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EL DESPRECIO PRESIDENCIAL AL GOBERNADOR ELECTO DE COAHUILA

BAILE Y COCHINO.-

Por: Horacio Cárdenas.-

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Si por algo se ha caracterizado Enrique Peña Nieto durante su gestión como presidente de la República, es por sus errores. No es que al mandatario mexicano se le pretenda coartar aquí el derecho que a todo el mundo le asiste, bajo el pretexto universal aquel de que errar es humano, por supuesto que lo tiene y se le respeta, si acaso lo criticable es haber más que usado, abusado de él, además de por supuesto, de caer en el segundo de los más grandes errores de la especie a la que pertenecemos, la de corregir una equivocación con otra más grande.

Si a eso le sumamos que desde que nació en pañales de seda tejidos en los telares de cintura de los indígenas al servicio de la clase caciquil del Estado de México, el Grupo Atlacomulco en pleno le hizo creer y sentir que era monedita de oro que la naquiza iba a admirar y adorar, tenemos el retrato de cuerpo entero de un personaje que se siente muy por encima del pueblo que gobierna e incluso de su generación, cuando la verdad es que su sentido de autocrítica, con ser tan limitado, es el flanco más débil que tiene, no solo él en cuando individuo, sino en su papel de cabeza de un gobierno, a toda su administración.

Sería inútil en este momento y no cabe en este democrático espacio, hacer un recuento exhaustivo de los errores garrafales que ha tenido Enrique Peña Nieto en cuanto a sus decisiones y en cuanto a las personas en las que deposita su confianza, que le han costado al país años de retroceso y hundirse en deudas, que hasta que llegaron al poder, estaban medio contenidas, pero además Peña es incapaz de descubrir la proclividad de sus cuates para la corrupción, quizá porque considera este como un rasgo cultural de los mexicanos, del cual ni siquiera él puede o quiere escapar, y de allí que en vez de buscar y elegir a los mejores hombres, escoge a los más parecidos a sí mismo, gracias a esta actitud el país está viviendo consecuencias terribles.

Solo para entrar en materia, de entre los errores más gordos cometidos por Enrique Peña y/o por el círculo cerrado de colaboradores que quieren protegerlo de cualquier cosa que pueda incordiar la tranquilidad espiritual del supremo gobernante, está el pésimo tratamiento que le dio la administración al asunto del Julión Álvarez, cantante según él de música vernácula, ¿Qué no hubo nadie en el primer círculo de achichincles del presidente que le advirtiera que este fulano estaba bajo investigación de la Procuraduría General de la República, o un poco más complicado pero no imposible, del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos?, de allí el resbalón de poner al mastuerzo este como el “non pelustra” ejemplo para la juventud mexicana… sí, de todos los que quieren de grande ser como los narcotraficantes que hablan los corridos esos que están prohibidos, o menos glamoroso pero también más seguro, de los lavadores de dinero al servicio de aquellos, de un solo plomazo en la pezuña, el titular del Ejecutivo y su camarilla echó por la borda toda la estrategia gubernamental para acabar con la “cultura del narco”, luego estuvo lo de la foto que se tomó el presidente en el Cañón del Sumidero con el mismo fulano, dando pie a la pregunta ¿y a que hora trabaja el mandamás, si se da tiempo en días y horas libres para andar payaseando haciéndole al turismo de aventura?, pero más, eso que todo el mundo vio con sorna, a la hora que truena el cuete, el diligente personal de comunicación social, imagen de la presidencia o como se llame la dependencia, lo borra, como si eso bastara para hacer como si nunca hubiera ocurrido, craso error, la gente, los internautas que están al alba, los enemigos del régimen, usted y yo, nos dimos cuenta de la intentona de tapar el error garrafal con otro peor.

Algo parecido ha ocurrido con lo de la descobijada que le dio el poder judicial brasileño a Emilio Lozoya Austin, el que fuera  hasta enero pasado director general de Petróleos Mexicanos, uno de los consentidos y de las mayores confianzas del presidente Peña, a quien le manejó parte de la campaña política. Si bien el presidente se ha cuidado de no declarar nada ni a favor ni en contra del cuate que ya había caído de su gracia, sí otra vez sus colaboradores se habían encargado de borrar del historial digital de la presidencia cualquier imagen donde aparecieran ambos en una situación que diera idea de algo más que el trato más distante entre superior y subordinado, otra vez, algo que no se cree nadie, pues sabido es, era, que eran mugre y más mugre, y que si se habían distanciado es porque otro de los “consen” Luis Videgaray, había sembrado cizaña que había fructificado al grado de cortar de tajo a uno de los que se aprecia como uno de los más ineficientes y corruptos funcionarios que ha pasado por una administración que se caracteriza por ambas cosas en grado superlativo.

Pero los errores en política son de pensamiento, palabra, obra y omisión, ¿Dónde hemos oído eso antes?, y el día de ayer para ir más lejos, circuló la nota de que el presidente había recibido a los gobernadores electos de Nayarit y el Estado de México con la mayor cordialidad, a lo que cabe preguntar ¿y el de Coahuila?, ¿y el de Coahuila por qué no?, al menos parte de la explicación podría ir en el sentido de que aquellos dos ya fueron liberados por el INE, el tribunal, la santa sede, y todos los demás, de cualquier impugnación, y son gobernadores solo en espera de asumir el poder, y Miguel Riquelme, su caso todavía está en examen en por lo menos una de las instancias, y hasta que no salga, pues no se le puede dar el tratamiento… pero eso es querer explicar lo que vimos, no es que sea lo más correcto.

Porque a querer o no, la presidencia, el presidente está mandando un mensaje de desconfianza para con el gobernador electo, para más señas el de su mismo partido. Sí, en días antes, en ocasión de la asamblea nacional del PRI, se difundió una fotografía en la que Peña Nieto saluda a Riquelme Solís, momento en el que algo se habrán dicho el uno al otro, pero ningún chismoso periodista estaba lo suficientemente cerca como para orejear qué fue lo que intercambiaron: si uno tranquilizó al otro, si este pidió seguridad o intervención al otro, si nomás se saludaron o se contaron algún chascarrillo, lo que fuera.

A la situación política en Coahuila un espaldarazo presidencial a Miguel Riquelme le hubiera sido bastante útil, no se dio, se notó el desprecio presidencial, quizá la cobardía o la falta de compromiso, por no hablar de interés para con lo que pasa con el estado y su tranquilidad política. Hombre, recibió a los de Nayarit y EdoMex, ¿Qué le hubiera costado recibir también a Miguel Riquelme?, en política el fondo es forma, dicen los clásicos, ¿tanto le costaba a la presidencia y quien la ocupa un gesto así?, digo, pero que lo del Julión o lo del Emilión, no hubiera estado y hubiera cumplido un objetivo importante, no ocurrió, y aquí seguimos.

Un comentario sobre “EL DESPRECIO PRESIDENCIAL AL GOBERNADOR ELECTO DE COAHUILA

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  1. A ver si ya actualizan las nlticias esa de la laguna se puede inundar es dr hace justo un año.En este 2017 esta lloviendo en la cuenca alta del Nazas y le estan derivando agua a los canales de riego qje pasan x la laguna el sacramento y tlahualilo.Pero x favor actualicense

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