fbpx

La tragedia que estremeció al mundo deportivo

 

Roberto Clemente.
Roberto Clemente.

El 31 de diciembre de 1972 una terrible tragedia aérea estremeció al mundo deportivo. El inmenso jugador puertorriqueño Roberto Clemente se desplomó con su avión en el mar cuando llevaba ayuda a los damnificados del terremoto que azotó días antes a Nicaragua donde perdieron la vida miles de personas y muchos miles más quedaron sin hogar, sin alimentos, medicinas y todos los servicios.
La ciudad de Managua, capital del más extenso de los países centroamericanos quedó prácticamente destruida. Quienes vivían en los suburbios y comunidades cercanas, cuando acudieron en auxilio de los damnificados y al rescate de las víctimas sintieron que se les desgarraba el corazón al contemplar el desolador espectáculo que presentaba la ciudad en ruinas. Muchos nicaragüenses murieron con la creencia de que había llegado la hora del fin del mundo. De los sobrevivientes a la tragedia, el llanto y la desesperación los acompañó por muchos días, como sucedió con todo aquel que llegaba a la destruida Managua.
¿Quién fue Roberto Clemente?
Nativo de Carolina, Puerto Rico, Roberto Clemente ha sido sin lugar a duda el jugador latinoamericano más completo y espectacular que ha llegado a las Ligas Mayores. El gran Jackie Robinson rompió la barrera de color y abrió las puertas a las Grandes Ligas para sus hermanos de raza Roberto Clemente abrió las puertas del Salón de La fama para los latinoamericanos y lo hizo en forma grandiosa.
Los reglamentos del Recinto Sagrado, establecen que para ingresar al Salón de la Fama deberán pasar por lo menos cinco años después del retiro de todos los candidatos. Con Clemente se rompieron las reglas. El comité de selección se reunió y aprobó el ingreso del puertorriqueño al siguiente año de su muerte. Fue el primer latino en tener un lugar en la Sala de los Inmortales, después entraron Martín Dihigo, Juan Marichal y otros más, pero el boricua fue el primero y muy merecidamente por cierto.
Clemente debutó con los Piratas de Pittsburgh en 1955 y allí permaneció durante los 18 años de su brillante carrera. De un equipo que terminó ese año en último lugar a 38 y medio juegos de distancia de los campeones Dodgers de Brooklyn, con un desastroso porcentaje de 60 triunfos por 94 derrotas, los bucaneros se convirtieron en un equipo peleador que con la llegada del boricua al club alcanzaron dos veces el campeonato de la Liga y en 1971, un año antes de su muerte los condujo hacia la obtención de la Serie Mundial. El, como Willie Mays supo hacer honor a la expresión del manager Branch Rickey quien sentenció: «LA CALIDAD NO LA DETERMINA EL COLOR DE LA PIEL».
Los números de Roberto Clemente son en verdad impresionantes. Bateó arriba de los 300 puntos de porcentaje durante 13 temporadas y obtuvo el Guante de Oro que se otorga al mejor jardinero de la liga, en ocho ocasiones consecutivos. Fue el campeón bateador de la liga en cuatro temporadas y en 1966 los cronistas deportivos de la Unión Americana lo eligieron como el jugador más valioso de la Liga Nacional.
En 1967 alcanzó su más alto porcentaje de bateo con 357 puntos y fue el campeón bateador de la Liga. Llevó a los Piratas a dos series mundiales, primero contra los Yanquis de Nueva York en 1960 y más tarde, en 1971 contra los Orioles de Baltimore, resultando en esta ocasión el jugador más valioso de la serie. Clemente es el único jugador en la historia de los clásicos de octubre que ha conectado de hit en todos los juegos de serie mundial en que participó: 14 en total: 7 contra los «Bombarderos del Bronx y 7 con los Orioles. En esos dos juegos conectó 310 de porcentaje en la primera serie, producto de 9 hits en 29 turnos al bat y un fabuloso 414 contra los Orioles en 1971, resultado de sus 12 imparables en 29 veces al plato.
Clemente fue convocado por los aficionados para que participara en 14 juegos de estrellas en los que conectó 323 puntos como porcentaje global. Sus cifras más altas fueron 211 hits en 1964; anotó 105 carreras, en 1966 bateó 29 cuadrangulares en 1966 y ese mismo año impulsó al plato 119 carreras, sin duda alguna este fue el mejor año de su carera y por ello obtuvo el título del jugador más valioso de la Liga Nacional.
Los aficionados de la época y principalmente los de origen hispano nunca han dejado de pensar que ese día se cometió una nueva injusticia contra el puertorriqueño, quien conectó violento tablazo a la derecha del tercera base de los Mets, Ken Boswell, alcanzando la primera base en la jugada. Todos los asistentes al parque esperaban que el anotador oficial anunciara el hit número 3000 del antillano y se vieron decepcionados nuevamente pero no se dio por vencido.
Cuando terminó el partido, los periodistas lo entrevistaron y los fanáticos rodearon al gran estrella del diamante. Un reportero le preguntó si creía que su batazo debería anotarse como hit y Clemente respondió: «Claro que si», pero eso no es raro, ya estoy acostumbrado a estas decisiones de los anotadores oficiales por lo que, «mañana conectaré mi hit número tres mil en el último juego de la temporada, y será un imparable que no dejará lugar a duda» .
Y el astro sepia cumplió su palabra conectó su imparable tres mil y se fue a descansar a su querido Puerto Rico. Nunca más volvió al estadio de los Tres Ríos» Los aficionados todavía lloran su partida.
Por ser latino y además de piel obscura, los anotadores oficiales le quitaron a Clemente más de cien hits durante su brillante carrera, como el de ese día contra el derecho Tom Seaver, que de haber sido conectado por un bateador de piel blanca habría sido un imparable sin duda alguna. En ese entonces, como ahora, todavía hay rescoldos de la discriminación hacia los latinos y más aún cuando son negros.
En Carolina, Puerto Rico hay una estatua de Clemente en el lugar más importante del poblado y una estatua en cada uno de los corazones de sus habitantes. Asimismo, la hay en cada uno de los puertorriqueños y miles y miles de fanáticos del Caribe y América Latina. Cientos de equipos y parques de beisbol llevan el nombre del inmortal jugador que después de muerto se impuso a la discriminación racial norteamericana.
Además de ser el primer jugador que ingresa al Salón de la Fama de Cooperstown a tan solo un año de su muerte, su gran calidad y su caballeroso comportamiento hizo que los dirigentes del beisbol organizado instituyeran el premio «Roberto Clemente» que se entrega cada año a un destacado jugador que además de tener una buena temporada en el campo de juego, también sea ejemplo de conducta ante la sociedad.
De no haber ocurrido el trágico accidente, el inmenso jugador habría alcanzado las mayores hazañas en la historia del «Rey de los Deportes».

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Powered by WordPress.com. Tema: Baskerville 2 por Anders Noren.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: