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Pueblo domesticado

pobrezaPara el hombre actual, la modernidad y la globalización significan un triunfo, así lo palpa la sociedad en la que estamos coludidos y según parece no hay escapatoria, como en la novela de Aldous Huxley «Un mundo feliz».
La uniformidad de actuaciones y hasta de pensamientos son acaparados por los medios que nos imponen la moda, los ídolos de lodo, la modernización como el triunfo de la copia, incluyendo la ironía como arma esgrimida para construir nuestra identidad en la búsqueda de un tótem. Es decir, la propiedad y la posesión de objetos, incluyendo a las personas, la privacidad del glamur de comunicación. La misma educación y su sesgo de triunfadores, no transformadores en donde el lugar para cobardes es bajo la mesa o masticando la comida del jefe.
¿Es nuestro país una fiel copia de lo que acontece en los países de la más baja calaña o sólo copiamos lo que nos conviene y aceptamos sin recelo?
====== VEAMOS =======
-Aceptamos que los diferentes bancos como el Fondo Internacional o el Banco Mundial de Desarrollo preste dinero al país y nadie sabe el destino de ese dinero o al menos en el país nunca se hace notorio.
-Aceptamos que los miles o millones de niños a esta altura de la administración del empleo, trabajen en ingratas labores agrícolas e inclusive sean usados como objetos sexuales, y su explotación es ya para la sociedad una costumbre o sólo signifique cifras y no una vergüenza social y el tangible fracaso de la política gobernante en turno del país.
-Aceptamos en México que los grandes laboratorios médicos y agro alimenticios tengan un paraíso en el país para sus productos, que sean usados para producir carne, leche, más granos, que los animales sean prolíficos, precoces, etc. Insecticidas y foliares regados en el subsuelo o pesticidas esparcidos en el aire sin ninguna protesta mucho menos resistencia de la sociedad. Sería tonto esperar que las autoridades hagan algo, es muy difícil ya que los mismos laboratorios los embarran con cifras de varios ceros en billetes verdes, en el glamoroso carrusel de la corrupción.
-Una sociedad sumisa e indiferente ante las injusticias de la «justicia», los atropellos contra personas que incluso por no pensar o no tener la misma ideología son perseguidas y en casos extremos encarcelados casi con juicio sumario por no hablar el español, caso concreto los más de dos mil indígenas encarcelados porque no hablan el español.
-Aceptamos callados la tala sin control de los pocos bosques, los escasos lagos son contaminados, los ríos o lo que queda de ellos son utilizados como cloacas y lo peor, los mantos freáticos agotados, no somos capaces de mover la lengua mucho menos un dedo en su defensa. Nuestra sociedad -dicha sea de paso- no está hecha para defender a los animales en vida salvaje o los peces de los ríos y presas. Preferimos recoger la basura, en lugar de adoptar la cultura de no arrojarla en cualquier parte.
-Aceptamos disciplinados considerar el pasado o la historia del país como una celebración de discursos políticos y con la publicidad mercenaria de la orientación mediática, es decir escupimos sobre la tumba de nuestros héroes, incluso festejamos con una risa irónica la burla y escarnio y ridículas caricaturas que se hace de ellos.
-Aceptamos se cumpla la frenética búsqueda del beneficio propio como un fin superior y la ambición de la riqueza como la máxima realización de toda la vida humana.
-Aceptamos ser partícipes (sin protesta) en la guerra económica, de nuestros políticos y nuestro patrimonio, aunque en ello nos esté de por medio la libertad y sea una catástrofe sin precedentes, el comercio político en demanda y oferta, con crisis permanente.
-Aceptamos el sistema actual, porque suponemos y creemos que nada se puede hacer para cambiarlo. El sistema está bien dicen los jilgueros y cerramos los ojos a estas bonitas palabras, y no formamos ninguna oposición por el hecho de aceptar la subsistencia que para nuestra comodidad está bien.
-Aceptamos ser tratados como manso ganado, con un conductismo que asusta, los gobiernos nos indican el dónde, el por qué, el cuándo y el cómo de todas nuestras actividades. El dormir y despertar sin hacer nada, ver todo con indiferencia, sumisión y ceguera que se refleja en la estupidez e idiotez.
-Estamos vacunados contra la despiadada competitividad, basada en nuestro caduco sistema, aunque a terceras personas les cause dolor.
-Aceptamos que nuestros gobernantes nos humillen y soslayen cada segundo de la vida nacional con sus miasmas, con sus usufructos y su desmedida ambición por el poder.
-Somos el país con los miles de gobernantes y funcionarios más corruptos y como una inverosímil paradoja surrealista y perversa, aun estos personajes persisten mandando en el país y ante esto somos pasivos, mansos y hasta lacayos.
-Tan inocentes somos que pensamos, creemos y hasta imaginamos que cuanto más se gaste en anuncios sobre la democracia, el país cambiara.
Nota: No es mi estilo pedir disculpas, sin embargo como dijo el filósofo de mi rancho: El que tenga cuchis (cerdos, marranos, cochinos) que los amarre y el que no tenga, pos no.

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