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“Vendo auto para adornar garaje”

jetaEste gracioso anuncio llamó mi atención: «Vendo auto para adornar garaje».. Nunca imaginé que se podía comprar un automóvil para darle un toque agradable a la cochera, sitio al que, hasta donde sé, quienes tienen un mueble de transporte lo utilizan para dejarlo a buen resguardo y fuera del alcance de los pillos que pululan en las calles gracias a la espulgada que dan los cuerpos de seguridad, de esos que salen hombres expertos en artes marciales, en uso de armas y con claro conocimiento de la forma en que se realizan actos delictivos sin ser descubiertos.
Pero en fin, no es mi idea hablar en esta ocasión de la corrupción imperante por parte de los cuerpos policiacos de Coahuila gracias a la protección que les otorga Armando Luna Canales, el ex secretario de Gobierno y ya casi candidato del PRI a una diputación federal por obra y gracia de David Aguillón Rosales, sino del anuncio tan gracioso con el que toparon mis ojos en la sección de avisos de ocasión: «Vendo auto para adornar garaje».
Vino a mi mente la posibilidad de que tal venta se refería no a un automóvil de verdad, de esos que utilizan gasolina y tienen un motor de combustión y cuatro neumáticos, amén de una palanca de cuatro velocidades ¡que incluye además reversa!
Tal vez el necesitado vendedor, decidió deshacerse de su propiedad porque requería hacer el pago de algún impuesto de los que aplica el gobierno a diestra y siniestra, o tal vez porque tiene un enfermo en casa o de plano tiene el muerto tendido porque, lo que son las cosas que ya no se quieren en la casa simplemente se acomodan en la acera del vecino para ver si a los del camión de la basura se les antoja llevárselo.
Quizá no se trataba de un automóvil de verdad sino de una copia en miniatura que sirva para adornar el garaje colocándolo en un trozo de madera, como si fuera un trofeo de caza, una cabeza de cerdo, aunque la verdad, nunca he visto una cabeza de cerdo clavada en una madera de treinta centímetros, aunque sí es visto cabezas de jabalí, de venado y hasta de perros agradecidos.
O quizá se trataba de una lona en donde, con esos medios electrónicos tan de moda, plasmaron la foto de un Ford Maveric, un Mustang deportivo o un blue bird 67.
Para salir de dudas decidí marcar al número telefónico que se incluía en tan singular anuncio.
Tuiriririiiii Tuiriririri Tuiriririri… Se escuchaba en la bocina del teléfono y nada. No contestaban. Insistí, qué caray. Tenía que terminar con esa intriga que llevaba dentro – Los teléfonos ya no cantan ring, ring, ring, ahora utilizan melodías, algunas de ellas graciosas y agradables al oído.-Tuiriririririiii… Tuiririririiiii…
Y entonces se escuchó que descolgaron el teléfono. Más bien, que aplastaron la tecla con la que entra en automático la llamada que se realiza. La voz, que parecía surgida de un cuento de esos de ultratumba, o por lo menos de las peligrosas calles de Coahuila, dijo «Buuuueeenooo».
Inmediatamente le explique la causa de mi llamada y me hice pasar como una persona más que interesada de comprar el automóvil para adornar la cochera, tal y como se leía en el anuncio.
— ¿Quién habla? — Me preguntó el propietario del auto y del anuncio, porque aunque no se crea, uno se convierte en dueño del pedacito de periódico donde colocan el puñado de letras para ofertar alguna mercancía.
