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Defiende gobernador el botín que le arrebató a los narcos

Propiedades parecidas a ésta han pasado a manos del gobernador Rubén Moreira o a las de sus colaboradores. Es el reparto del botín en toda su dimensión.
Propiedades parecidas a ésta han pasado a manos del gobernador Rubén Moreira o a las de sus colaboradores. Es el reparto del botín en toda su dimensión.

Muy poco les duró el gusto a Rubén Moreira y sus secuaces que se ostentan como «funcionarios de primer nivel» en la administración estatal que se relamían los bigotes al pensar en las ganancias que dejan los narcos muertos. Sucede que la Suprema Corte de Justicia de la Nación le dio un contundente y rotundo NO a la maniobra rateril que intentaron cometer –y que ya cometieron en muchos casos– amparados en una ley estatal que a todas luces resulta inconstitucional.
Los angelitos, que tocan por nota que les indica el gobernador de Coahuila, cambiaron leyes, le pegaron retazos de unas a otras y todo con el único objetivo de que los bienes de miembros de la delincuencia organizada, que cayeron en las garras de la justicia o quedaron tendidos en la tierra después de recibir certeros disparos de Gates, Groms, estatales, federales o Ejército, dejaran como herencia sus bienes.
Todas las propiedades de delincuentes «tristemente célebres» –como suele decirse para indicar que eran unos desgraciados reconocidos– por obra y gracia de Rubén Moreira quedaron en poder de «los coahuilenses».
No quiero saber qué tipo de coahuilenses pero en mi caso, que me jacto de serlo, no he visto un peso partido por la mitad, un ladrillo, un block, un metro de manguera y muchos menos una vaca, un caballo pura sangre, cientos de miles de dólares, ponys, joyas y demás cosas que se pueden comprar con el producto sacrosanto de la venta ilegal de drogas.
E igual que yo. Tampoco ningún ciudadano común ha recibido los beneficios de un botín arrebatado a la mala, al igual que la libertad o la vida, a miembros del crimen organizado.
Ah, pero los integrantes de la administración pública de Coahuila, del gobernador para abajo, pasando por candidatos y líderes del PRI, secretarios de gobierno, líderes del Congreso, encargados del despacho del Ejecutivo, secretarios de Finanzas y cuanto espécimen se le ocurra que esté incrustado en la nómina del estado, esos sí, con la mano en la cintura se repartieron el botín a como les vino en gana y sin que nada pudiera hacer la Procuraduría General de la República cuyos funcionarios normalmente son los encargados de tener el control sobre los bienes incautados a los delincuentes.
En una historia repetible, semejante a la de Alí Babá y los cuarenta ladrones, solo que en este caso, como ladrones de cuello blanco y amparados en leyes que el mismo gobernador se inventó para su beneficio propio, se repartieron decenas… que digo decenas, cientos de propiedades que pertenecieron a los caídos líderes de la delincuencia organizada, léase zetas o golfos o simples vendedores de carrujos de mota o hasta de simples monos de resistol cinco mil.
Hasta ahora, en los dos años que funcionaron las reformas del Código Penal de Coahuila, hasta antes de que les diera marcha atrás la Suprema Corte de Justicia de la Nación, haciendo caso a la inconformidad de la PGR, suman muchos pero muchos millones de pesos, y de dólares, en efectivo, viviendas, colonias enteras, ranchos, casas abandonadas, como en el caso de Allende. Decenas de propiedades en Monclova, en Torreón, en Piedras Negras, en Acuña e inclusive en Parras de la Fuente. Hay mucho «ganado» extraviado, armas de todos tipos, centenarios, joyas, pieles.
Es todo un botín del que gozaron Rubén Moreira y sus secuaces. Es un botín que ya se repartió y que nadie sabe, a ciencia cierta, hasta dónde alcanzó. Una danza de millones y millones de pesos que ahora intenta rescatar la PGR y que se niega a devolver el «gobierno de Coahuila».
Encomillo lo de gobierno de Coahuila por la sencilla razón que dichos bienes que fueron propiedad del narcotráfico ni serán jamás de los ciudadanos y mucho menos del gobierno del estado. O lo que es lo mismo son bienes que ya se adjudicaron unos cuantos vivales que se ostenta como funcionarios.
Ahora, a los lacayos de Rubén Moreira no les queda mas que tratar de buscar recovecos por donde cabildear entre procuradores de los estados y gobernadores, como lo anunció el Secretario de Gobierno, Víctor Zamora Rodríguez quien ya explicó claramente que no están de acuerdo ni con la SCJN ni mucho menos con la Procuraduría General de la República.
O lo que es lo mismo, hablando en plata pura, el supuesto segundo hombre de a bordo en la administración moreirista ya tiene instrucciones precisas de oponerse a los designaciones de la Suprema Corte y ahora buscan la manera de darle vuelta a las cosas, por lo menos aplicarle la dormilona en lo que se van del gobierno locos de contento con sus cargamentos producto de la rapiña.
¿Quién más aparte de la PGR y el Gobierno de Moreira pueden estar peleando por ese jugoso botín?
Sería bueno que se pusieran vivillos los alcaldes y, en aras al daño que se ha causado a la sociedad tanto por el gobierno de Coahuila, el actual, el de los pillos que siguen saqueando a los coahuilenses, como por los grupos delincuenciales sería bueno ir viendo la posibilidad de demandar que propiedades que tengan alguna utilidad pública les sean entregadas en comodato, ahora sí para beneficio de la población, para instalar una escuela o una microempresa social o inclusive una biblioteca.
Sin embargo esos son sueños guajiros. Por lo pronto las propiedades se quedan en poder del gobernador y sus secuaces. Y mientras que siga el pleito legal, aunque la Suprema Corte de Justicia de la Nación haya declarado la nulidad de las reformas que llevaban a la extinción de dominio de los bienes que pertenecieron a miembros del crimen organizado.
No cabe duda. Vaya que tenemos en Coahuila funcionarios más que vivos, demasiados listos. Lo bueno es que trabajan en bien del grueso de la población, velan por sus intereses y se preocupan porque la PGR o cualquier otra dependencia chilanga no se lleven las cosas que pertenecen a la entidad.
Al menos eso dice el fiel sirviente de Moreira que despacha en la secretaría de Gobierno.

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