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Utilizan su estupidez los consejeros del INE para reventar la elección de Coahuila

INE2

BAILE Y COCHINO.-

Por: Horacio Cárdenas.-

Quisiéramos olvidarlo, pero por esas cosas de la periodiqueada, estuvimos presentes para atestiguar una de las peores barrabasadas del sistema político a la mexicana, aunque tampoco es para quejarnos, pues aparte de servirnos de enseñanza, nos ha funcionado para arropar algunas notas a lo largo de los años.

Corría el sexenio de Eliseo Mendoza Berrueto, y era su secretario general de gobierno Felipe González, un abogado rupestre como solo Monclova los puede aventar al mundo. Pues al tal Felipe lo mandó su jefe a inaugurar el congreso nacional de matemáticas, que entre otros resultados, le atrajo a Saltillo el motete de “ciudad amiga de las matemáticas”, en su brillante discurso el funcionario estatal confesó lo obvio, que él como tantos otros, había estudiado leyes para no tener que entenderse con la aritmética, que igual como a tantos, “no se le daba”.

Está bien, cualquiera puede adornarse o emporcarse a su gusto, nada más que por aquellos años todavía era la secretaría de gobierno la que organizaba las elecciones estatales, como la de Gobernación las federales, ¿y que el mero mero contador de votos saliera con que a él los números se le complican?, pues como que no era la declaración más tranquilizadora que pudiera uno desear. Finalmente no pasó nada, en la elección de 1993 Rogelio Montemayor resultó electo sin mayores complicaciones, muy a pesar de la confesa incompetencia del árbitro electoral.

Mucho se había avanzado, o a lo mejor no tanto, desde el año 1988 y la grabada con letras de oro en los marmóreos muros del edificio de la democracia mexicana: “se cayó el sistema”, esa misma cuya paternidad niegan Manuel Bartlett y Diego Fernández de Cevallos. Para 1993 las oficinas de elecciones en el país funcionaban a la perfección, eran económicas, eran eficientes, lástima que adolecían de un solo y gran defecto, nadie creía en los resultados de los comicios, que salían al gusto, en la mayoría de los casos, del gobierno que organizaba las elecciones. De allí la idea de “ciudadanizar” y hacer “independiente” el proceso sucesorio, para lo cual se tuvo la burocráticamente brillante idea de crear un instituto federal y estatales para administrar la cuestión electoral.

Brincándonos los decenios transcurridos, y a la vista de los resultados de las elecciones en Coahuila y en el Estado de México, la pregunta que surge es ¿estamos mejor hoy con el Instituto Nacional Electoral, heredero del IFE original, que como estábamos antes en que gobernación se hacía cargo de todo?, la respuesta no es sencilla, por principio de cuentas, las elecciones que antes no eran baratas han llevado a México a tener una de las democracias más costosas del mundo, refiriéndose solamente a los gastos, pero si lo que examinamos es su confiabilidad, su eficiencia, la confianza que los electores tienen en la institución, que se traduce en urnas rebosantes de sufragios, termina resultando que estamos peor que entonces. Ah, y en el aspecto concreto de la aritmética, podríamos decir con absoluta certeza que Felipe González, nuestro rupestre Felipe monclovense, era un Pitágoras, comparado con las nulidades que en la actualidad se encargan de las contabilidades electorales.

Nosotros que detestamos el futbol, jamás hemos entendido ni nos hemos interesado por entender la manera en la que la suma de los partidos ganados menos los goles metidos, puede hacer que un equipo que gana, pierda, y al revés, uno que pierde y no mete goles, pasa a la siguiente ronda, pues así nos está pasando con la contabilidad electoral.

Antes, cuando lo que importaban eran los sufragios, el que tuviera más, ganaba y punto, nada había bajo el cielo más claro que eso. Ah, pero luego salieron con que no podía haber más votos que los que se habían impreso o de los que correspondían a cada elector en el padrón, entonces hubo que moderar el entusiasmo de los mapaches y otras subespecies que medran en los procesos electorales, que pecaban de exceso de celo a la hora de que los triunfos fueran incontestables.

¿Pero cómo y en qué momento la contabilidad de votos pasó a segundo plano y la atención de las autoridades electorales vino a centrarse en los dineros?, eso es algo que no nos queda claro a nadie. Que sí, por supuesto que podría haberse rastreado teóricamente una relación más o menos directa de inversión económica en campaña/votos obtenidos, pero aún en la época en que cada asistente a un mitin tenía derecho a camiseta, gorra, banderita, salero, calendario con la efigie del candidato, torta y frutsi, además de transportación desde y hasta su colonia o ejido, había campañas que costaban poco y generaban muchos votos, y otras que costaban millones y pasaban raspando o hasta perdían.

El financiamiento de las campañas políticas, sobre todo en México, siempre han sido y siguen siendo un auténtico agujero negro, uno que un físico de alta energía tendría problemas para medio explicar, y que para un “consejero ciudadano” del INE, de esos que apenas saben sumar los miles de pesos que se embolsan quincenalmente por su dizque trabajo, es simplemente incomprensible. Allí se compran lealtades, se hacen fortunas, se obtienen votos, se consiguen premios de consolación, se pagan favores, y un sinnúmero de cosas que poco tienen que ver con lo que se reporta o lo que los “sherlockholmes” contables del INE tabulan como gasto permitido o no permitido.

Es la clásica comparación con la punta del iceberg, lo que se ve es solo una mínima fracción de todo lo que giró abajo del agua en materia de dineros electorales.

Si las cosas fueran tan aritméticamente simples como para que hasta Felipe González las hubiera entendido, candidato que se pasara un peso del tope de campaña, está descalificado, pero esto debería aparecer como regla desde el principio del juego, téngalo por seguro que ni uno solo se acercaría al límite especificado ¿perder por los centavos?, para cualquiera menos para los consejeros del INE, eso es una estupidez, pero esa estupidez es la que están usando para reventar la elección en Coahuila.

El problema es que a los partidos, a los contadores de los partidos, les cambiaron las reglas una vez terminada la campaña, y eso no se vale, en ningún juego y en uno en el que hay tanto que perder como lo es el sucesorio, menos aún.

Todo el manoteo en torno a los dineros, como lo sospechan algunos comentaristas nacionales, parece que tiene doble intención, si no es que dedicatoria, sacrificar al candidato del PRI, no, al gobernador electo del PRI en Coahuila, para decir que el INE es de veras imparcial, y que no le tiembla la mano para castigar a la mano que le da de comer… A nosotros más bien nos parece que hay que aplicar aquella máxima política de no atribuir a la maldad lo que puede explicarse como mera estupidez, y en este caso concreto, aplica como pocos, estos cuates del INE están estirando a todo lo que dan sus quince minutos de fama, aunque sea exhibiendo su torpeza, su incompetencia y de que ni siquiera saben alinearse a lo que le conviene al país, al sistema político y a la democracia.

Por si fuera poco, le ponen porcentaje, al que se pasa poquito, lo perdonan, puede volver a jugar, al que se pasa mucho, a ese sí lo castigan, pues es muy malo… y no merece volver a aparecer en las boletas ¿pues qué mentalidad es esa del INE, copiada de la filosofía del célebre Layin de si robo, pero poquito, si me excedo en los gastos, pero poquito?

Estamos de acuerdo, hay que reponer la elección, pero sin IEC, sin INE, porque estos fulanos no saben ni contar.

 

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