— Soy Roberto, Roberto Adrián… Estoy interesado en comprar su auto, me hace falta un adorno semejante en el garaje de mi casa…
— Ah bien… Mire, se trata de un carrito fiesta, americano, le jala todo, trae hasta clima… Bueno, nada más le falta que le recargue el gas porque hace como dos años que se acabó… Las llantas están buenas, aguantan todavía unos tres meses y el motor casi no gasta aceite, nomás como un litrito por mes. Las puertas están buenas, todas abren. Y la tapicería está buena, considerando que tengo tres hijos chiquitos que brincan sobre los asientos todos los días cuando los llevo a la escuela y de regreso tiran restos de Sabritas, de nieve de limón, de fritos, de todo alimento que les sobre del recreo. Pero no hay cosa mala que no se cure con agua y jabón. Es un buen auto, me sirve, como ya le dije, para llevar a los niños a la escuela, para darle un aventón a mi vieja que trabaja en la fábrica y para irme a atender el changarro de Don Luis. De ahí, a la hora que salen los niños, paso por ellos a la escuela y ya en la tarde voy por la Lupita a su chamba.–
— Y si le sirve tanto, ¿por qué lo vende, por qué dice que se trata de un vehículo para adornar la cochera? — pregunté intrigado.
— Mire, es muy sencillo. Hace unos días supe que el gobierno del estado, bueno Rubén Moreira, para ser más claro, — asunto aparte le aclaro que fui de los que en mala hora votaron por él para gobernador– dio la orden de quitarle su carrito a todo aquél que lo trajera sin plaquear o que no hubiera pagado los impuestos esos de la tenencia, esa misma que dijo que iba a quitar nomás llegando al poder. Vi cómo a mis vecinos les arrebataron su carro. Les fue como en feria porque están tan atrasados como yo en eso de pagar tenencias y canjear placas. En la esquina de la casa, esa que sale al bulevar, hicieron montón una nube de policías estatales. Si hasta parecía que hubo otro montón de muertos luego de un enfrentamiento de los GROMs con supuestos delincuentes. Pero no, se trataba de un operativo para quitarle el carro a quien no tuviera pagados sus impuestos. Y ahí mero fue donde la puerca torció el rabo. Por más que lloraron, patalearon y suplicaron, los agentes del tesorero del Estado, con risa burlona y todo, ordenaron que se llevaran los autos al corralón.
— Si ya sé que ha pasado todo eso, pero, me deja intrigado ¿por qué es un auto que sólo sirve para adornar el garaje?
— Mire mi amigo… ¿Roberto, me dijo que se llamaba vedá?… Es muy sencillo. Mi Ford Fiesta lo vendo en 20 mil pesos. Pero… sucede que de impuestos, recargos y multas y toda la cosa debo ¡casi cien mil pesos! ¿usted cree? Entonces, el que lo compre tendrá que tenerlo de adorno en su cochera porque no creo que quiera pagar cien mil pesos que pide el gobernador por una cosa que no los vale. Así que si se anima puedo venderle mi carro, solo que usted tiene que venir por él a la casa, no se lo llevaré yo a ninguna parte porque capaz y me agarran los pillos esos que andan quitándolos.
— ¿No se le hace muy alto el precio de un carro que debe tantos impuestos?
— Sí, tiene razón. Mire, deme cinco mil y se lo dejo. Total, si lo quiere para adornar el garaje de su casa bien le puede servir. Ya vé, ahora los adornos cuestan eso. Ahora sí que ya se lo estoy dando en precio. Y… la verdad… Ya sé que eso no me quitará de la amenaza del gobernador de seguir cobrando lo que dice que le debemos… Y no es que seamos mala paga… deveras, miré antes podía pagar esos impuestos y tenía a la Lupita en la casa… Ahora, con todo y que ella trabaja no nos alcanza mas que pa’ comer. Por eso, ¿de dónde carajos piensan que les vamos a pagar? Antes de que me quiten el carro, prefiero venderlo. Es más, deme dos mil pesos y se lo lleva, deje que de perdida le saque algo…
Prometí revisar mi chequera y darle una respuesta en unos días. Ciertamente no compraré ese carro porque no vale ni la décima parte de lo que les está cobrando el gobierno por derecho vehicular, tenencia, placas, engomado, Cruz Roja, apoyo a las escuelas y no sé cuántas tonterías e inventos más. Aunque no deja de ser una buena idea comprar un auto para adornar el garaje.

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