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Al Simmons… Jardinero Magnífico

AQUELLOS TIEMPOS.-

Escribe: Miguel Ángel Genis Guzmán.-

simmons

Nunca será un buen bateador dijeron los conocedores del rey de los deportes y los buscadores de talento cuando a principios de la década de los veinte vieron jugar al fortachón novato Al Simmons que desforraba pelotas en los equipos llaneros de su ciudad natal Milwaukee y sus alrededores. No es lo mismo batearle a muchachos inexpertos que a los experimentados lanzadores del béisbol organizado agradaban, luego de observar su estilo de parearse en el plato, poco recomendable para chocar la pelota con fuerza y consistencia.

Pero los directivos de los atléticos de Filadelfia no pensaron igual y siguieron observando al fuerte prospecto a quien finalmente llevaron al equipo grande en 1924, cuando Simmons cumplió 22 años de edad. Y no se equivocaron, el sensacional jardinero se convirtió rápidamente en un consistente y explosivo bateador que formó parte del excelente equipo que armó Connie Mack en esa época y que les valió estar en la serie mundial en 1929, 1930 y 1931, destronando a los Yankees de Nueva York del pedestal supremo de la Liga Americana, a pesar de que este club tenía en su alineación a los dos mejores bateadores de aquellos tiempos considerados como el mejor uno dos en toda la historia del beisbol: Babe Ruth  y Lou Gehrig.

Simmons Formó parte del fabuloso Atléticos que tenía entre otros a estrellas como Jimmie Foxx, Mickey Cochrane, George “Mula” Hass, Jimmie Dykes, Bing Miller, Max Bishop y los formidables serpentineros Robert “ Lefty” Grover Y George Earnnshawm que acompañaron a Filadelfia en las tres series mundiales de referencia.

Este equipo realizó una de las hazañas más fabulosas de todos los tiempos del rey de los deportes y dejó establecido para siempre, un precepto beisbolero  que parece cobrar vigencia cada vez con más fuerza y que tal vez, no haya fanático del beisbol que no haya disfrutado más de una vez de sus emociones; nos referimos al famoso “Lucky Seventh”, el popular inning de la suerte.

Eso sucedió en 1929, año en que Simmons produjo 157 carreras y llevó a los Atléticos a la serie mundial para enfrentar a los Cachorros de Chicago en un clásico de octubre que los aficionados al rey de los deportes no han olvidado y que siempre que se hable de los grandes sucesos de este deporte habrá de mencionarse.

La serie se inició en el Wrigley Field de Chicago y los dos pupilos de Connie Mack tomaron rápidamente la delantera al ganar los dos primeros encuentros para llegar ante sus fanáticos de Filadelfia con una cómoda ventaja que ya festejaban sus seguidores, pues pensaban con razón, que si en casa ajena habían salido victoriosos, más fácilmente lo harían en el Shibe Park, casa de los Atléticos que registró un lleno impresionante en el tercer juego.

Pero los Cachorros no estaban vencidos y se levantaron de la lona para derrotar a los tremendos “elefantes blancos” en el tercer juego con anotación de tres carreras a una. Al día siguiente, la fanaticada desesperada, veía como sus queridos Atléticos caían ocho carreras a cero al llegar a la séptima entrada. Con el casi seguro triunfo de Chicago, la serie se empataría y al regresar más tarde al Wrigley Fiel con unos cachorros crecidos, la ventaja estaba de parte de este equipo que empezó el clásico perdiendo los dos primeros partidos… Pero, Ahí se escribió la historia.

Al abrir el cierre del séptimo inning, Al Simmons dio nuevas esperanzas a los aficionados al conectar tremendo cuadrangular por el jardín izquierdo, el escore se ponía ocho carreras a una, y con ello se rompía el maleficio que tenía contra la pared al equipo de Filadelfia. Como si los jugadores de casa estuvieran esperando una señal para empezar un despiadado ataque, todos respondieron y, cuando terminó la entrada, los Atléticos ganaban por diez carreras a ocho. Esa fue la anotación final de ese memorable encuentro ¡Filadelfia anotó 10 carreras en la séptima entrada!.

Los Cachorros nunca se levantaron de esa derrota y cuando estaban a punto de emparejar los cartones a dos juegos, se pusieron atrás tres juegos a uno y al siguiente día cayeron casi en la misma forma al ir ganando dos a cero y dejar que los Atléticos hicieran tres carreras en el cierre de la novena.

Desde entonces y para siempre, la séptima entrada se ha convertido en el inning de la suerte, y en la mayoría de los estadios los fanáticos se ponen de pie al llegar el juego a estas alturas, porque esperan que algo espectacular y emocionante suceda, sobre todo cuando el juego está reñido o cuando el equipo de casa va atrás en la anotación.

Al Simmons fue dos veces campeón bateador de la Liga Americana, en once temporadas seguidas bateó arriba de 300 puntos y empujó al plato más de cien carreras. Durante su brillante carrera en la gran carpa conectó 307 cuadrangulares y al retirarse dejó un impresionante promedio de por vida de 334 puntos. En 1939 jugando con los Rojos de Cincinnati volvió a la serie mundial para enfrentar a los Yankees de Nueva York, equipo que los derrotó en cuatro juegos al hilo.

El magnífico jardinero nació el 22 de mayo de 1902 en la ciudad de Milwaukee y murió en ese mismo lugar el 26 de mayo de 1956. Ingresó al Salón de la Fama de Cooperstown en 1953. Está considerado como uno de los mejores jardineros de todos los tiempos.

 

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