Aquellos Tiempos.-
Escribe: Miguel Angel Genis Guzmán.-

Mientras la emoción envolvía a los fanáticos de dos de las ciudades más importantes de la época en los Estados Unidos de Norteamérica, al enfrentarse sus equipos en la serie mundial de béisbol de 1919 una vez concluida la Primera Guerra Mundial, en el bajo mundo del hampa y en los propios estadios se corrían grandes apuestas a favor de los Rojos de Cincinnati que se enfrentaban a los poderosos Medias Blancas de Chicago.
Muchos inocentes cayeron en la trampa, apostaron y perdieron sus ahorros porque, en teoría, los Medias Blancas, que dos años antes habían batido a los Gigantes de Nueva York en el clásico cuatro juegos a dos, lucían mucho más potentes que sus rivales, los Rojos de Cincinnati, que llegaban por primera vez a una serie mundial y que después tuvieron que esperar otros 21 años para volver a competir por la supremacía del béisbol de las Ligas Mayores.
No eran pues los Rojos un equipo ganador por lo que causó extrañeza que todas las apuestas a favor de los “Palipálidos” de la ciudad de los vientos eran tomadas con facilidad y prontitud por los apostadores profesionales. El béisbol, no escapó a la poderosa red de mafiosos que controlaron clandestinamente el vicio durante la época de la famosa Ley Seca a causa del conflicto bélico en que se encontraban los Estados Unidos.
Los Medias Blancas estaban con balanceado cuerpo de lanzadores comandados por el formidable Eddie Cicotte y un consistente y agresivo orden al bate en el que el estrella indiscutible lo era “Descalzo” Joe Jackson, un hombre de leyenda que conectaba batazos por todos los rincones del parque de pelota.
Ambos, Cicotte y Jackson, junto con otros seis jugadores de los Medias Blancas, y que ese año se ganaron el mote de “Medias Negras”, fueron expulsados del béisbol para siempre, porque las evidencias los confabularon con los apostadores, convencieron al implacable juez Ken M. Landis, alto comisionado del béisbol quien abrió una amplia investigación del caso.
Dos años antes, los Medias Blancas conquistaron el banderín de la Liga Americana y batieron a los poderosos Gigantes de Nueva York cuatro juegos a dos. Joe Jackson fue el factor determinante de su equipo al conectar en el clásico siete imparables y anotar cuatro carreras. El “Descalzo” era un ídolo en Chicago y los fanáticos de todas las edades lo adoraban.
La expulsión de Joe del béisbol, decretada por el juez Landis, ordenaba que se borrara su nombre de la historia de ese deporte, por lo que sus números desaparecieron de los libros de récords. Solo se han podido recoger datos que se refieren a las dos series mundiales en que participó. Eso en el orden oficial, porque extraoficialmente, muchos cronistas norteamericanos han escrito la historia del fabuloso pelotero e incluso se han se han filmado películas en las que el “Descalzo” es el personaje central.
Los aficionados de la “Ciudad de los Vientos”, nunca aceptó completamente que el excelente pelotero haya votado los partidos de la serie mundial de 1919, la que por cierto inició un corto período con la modalidad de su origen en 1903 año en que se programó la serie de nueve juegos, obteniendo el triunfo el primer equipo que alcanzara cinco victorias. El nuevo intento de nueve juegos para ganar cinco solo duró tres años (1919, 1920 y 1921), nunca más se ha vuelto a intentar para bien del béisbol.
Hay justificadas razones para que los fanáticos de Chicago y de gran parte de la Unión Americana se resistan a aceptar la culpabilidad de Joe Jackson y hay quienes piensan que el béisbol cometió con él una injusticia. Juzgue el lector de la actuación del jardinero de los Medias Blancas y trate de ser un juez imparcial y justo a 75 años de distancia.
En esa mal recordada serie mundial de 1919, que finalmente ganaron los Rojos de Cincinnati cinco juegos a tres, Joe Jackson conectó doce imparables y alcanzó el alto porcentaje de 375 puntos. Ningún otro jugador de su equipo ni el del equipo triunfador conectó igual cantidad de hits que el “Descalzo” ni tampoco lograron un porcentaje similar.
En el segundo partido, conectó tres inatrapables en cuatro veces al plato, lo que le dio un fabuloso porcentaje de 750 puntos. En el tercer juego conectó de tres dos para un 666 de promedio y en los juegos seis y siete bateó de cuatro dos para 500 de porcentaje. Todavía en el último partido, conectó dos hits en cinco veces al bate para cuatrocientos puntos y anotó dos carreras.
Cientos de jugadores considerados como estrellas del béisbol quisieron tener una actuación como la que tuvo Jackson en la serie mundial que lo expulsó del deporte de por vida.
Uno se pregunta, si realmente se vendió a los apostadores y aún así tuvo una impresionante y fabulosa actuación en el Clásico que habría pasado si no se hubiera entregado en manos de la mafia. Una cosa es totalmente cierta: Fue un jugador de talento, tan bueno como el mejor de cualquier época.

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