y a sus gritos se unió de pronto el del inquieto «Becerril» que, como todos, deseaba formar parte del equipo que jugaría esa tarde.
El entrenador ni siquiera volteaba a ver al fornido Miguel Fernández, porque además de sentirlo extraño, no tenía ni idea de si sería o no un jugador de confianza para formar parte de la novena que dirigía y que por razones muy especiales deseaba llevar al triunfo ese día.
A medida que el entrenador pedía candidatos para las posiciones de juego, el «Becerril» respondía con entusiasmo, pidiendo el lugar para él, lo mismo que hacían los demás chiquillos. De pronto cuando el capitán preguntó ¿quién juega el cátcher? Todos se quedaron callados y la única voz que se dejó oír fue la del intruso fortachón que ocasionalmente había llegado al campo deportivo esa tarde. El entrenador se le quedó viendo algo sorprendido y le dijo. Tu has respondido cada vez que pido candidato para las otras posiciones, también sabes jugar de catcher? Seguro. Respondió el vivaracho chiquillo, es la posición que mejor se jugar, y si usted me da oportunidad de demostrárselo verá que no le echo mentiras.
Como nadie más se ofreció para cubrir la receptoría, el juego dio principio con el «Becerril» detrás del jom. El lector ya se puede imaginar que la anécdota concluye con el relato de una gran victoria del equipo que dio oportunidad a un extraño visitante que ese día los llevó al triunfo mas coteando con elegancia en la receptoría y dando muestra del enorme poder con el bate, que años más tarde lo llevaría al estrellato en el beisbol profesional.
También se dice que su carácter eras indomable, por eso duraba poco en los equipos que lo contrataban, y hay quienes sostienen que era un hombre aficionado a las copas y que por ello no alcanzó mayores alturas en los diamantes. No obstante, por méritos propios el «Becerril» Fernández» está en el Salón de los Inmortales del Beisbol Mexicano en la ciudad de Monterrey, Nuevo León, México.
Su placa en el Salón de la Fama, señala que en el circuito de verano jugó con los equipos Tigres, Águilas, México, Monterrey, Puebla y Córdova, tomando parte en un total de 1,524 partidos en los que bateó 1,520 imparables, es decir tuvo un promedio de uno por juego. De sus batazos, 305 fueron dobles, 93 triples y 189 cuadrangulares, 9 de ellos con las bases llenas. En 1963 jugando para el México, conectó tres jonrones en un juego, dos de los cuales fueron en la misma entrada. Se retiró de la Liga Mexicana con un promedio global de 287 puntos. También jugó en el invierno en la Liga de la Costa del Pacífico con los equipos de Guaymas, Mazatlán y Los Mochis. Allí vio acción en 462 encuentros, tuvo 1611 apariciones en el plato, conectó 448 hits, 71 fueron cuadrangulares y su promedio global en esa liga fue de 271. En la temporada de 1966-67 militando con el equipo de Guaymas, impuso un récord que aún está vigente en la fuerte Liga de la Costa: conectó 27 batazos de dos bases.
Nació el 3 de diciembre de 1934 en las Choapas, Veracruz, y fue electo al Salón de la Fama en 1984, Jugó todas las posiciones y sin duda alguna fue un jugador fuera de serie.

Aquellos tiempos

Escribe: Miguel Angel Genis Guzmán

6 comentarios sobre “Miguel Fernández, el Becerro de Oro

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  1. No lo conocí en vida, pero gracias a él comparto mi vida al lado de su Hijo Miguel Fernandez Medina a quien amo con toda mi alma por ser un hombre ejemplar…..

  2. No dijeron que Becerril jugó con los cacaoteros de Comalcalco y fueron campeones en la liga profesional Tabasqueña, tampoco dijeron que era ambidiestro.

  3. La primera y última vez que lo saludé, fue en un encuentro de beis llanero, y me firmó el libro de su biografía hecho por el señor Palma. Lo que nos caracteriza a los choapenses, es: que amamos lo que hacemos, y no aceptamos reglas que no convienen a nuestro desarrollo físico y mental; digo esto porque conozco a quienes han estado en situaciones como el clipper -sobrenombre del gran becerro-, y dejan los reflectores, por sus convicciones, más allá de la domesticación. Gracias a los que hacen posible que lleguen a mí, gratos recuerdos.

  4. Ten tuve el privilgio de estar en el parque del Seguro Social el día que bateo tres cuadrangulares, dos en una misma entrada, y digo privilegio por a pesar de ser aficionado (tenia 16 años) me las arregle para estar en la caseta de los Diablos, y pude estrechar su mano para felicitarlo, fue contra los Broncos de Reynosa, y si como muchas personas lo comentan, tambien para mi fue y ha sido el mejor beisbolista mexicano, todo un mundo de facultades, saludos.

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