«La vida me enseño muchas cosas; la cárcel me mostró la realidad».
(Libro: Epitafios de F. Treviño)
Ante la ola de violencia que se vive en México, por y con la ineficiencia, inoperante, aunado a la corrupción que impera en los órganos de justicia y su nula aplicación de la ley, el gobierno opta por rendirse y para ellos la mejor solución es fabricar cárceles. Reclusorios que no redaptan, ni reforman mucho menos rehabilitan o castigan a los verdaderos culpables.
Parecen estar programados los golpes espectaculares que asestan los diferentes cuerpos policíacos y el Ejercito o la Marina, aprehensiones de los que dan cuenta los diferentes medios con cobertura nacional, aunado a esto van implícitas las gráficas y estadísticas, con que manejan cada captura.
Sin embargo la sociedad, el pueblo, sobre quien recaen los crímenes y delitos de toda clase es el verdadero termómetro y ve como costumbre que la violencia, sean cuales fueren las causas o motivos poco ha bajado el delito, mucho menos para echar a volar las campanas al vuelo.
Desde La cárcel de Belén, la de San Juan de Ulúa hasta aquel Palacio de Lecumberri,(1900/ 1976) el llamado Palacio Negro, hasta los de máxima seguridad, como son Santa Martha, considerado el más peligroso de todos, Puente Grande,en el Estado de Jalisco, hasta Almoloya de Juaréz, La Palma, el recién estrenado CERESO, en el mero D. F., con capacidad para 1600 de los reos más peligrosos (como si los criminales fueran unas mansas ovejitas), también están las míticas Islas Marías, todos llamados CERESOS,Centros de redaptación.
En total entre chicas, medianas y grandes cárceles, en el país son 440 para adultos, 5 cárceles para mujeres y 58 consejos tutelares, para menores de edad, estos datos de INEGI son de hace algunos años y en la actualidad entre números transitorios que entran y salen la cifra de reos con o sin sentencia oscila entre 240 a 250 mil.
Cada reo nos cuesta unos 150 pesos al día, al año 10 mil millones de pesos o un poco más, dinero al igual que el de las elecciones; tirado a la basura, porque nuestros centros penitenciarios, cárceles, ceresos o como se les nombre son simples estados, con justicia y leyes, reglas y mandos dentro de un estado, llenos de corrupción, en muchas de la veces negocios cuadrados o redondos desde el Director hasta los mismos custodios y desde luego, negocio para jueces, notarios, los Mninisterios Públicos y coyotes.
Por lo pronto para no variar y sobre el mismo tema en Coahuila por el rumbo de Paredón, en terrenos de Ramos Arizpe pronto se estrenará un nueva cárcel para mujeres, que albergará a 2,000 internas y que sólo en su construcción tiene un costo de 4,000 millones de pesos, es decir cada interna nos costará 2 millones de pesos, esto como paradoja sucede en un país cuyo sistema de gobierno, simula la inoperante miopía de gastar y cuidar más a los presos, presas y jóvenes delincuentes, que a los estudiantes, mientras miles de escuelas y universidades ni siquiera tienen agua limpia o potable para beber, menos con estructura total.
Son miles de escuelas con falta de profesores, otras miles de centros escolares sin servicios como aire acondicionado, calefacción, luz eléctrica, y lo peor un sistema en pleno debacle con mas de 2 millones de niños y adolescentes sin asistir a clases en la educación inicial (primaria y secundaria).
Los mexicanos somos tan fantoches que gastamos en una elección 26 mil millones de pesos, llamada elección intermedia, esto sólo para Diputados Federales y para que en 7 u 9 Estados hacer cambios de sus gobiernos, cifra que a todas luces es una afrenta para lo que se destina a educación.
El dinero para elecciones es tirado a la basura o para llenar más de egocentrismo a los sótanos o cloacas del sistema que impera en el país.
Pues parece que éste y los tres anteriores gobiernos le están apostando a tener como paliativo las cárceles, que educar al pueblo, pensando que un pueblo educado es muy fácil de gobernar, pero muy difícil de engañar, esclavizar y maniatar.

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