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Las pobres recomendaciones de Fox

Noticias Diversas.-

Escribe: Héctor Barragán.-

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Sin duda que el ex Presidente Vicente Fox tiene razón en recomendar la reducción del financiamiento a los partidos políticos, al considerar que hay muchos otros renglones donde invertir con mayor inteligencia, que en cultivar una democracia que no se alimenta con dinero, sino con ideas y conceptos.

Pero su recomendación resulta pobre, usando la fundamentación de su propuesta es un mejor destino para los fondos que el pueblo suministra y por definición, le deben ser devueltos con creces al propio púbero, sobre todo al más necesitado, desvalido y es limitada porque no se debe asignar recurso alguno a ese fin.

El ex mandatario debe guardar conciencia de que la nómina burocrática es demasiado amplia, se distribuye entre millares y millares de funciones, parte importante de las cuales carece de justificación suficiente. Para comenzar, todo lo que se relaciona con las elecciones y la anhelada e ideal democracia.

Para estimular la votación y con ello contribuir de manera efectiva a la participación ciudadana en las elecciones y finalmente a la soñada democracia y eficiencia política cuando se logran los mejores resultados de la inversión y gasto público, es procedente otra medida bastante más ingeniosa.

Es la encontrada en el Diario de Coahuila de octubre 4 bajo la pluma del editorialista Leo Zuckermann.

La proposición original corresponde a Felipe Daniel Ruanova Zarate y consiste en que, terminada la elección. El instituto Nacional Electoral, mientras se considere totalmente indispensable, lleva a efecto un sorteo, o quien disponga de medios para hacerlo, sorteo de equis millones de pesos para un primer premio, digamos 10 de 10 millones con primero; aunque el promovente habla solamente de uno de 100, demasiado elevado; 100 de un millón, mil de 100 mil y 100 mil de mil pesos, para llegar a 600m millones según sus cuentas. Tal modelo para elección Federal de Presidente y de acuerdo con este, las elecciones menores, estatales y municipales.

El atractivo está ofrecido y el interés general también, por lo que sería más sencillo hacer llevar a los votantes las características de los valientes que quieren llegar a SERVIR AL PUEBLO.

La carga más pesada la llevarán los diputados encargados de rediseñar las leyes que permitan la eliminación de los susodichos subsidios tras los trámites necesarios, así como resolver el gravísimo problema que se contempla desde la Presidencia nacional, cual es el peso económico y administrativo de la burocracia sobre las finanzas nacionales y la reducida capacidad de maniobra por la pobreza presupuestal.

También habrá de considerar para un futuro cercano, la reducción de la nómina del legislativo, cuyo número dificulta los estudios y soluciones a los problemas de generación de leyes adecuadas, comprensibles, sencillas de supervisar a su aplicación o cumplimiento.

Y probablemente la prosecución del proceso depurador de la administración pública, para liberar miles de personas hacia actividades donde su capacidad sea más productiva y benéfica para la sociedad.

Vale decir que la propuesta del ex presidente no fue eliminar el apoyo a los partidos, sino solamente que se redujera, pero la verdad completa es que no se justifica su existencia, ni tampoco la carga financiera de las tareas electorales a la sociedad.

Tantas buenas intenciones y debidamente fundamentadas se expresan, que se duda vaya a presentarse un cambio de actitud, sin tomar en consideración las experiencias de otros países, donde, con similares carencias, recursos y sobre todo gente, han conseguido superarse y en el curso de poco tiempo. Otros donde la tarea constructiva la han mantenido por decenios, consiguiendo triunfos en todos los órdenes, culturas, científico, justiciero.

Donde se encuentra el mayor escollo para el avance, a pesar de todos los discursos y predicas, es en la injusticia económica, la brutal diferencia entre los dueños de la riqueza, unos pocos y los poseedores de las carencias que son millares. Los ricos no se han percatado que lo serían más sin menoscabo de su situación, compartiendo más, aunque quizá trabajando un poco más, y ganando mucho con mayor clientela.

Y la fórmula en realidad es s encilla, se encuentra en los salarios, no escatiman el precio de los servicios, con lo cual los pobres serán mejores clientes y a mayor plazo, serán muchos menos los pobres.

No es mala voluntad para los legisladores, sino buena para los pobladores, partiendo del principio de que, según habrá observado el diputado Fox durante sus 3 años de representante, que la gran mayoría de sus colegas jamás tomó la tribuna ni aportó algo significativo, lo cual es una injusticia y un despilfarro, habiendo tantas cosas importantes que tratar y tantas cuya atención cameral no se justifica.

Igualmente en las dependencias gubernamentales de los distintos niveles, habrá observado y quizá sufrido el exceso de personal, junto a la ausencia de atención rápida y eficiente que sería legítimo esperar. Esto es, el sobrante de personal, principalmente al desatención e ineficiencia correspondiente a la mala remuneración y poca relevancia de muchos de los trámites.

A un pueblo jugador como el mexicano, le resultaría interesante el tal sorteo electoral y sus derivados, sobre todo cuando no tiene que arriesgar un solo peso y razonablemente esperaría millones. Y sin embargo esa voz autorizada que recomienda ahorrar, no se manifestó en su tiempo y facultades a favor de los medios de recuperar el orden para el país, si alguna vez lo disfrutó, la honradez que parece adornar a un buen número de importantes personajes de la vida pública mexicana, pero adornar por su notable ausencia, como consecuencia de la irresponsabilidad en primer tiempo, pero en segundo por ser solapada por la tradicional impunidad nacional.

En cuanto a su cruzada a favor de legislar el uso y comercio de algunas drogas, resulta interesante y probablemente le asista la razón de reducir las prohibiciones en lugar de aumentarlas y complicar con leyes y reglamentos la impartición de la justicia.

Más seguramente perdió mil oportunidades de mejorar las cosas en este país, porque con la tribuna que sostiene, seguramente trascenderá mucho menos de lo que espera.

En lo que decididamente está equivocado en compañía de tantos presidentes y voceros, es la esperanza de que el capital extranjero resuelva los problemas de México. Seguramente llegará como lo ha hecho tantos años, buscando oportunidades de rendimientos gigantescos, a partir de los recursos naturales baratos y de la mano de de los mexicanos a precio de ganga.

Seguirá con el liberalismo y sus variantes el afán de enriquecimiento creciente de quienes ya poseen los medios, a costa de la pobreza y miseria de otros, sin detenerse jamás a considerar que los mejores clientes con los que disponen de recursos; que los mejores trabajadores son los bien alimentados y que han recibido y aprovechado las instrucciones, la educación y conocido y disfrutado de las manifestaciones de la cultura.

En  ninguno de los mandatarios recientes se ha conocido su interés de acabar con la deuda pública, sino todo lo contrario; claro que sabrán que comenzó con el préstamo por cierto absurdamente leonino, contraído para financiar los lujos de la instalación del primer imperio mexicano, el de Iturbide, es decir, nació con la patria mexicana.

Y en años pasados hubiera resultado barato deshacerse de la deuda y su pesada carga de costos y compromisos inherentes, pero había y habrá personas interesadas en negociar con dinero ajeno, para el beneficio personal.

Por cierto el hubiera no existe, nunca sucedió ni habrá de pasar, para los curiosos lo encontrarán en una vieja gramática, en la conjugación, en el modo subjuntivo y en el pretérito pluscuamperfecto.

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