fbpx

Otro muro

nogales

NOTICIAS DIVERSAS.-

Escribe: Héctor Barragán.-

El propósito de construir un muro que cierre la frontera norte mexicana es evitar el país el paso de mexicanos a los Estados Unidos, circulación que no ha podido contenerse a pesar de tantas personas, equipo, tiempo empleado y publicidad.

Tal corriente humana es incontenible, por la necesidad de empleo del que los mexicanos carecen, de manera creciente desde hace muchos años.

Supera en mucho la cantidad de trabajadores en la Unión Americana que sus empresarios contratan cada año, seguramente por la lentitud de trámites de las peticiones, por varios cientos de miles de personas al año. Ellos como consecuencia de que acostumbran muchos de ellos abstenerse de hacer trámites legales para poder pagar mucho menos de lo que les obligue las leyes. Es una manera de cubrir menos impuestos de los que seguramente les corresponde ya que sus utilidades aumentan.

A la demanda de trabajadores real que se aprecia hay que considerar que es alta, porque si ritmo en el crecimiento económico es más alto, comparativamente con el de México, que siendo insignificante ese crecimiento, se le suma lo reducido de su economía.

Adicionalmente, México es invadido por capitales extranjeros y acompañados de tecnología superior, que elimina cantidades considerables de trabajadores. Lo necesidad de nuevos empleos y mayores ingresos, se agudiza en la confrontación económica de las dos economías.

Y volviendo a tratar de muros, los famosos de la China y Alemania, no llegaron a cumplir su cometido, ante la necesidad real de transponerlos. Sirvieron y solamente en parte, durante su existencia.

Pero un prominente político norteamericano insiste en la necesidad de construir uno nuevo, con el pretexto de impedir el paso de delincuentes a su país, que posiblemente tengan necesidad de acceso algunos de ellos, pero por supuesto que una minoría insignificante, a lo que añade que quiere controlar el  comercio de drogas y estupefacientes.

Llama la atención que, con la urgencia que tiene de construir la muralla, no consiga los medios económicos para llevarla a cabo y repita que la deben pagar los mexicanos.

En primer lugar, la quiere en territorio norteamericano, donde nada tenemos de hacer los de aquí, por lo que no habrá que pagar nada por ella.

En segundo, sería doloroso hacerlo, por tratarse de tierras que fueron invadidas y adquiridas ilegalmente por los norteamericanos en condiciones que desautoriza el tratado internacional, el derecho internacional condena. Se firmó el tratado de Guadalupe Hidalgo en su país ocupado militarmente, supuestamente legalizado por quienes tenían que hacerlo.

Y eso de pagarlo, con impuestos a las remesas de los trabajadores mexicanos que envían a su país, es criticable acremente desde varios puntos de enfoque.

Los trabajadores mexicanos, han estado al servicio del pueblo y la economía norteamericana, algunos por 15 y muchos más años.

Han sido contribuyentes a su producción y sujetos de consumo por largos períodos, durante los cuales contribuyeron con su pueblo y su economía, pagando los impuestos de reglamento y leyes.

También han pagado el tributo de los malos tratos, la discriminación y la paga escatimada, sus derechos igualmente escamoteados de muchos de sus nacionales, viejos invasores de mala memoria, derechos y tratos que no son negociables, pero no son sencillos de olvidar ni de comenzar.

Dificultar el acceso a los trabajadores mexicanos no impedirá el paso, como sus empresarios los requieren y habrán de facilitar el tránsito, pero costará mucho más contratar los servicios de los traficantes y servirá para que los empresarios reduzcan sus erogaciones por el trabajo de los que consiguen penetrar.

Independientemente de lo absurdo que parece construir una muralla en estos tiempos, dicho lo inútil e impráctico, resulta abusivo tratar de hacer cubrir su costo a los trabajadores mexicanos que han pagado sumas millonarias de dólares de impuestos al gobierno norteamericano, contribuidos a su enriquecimiento gigantesco durante varias décadas.

Quizá hasta resulte absurdo considerarlo posible en un marco jurídico y fiscal.

De manera semejante, al gobierno mexicano, en su condición de colonia económica  empobrecida por el neoliberalismo promovido por Norteamérica le resultaría difícil costear una obra semejante. Sin contar que parte del costo administrativo con toda comodidad procuraría el Presidente Trump canalizarlo a su presupuesto vecino.

PROBLEMAS DERIVADOS.

De la política nacionalista, exclusivista de la actual administración pública norteamericana o simplemente instigada por su presidencia, deriva otro problema, el de los jóvenes denominados dreamers, soñadores, estudiantes y trabajadores, hijos de inmigrantes ilegales, pero muchos de ellos nacidos en aquel territorio, a quienes se prohíbe continuar con sus estudios y actividades productivas.

A pesar de que se haya invertido en ellos para educación y que aportaron riqueza a ese país, se les priva de la posibilidad de desarrollarse en Estados Unidos, para su propio beneficio, de sus familias y de aquel país.

Salta a la vista los sentimientos dominantes, de viejo cuño, como son la violencia y el xenofovismo, que tan nocivo han resultado para la humanidad y su desarrollo. Movimiento en que solo unos cuantos se han beneficiado, con el daño irreparable para millones de seres.

Seguramente se trata de un defecto, una imperfección fundamental en el desarrollo cultural de la humanidad, que saliendo a la luz pública, la propia sociedad habrá de depurar, tal como ha hecho a lo largo de su historia.

Pero otro problema y más complicado, es el de la inclinación humana al enriquecimiento, a la acumulación de medios económicos, de propiedades en exceso, superando considerablemente los límites del problema necesario patrimonio para sobrevivir en lo futuro, cuando no se tengan condiciones de trabajar.

Porque ese congelamiento patrimonial de bienes materiales, propiedades, cosas valiosas, son riqueza generada por la sociedad (no por un individuo) que se requieren para el funcionamiento de una economía.

Se asegura que la concentración de la riqueza y el ingreso, consecuentemente, son mayores en los países en desarrollo que en los industrializados, a pesar de que y por encima del hecho de que los países desarrollados reciben parte importante de los ingresos generados por los pobres, en la forma de utilidades servicios bancarios o mercancías que por necesidad les compran.

La dificultad de disponer de recursos para pagar el muro, por ejemplo es más patente, si se considera que los países dependientes lo son financieramente por supuesto, pero también como defic9ientes en su producción de alimentos básicos, tanto como productos industrializados y los de moderna tecnología, entre tantos que integran la balanza comercial y la de pagos.

Está por resolverse si modificar o eliminar el TLC,  el tratado comercial, pero quedan pendientes de solución asuntos como el tortuguismo norteamericano en acatar acuerdos como el del libre tránsito de camiones en ambos países, eliminación de las trabas al comercio de atún mexicano, trabas burocráticas y falseamientos de críticas.

Pero fuer de ello y posiblemente del tratado, la diplomacia mexicana debe exigir la prohibición del contrabando de armas a México, al menos con la eficiencia con que controlan el paso de ilegales, con objeto de reducir la inseguridad provocada por las armas y el negocio de estupefacientes, prohibido por su elevada demanda estadounidense.

De ambas situaciones la responsabilidad es norteamericana, primero por facilitar el negocio de sus nacionales y segundo no evitar el comercio ilegal.

 

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Powered by WordPress.com. Tema: Baskerville 2 por Anders Noren.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: