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IMPUNIDAD ELECTORAL

NOTICIAS DIVERSAS.-

Escribe: Héctor Barragán.-

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Luego de construir la pesada burocracia para sustentar la supuesta democracia, resulta que no hay rigor en la aplicación de sanciones para los delitos electorales, o que habiéndolas, los castigos se omiten o al menos, generosamente se reducen a nivel risibles, de manera que seguirán cometiéndose infracciones y delitos por transgredir las disposiciones en la materia electoral.

Podría pensar mucho que no tiene importancia el perdón de las infracciones o la reducción drástica de los castigos, pero están equivocados.

Porque se trata de elegir a los mejores elementos para el gobierno, integrantes de los poderes ejecutivo y legislativo y no es inteligente permitir que comiencen su carrera o que la continúen, sobre bases falsas, porque se estaría permitiendo irregularidades y delitos antes de que principien su gestión, con lo que seguramente mejorarán sus marcas de anomalías, infracciones y delitos después, es decir, tal como se ha observado que ocurre.

Rebasar las cantidades autorizadas para las campañas se debe considerar delito grave y suficiente para anular una elección, porque se trata de que esos gastos sirvan para mover al electorado a favor del candidato.

De recibir dinero o facilidades de empresas extranjeras es todavía más grave, pero ante la sospecha de que se utilizaron en la campaña para una presidencia nacional, se olvidó pronto, ni se hizo investigación alguna.

Las autoridades electorales deben ser competentes y ante la menor sospecha de ineficiencia, ser sustituidas de inmediato, para no lesionar la voluntad de los votantes, que en México son los financiadores del proceso electoral, cualquiera que sea. Independientemente de la corrección de las irregularidades que hayan cometido.

Autoridades electorales que deben satisfacer plenamente toda inconformidad presentada, sin excepción.

DESPILFARROS.

Se tira el dinero en México como si sobrara, siendo lo contrario, que hace falta para cuestiones de importancia fundamental.

Sin contar con que no se cuida el patrimonio, cada vez menor, de la nación, como se demuestra en el documento y valiente libro de Jenaro Villamil. La caída del Telepresidente, de Editorial Grijalbo.

Se tratan de un documento pesado de leer por la abundancia de hechos y datos, sobre un manejo económico sucio y tendencioso para la privatización de los energéticos y además de la energía eléctrica, privatización en avanzado proceso, pero con preferencia a los capitales extranjeros.

Pocas ocasiones se encuentran documentos suficientemente y con toda claridad, mencionando a los principales directores de una administración nacional. Vale todo el esfuerzo desempeñado en elaborarlo y los riesgos, tanto como su detenida lectura. Despierta el espíritu patriótico, pero en las circunstancias actuales del mundo y sobre todo del país, sin horizontes visibles o viables.

Por otra parte, es evidente que la aplicación de tantos recursos a la prevención de la paz y control de la criminalidad no ha dado resultados, de manera que habrá que incursionar en otros medios de conseguir esos fines.

Otro medio de ahorrar para invertir en soluciones efectivas, es reducir drásticamente los desembolsos pro democracia, que no se puede lograr desde el gobierno, porque se construye por el contrario una dictadura.

Financiar partidos, pagar a candidatos, a ciudadanos con una credencial de identificación provisional (caduca en unos años, pero es obligatoria y al menos debe dársele la categoría de credencial de identificación permanente, que no les costaría sino unos cuantos centavos), con sueldos crecidos a institutos, tribunales, burócratas innecesarios.

Se crea apariencia de un país democrático sin que lo sea y está muy lejos de recuperar su paz.

PROBIDAD.

Significa ser riguroso en el manejo de los dineros y bienes ajenos dejados en administraciones a otra persona, palabra que no utilizaron dentro de sus promesas los múltiples aspirantes a cargos públicos, en la reciente carrera electoral. Tangencialmente se habló en ellas de la necesidad de ser honestos, palabra que no sustituye a la inicial, en tanto se refiere esta a la conducta, al recato, al comportamiento moral.

También se la suele sustituir con la palabra honradez, pero en su origen, este término tenía un significado muy amplio, que lamentablemente perdió seguramente con el uso y la comodidad de no pensar, pero fue en tiempos tan valiosos como para jugar la vida por conservarla, por proteger la honra, lo mismo en el nombre que en la conducta, de la persona y de su familia entera.

Pero la observación de la probidad abarca no solamente el respeto irrestricto y exacto de los dineros y bienes confiados o en custodia de una persona, no solamente que no se pierda un solo peso, sino que el resto se maneje con eficiencia, o sea, que se le da el uso más provechoso, no solo en rendimiento económico, si es el caso, sino en beneficios para la gente que es la dureza de esos fondos, cuando se trata de los empleados públicos.

Necesariamente por tratarse de gente importante, abarca la necesidad de que los colaboradores sean justamente los indispensables para el cumplimiento de la tarea, ni uno más ni uno menos, con lo que se recuerda que entre los empleados públicos hay muchos, algunos dicen que demasiados, que no realizan algo importante o que francamente no hacen nada. En estos casos, la responsabilidad recae, la culpa, en esos jefes elegidos, que deben restituir a la comunidad generadora de impuestos, del dinero tirado a la basura en personas incompetentes u holgazanas.

A los niveles superiores corresponde, fijar las percepciones adecuadas, evitar que los mandos superiores reciban cantidades que los hacen millonarios, mientras a los colaboradores, que son los ejecutores y conocedores del trabajo se les den salarios insuficientes y en ocasiones aún de hambre.

Primero los mandos superiores, compete, evitar que los empleados reciban o exijan remuneraciones adicionales a los contribuyentes o servidos, al público, a los proveedores, contratistas, porque de alguna manera significa y es un gravamen adicional a las contribuciones que ya vienen pagando.

Y porque se ha observado cuando los mandos superiores o los intermediarios, incurren en violaciones a la ética y a la probidad, pierden autoridad y no tienen tiempo de vigilar a los colaboradores que sigan el ejemplo de los malos funcionarios públicos.

Para los curiosos del lenguaje y la semántica, el delito de desempeñar un oficio por encima de la capacidad o habilidad, es decir por recibir un sueldo que no devenga, que no desquita, perjudica altamente a la administración y se llama sinecura.

Naturalmente que el despilfarro de recursos ocasiona su escasez para atender los problemas de la sociedad, por lo cual se recomendaría evitar todo desperdicio.

Como que las dádivas y todas sus formas, encarecen las obras y servicios que contrata el gobierno, conduciendo a que sea el pueblo, el beneficiario de las obras y los servicios, quien pague el costo adicional y financie los lujos de los supuestos servidores públicos. Algo semejante ocurre con los altos sueldos de los funcionarios públicos y particulares, que siendo excesivos, corresponderían en parte a los empleados de bajo nivel y servirían deben servir para que haya un mercado más poderoso.

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