Bob Gibson… monstruo del montículo

gibsonNadie pensó que el enfermizo niño que nació el 9 de noviembre de 1935 en un suburbio de la industrial ciudad de Homaha, Nebraska, a orillas del río Missouri, hijo de un humilde matrimonio de color, llegaría a convertirse con el paso de los años con un auténtico monstruo del montículo, un lanzador fuera de serie ejemplo de competitividad y consistencia que tenía un lugar reservado en el Salón de la Fama.
BOB GIBSON tuvo una infortunada infancia llena de enfermedades, padeció de asma, neumonía, frecuentes catarros, fiebres y mostró síntomas de raquitismo, también, desde su infancia dejó ver una gran determinación para no dejarse vencer por la adversidad y con la ayuda de una madre abnegada logró superar sus males y destacar en todos los deportes que practicó. Ello le valió ganarse una beca en la Universidad de Creighton donde sobresalió en atletismo, basquetbol y beisbol, decidiéndose finalmente por el Rey de los Deportes en el que inició una sensacional carrera.
En 1959 debutó en las Ligas Mayores con los Cardenales de San Luis y desde el juego mismo de su presentación dio muestra de su grandeza. Ese día se anotó su primer triunfo pintando en blanco a los Rojos de Cincinnati dejando con el bate al hombro a ocho contrarios; los primeros del gran total de 3 mil 117 ponches que logró a largo de su carrera.
Gibson fue poseedor de una poderosa bola rápida y de una curva venenosa que sacaba de balance a los mejores bateadores de AQUELLOS TIEMPOS, fue el lanzador sensacional de los años sesenta y principio de los setenta, auténtico ganador que dominó el renglón de pitcheo de la aliga Nacional y llevó a los cardenales de San Luis tres series mundiales.
A lo, largo de 17 temporadas en la Gran Carpa se agenció 251 triunfos a cambio de 174 derrotas; logró un porcentaje de efectividad de 2.91 carreras limpias por cada nueve entradas, y en dos ocasiones fue seleccionado como el Jugador Más Valioso- 1968 y 1970. El primer año que ganó la anhelada presea, demostró que tenía reservado un lugar en el Salón de la Fama de Cooperstown, Nicho de los Inmortales de ese deporte.
Ese inolvidable año, Bob Gibson alcanzó 22 victorias a cambio de solo nueve descalabros; su porcentaje de carreras limpias permitidas fue de 1.12, es decir, no le hicieron ni siquiera dos anotaciones por juego de nueve entradas en promedio durante toda la temporada. Un verdadero abuso contra los bateadores de la vieja Liga Nacional. Además, se anotó 13 blanqueadas y ponchó a 268 contrarios. También ese año le fue otorgado el primero de los dos trofeos Cy Young de su brillante carrera.
En 1970 Bob Gibson volvió a ganar el codiciado trofeo Cy Young que año con año se entrega al mejor lanzador de cada una de las ligas mayores. Ese año sumó 274 chocolates a su récord y mostró numerosos finales de 23 juegos sin hit ni carrera contra los Piratas de Pittsburgh con todo y su superastro Roberto Clemente.
Hazaña especial sin precedentes escribió Gibson en series mundiales, fue tres veces al clásico con los Cardenales de San Luis: en 1964 contra los yanquis a quienes derrotaron cuatro juegos a tres. Bob perdió el primer juego y luego ganó sus otras dos salidas al montículo. En 1967 contra los Medias Rojas de Boston a los que vencieron también en siete juegos. Gibson se anotó tres de los cuatro triunfos de los «Pájaros Rojos», y en 1968, año en que los Cardenales cayeron frente a los Tigres de Detroit cuatro juegos a tres, ganó dos y perdió un partido.
En total, Bob Gibson lanzó nueve juegos en serie mundial, ganó siete y perdió dos, pero lo más sorprendente fue que en los nueve juegos se mantuvo sobre el montículo las nueve entradas, caso insólito y difícil que vuelva a repetirse en esta era de loa grandes lanzadores de relevo. Su efectividad en los clásicos de otoño fue de 1.89 carreras limpias por partido y recetó 92 ponches en 81 entradas.
Una demostración de su grandeza la dio el 2 de octubre de 1968. Ese día abrió el clásico enfrentándose a Denny McLain, sensacional lanzador de los Tigres de Detroit que ese año tuvo su mejor temporada con 31 triunfos. Al terminar la sexta entrada, los fanáticos que asistieron ese día al estadio de San Luis, ya sentían la emoción de estar presenciando un juego histórico. A esas alturas, Gibson había hecho abanicar al aire a 11 tigres y era evidente que el récord de 15 chocolates en serie mundial impuesto por Sandy Koufax cinco años atrás, agonizaba. Final-mente, al concluir el histórico partido, Bob Gibson impuso una marca de 17 ponchados que todavía parece imbatible en juegos de los Clásicos de Otoño.
El formidable lanzador derecho ingresó al Salón de la Fama de Cooperstown en 1981.

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