EL TIRO POR LA CULATA
BAILE Y COCHINO.-
Por Horacio Cárdenas

No fue un día, no fueron dos ni tres días, tampoco fue una pesadilla de una semana, más bien estamos hablando que la masacre del norteño municipio de Allende se venía cocinando desde hacía varios meses, siendo la matanza la conclusión… si somos optimistas, porque no es que ocurriera que sacaran a los ciudadanos, hombres, mujeres, ancianos y niños de sus casas y se los llevaran para no ser vistos nunca más, sino que todavía el estado fallido duró mucho más tiempo, y no son pocos los que sospechan que no es que las cosas se hayan compuesto, que las amenazas hayan desaparecido o el Estado de Derecho regresado a una tierra que siempre fue de nadie, sino que de momento está soterrado, operando con un perfil bajo, y no por miedo o por componendas, sino porque así les conviene más.
¿Qué pasó en Allende?, existen toda clase de versiones que rayan en leyendas urbanas y no tardará en convertirse en gran éxito y disco de oro de algún grupo de esos que cantan narcocorridos. La versión popular es que la cifra de desaparecidos ronda los trescientos, la versión oficial es que son mucho menos que esos, quesque porque muchos de los señalados como víctimas se fueron a vivir a otra parte, sin avisarle a nadie y sin despedirse, yéndose a otro estado o a los Estados Unidos, como si fuera tan fácil para cualquiera cruzar la frontera y establecerse del otro lado sin peligro de que los pepene la Migra y los pongan de patitas del lado mexicano del puente internacional, hasta donde se ha dado a conocer, no ha habido solicitudes de asilo de exhabitantes de Allende que temen por su vida si los regresan a su terruño.
Con Allende pasa como con Patrocinio, la gente sabe lo que pasó, cuando pasó y quienes son los culpables, incluso conocen las razones por las que sucedió lo que sucedió, ¿o a poco en los poblachos coahuileños no sabemos que el único deporte aparte de la beberecua es el chismorreo?, sí, es estar dándole vueltas y vueltas a los pocos asuntos que llegan a acontecer, pero mucho se cuidan de hablar de ellos delante de cualquier fuereño, se ostente como periodiquero, como autoridad como si les sirvieran para algo, o como mero curioso. Si quiere ejemplos vivos en este Siglo XXI de la Omertá, ya sabe, el código de silencio siciliano, nomás trate de sacar algo en claro de lo que pasó en Patrocinio o en Allende.
Vergüenza de vergüenzas, que lo que se sabe de la masacre de Allende se haya dado a conocer en un tribunal en los Estados Unidos, en un juicio que se sigue a algunos delincuentes, y como dato secundario, porque no se les está procesando por eso. Es allí donde las autoridades coahuilenses comienzan a pararse el cuello, cuando desde hace años dijeron que los que perpetraron una masacre que contradictoriamente luego dicen que no ocurrió, o están muertos o están en la cárcel… pero en los Estados Unidos, no en México ni en Coahuila, y ya en el colmo de querer saludar con sombrero ajeno, andan haciendo exhortos para que se les permita preguntarle a los reos qué es lo que pasó en aquel lejano marzo de 2011 en un perdido municipio coahuilense, uno que se circunscribe en aquel feo, ofensivo y doloroso mote de estado fallido, que tanto caló al entonces presidente Felipe Calderón Hinojosa, y del que desgraciadamente sobran ejemplos por toda la geografía nacional.
Pero bueno, dentro de ese mar de desinformación, nunca falta quien quiera revolverlo, y de pasada sacarle tajada política. De repente la justicia coahuilense decidió salir de su pasmo y echarle el guante a Sergio Lozano Rodríguez, para más señas, el que despachaba como presidente municipal de Allende por la época no solamente de la masacre, sino de que el crimen organizado se enseñoreó de buena parte de la región norte del estado. En un momento políticamente importante, les pareció efectivo darle un fregadazo al Partido Acción Nacional, pues adivinó usted, Sergio llegó a la alcaldía por el PAN, que si hubiera sido del PRI el manto protector o la desidia lo mantendrían libre. Error.
¿Qué podía hacer un presidente municipal contra un ejército de maleantes que nadie sabía cuántos eran, desde donde operaban y qué hacían, aparte de que llegaban y aterrorizaban la cabecera municipal, los ejidos y el campo?, lo obvio es oponer su “fuerza policial”, lo que es de dar risa en un municipio del tamaño de Allende, lo segundo pasar información, con todo el riesgo personal, familiar y de todo tipo que esto implica… para que no le haya hecho nadie caso, que fue exactamente lo que pasó.
A quienes tuvieron la brillante idea de cargarle el muerto, los trescientos muertos a Sergio Lozano, no contaban que este pudiera abrir la boca, no para acusar sino para defenderse, y para pronto les dejó en claro a las lumbreras de Saltillo que el tiro les había salido por la culata. “Yo avisé”, dijo Lozano, le avisé al gobernador, que estaba acompañado del entonces alcalde de Piedras Negras Oscar López Elizondo en un bailongo en el Casino Nacional, y ninguno movió un dedo, como no fuera para ordenar la cuenta, y dar orden de marcha por donde fuera que no hubiera que pasar por Allende, no fuera que se escucharan los balazos aun con los vidrios de la suburban blindada subidos.
Si hubo noticia, ¿Cómo es que ninguna autoridad, digamos con capacidad de fuego como para enfrentar lo que parecía que estaba ocurriendo, se tomó la molestia en apersonarse por Allende?, nadie sabe y apenas comienza a importar, porque fuerzas estatales y federales las había destacadas en los alrededores, y no, simplemente hicieron lo que en el caso de Ayotzinapa… nada de nada.
Suena hueco que por ejemplo López Elizondo haya sido llamado a declarar… cinco años después de ocurridos los hechos, nunca antes se mencionó su nombre como parte de ninguna investigación, y eso que cuando mucho era información muy periférica la que pudiera aportar. A Torres López nadie se ha tomado la molestia de llamarlo a testificar, no digamos a que rinda cuentas pues eso no se estila en este país, en otros sí, allí donde le retiraron la visa y el pasaporte y donde se le sigue juicio, por ejemplo.
Eso de escupir para arriba no es para cualquiera, el tratamiento político, electoral o partidista caso Allende equivale precisamente a eso, ha quedado demostrado.

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