Los deportes, el gran negocio

NOTICIAS DIVERSAS.-

Escribe: Héctor Barragán.-

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Siguiendo la adicción por los deportes, las transmisiones desde los Estados Unidos muestran a los estadios llenos de aficionados, abarrotados por decenas de miles de personas prácticamente en todo evento del deporte y en cada ocasión indican el número de asistentes y los precios por localidad promedio, las máximas. Se aprecia entonces que su organización es eficiente, el aprovechamiento de las instalaciones es completo y les reditúa millones de dólares cada vez.

Se difunde también que las ventas de bebidas y alimentos son cuantiosas, así como de banderines, escudos, fetiches, ropa de los equipos y de los ídolos, que significa otra derrama millonaria.

Sin que falte el provecho que obtienen los organizadores de las televisoras y otros medios comunicadores, con lo que se permiten contratar figuras de los espectáculos para la armonización de los partidos y estrellas del deporte, también con cifras incalculables en dólares.

Por supuesto que cada actividad de los vecinos tiene que generar utilidades y muy considerables y para lo cual son expertos y cuentan con especialistas en todas las ramas concurrentes, particularmente los publicitas que interesan por los eventos y por las repercusiones que las transmisiones puedan generar en el mercado de sus productos.

Sirva de estímulo y de modelo lo anterior para la generación de tantos empleos como México necesita, con los niveles elevados de sueldos que puedan producir y holgadamente, pero la multiplicación de actividades alrededor de la principal, es parte del modelo que se buscará aprovechar… antes de que se vuelva tan atractivo como para que lleguen a tomarlo los extranjeros y desplacen a los nacionales, como ha ocurrido en tantas de las actividades económicas del país.

Sin embargo existe una actividad previa, igualmente atractiva y básica, como es la preparación de las figuras destacadas del deporte, como serían escuelas integradas por especialistas en la rama, además de la administración y supervisión de programas t actividades, cuidadosos de la selección de los mejores elementos y la preparación de los menos aptos a niveles convenientes.

Los gobiernos locales a nivel colonias y las escuelas pueden contribuir a aportar sus mejores aspirantes, evitando las actividades antisociales de los jóvenes y procurando la promoción de los que se vayan seleccionando para los lugares profesionales.

Los directivos  de tantos centros como deberá haber, pueden ser deportistas retirados, enamorados todavía de la actividad, que serían los juzgadores más efectivos del desarrollo de cada centro y del intercambio y confrontación entre ellos, para aclarar el profesionalismo y la calidad deportiva.

Se generarán sitios de preparación técnica y profesional para los que gustan tomarla disciplinadamente a efecto de ejercer actividades productivas económicamente suprimiendo a vándalos y gasfiteros que tan molestos y caros resultan a la sociedad y a su gobierno.

Es recalcar que la política económica de cualquier país, contra la que cultivan los neoliberales tecnócratas, es aprovechar sus recursos y su mano de obra, si tienen el propósito de hacer de hacer de su país un ejemplo de progreso y justicia, con lo cual concuerda absolutamente el pensamiento de Franklin D Roosevelt ex presidente en la siguiente frase:

“Había pasado ya definitivamente la época de la explotación de los recursos y del pueblo de un país, para beneficiar a un grupo de otro país” que difiere de la voluntad de dominio que afirma el triunfo hasta de los más democráticos, pero coincide con la política de los poderosos, particularmente desde hace lo menos 4 décadas. La frase presidencial fue pronunciada en Monterrey N. L. por los años de 1942, según consignó en su libro Equinoccio Jaime Torres Bodet en la pagina 313.

LEYES JOCOSAS.

No se trata de la hecha en México, que pueden provocar hilaridad por lo inocentes, que nunca se van a aplicar o que den miedo de que vayan en serio; ahora se trata de curiosidades, como son las leyes de Morphy.

Cuando todo está arreglado para que algo salga bien, resulta mal.

Si se esperan calamidades, se presenta la peor.

Cuando todo parece estar bien ocurre la catástrofe.

Si la máquina se descompone, la pieza de repuesto necesaria es la que no tienen en existencia.

Cuando se pincha la llanta, la de repuesto está sin aire.

FARSA ELECTORAL.

La tremenda estructura electoral, una de las más costosas del planeta, resultó tan obscura y sospechosa como las viejas prácticas simplistas de mediados del siglo pasado.

Los resultados se podían prever antes de iniciadas las igualmente onerosas campañas electorales de candidatos que se suponía, nuevamente, capaces y bien intencionados, pero los ganadores si no fueron los mismos, tenían que ser incondicionales.

El pensador popular supone que así tiene que ser para que les cuiden las espaldas, o que participan en el mismo género de intereses.

Aparentemente es lo mismo de siempre y sirvió para probar fuerzas y amacizar el triunfo en el próximo 18.

DESGASTE INSTITUCIONAL.

Fuertemente criticado el político que dijo no creer en las instituciones, seguramente porque conocen el ideario, los buenos propósitos que les dieron origen, pero que con el tiempo se han ido perdiendo.

Quien tenga la curiosidad necesaria, podrá consultar, por ejemplo al declaración de principios de los partidos políticos, la limpieza de objetivos y metas, su hondo humanismo y sanas ambiciones, de manera que cuando alguien se inicia y los conoce siente un legítimo y gran orgullo de formar parte de esa institución en la que podrá contribuir a la gran obra.

Sin embargo, pocos recuerdan tales principios y otras instituciones desvirtuaron a todos ellos, al permitir alianzas y componendas que conducen a pensar que las alianzas son solamente para ganar, ocupar el poder y quitárselo a los demás, pero en el fondo el plan fue conservar el poder y su modo de ejercerlo.

Y lo mismo ocurre con las instituciones de seguridad social, los proyectos de ley, organizaciones productivas y de servicio. En su inicio la actividad es intensa y se reciben las experiencias, valores y enseñanzas de los fundadores y de los más avezados.

El simple caso del tiempo produce el desánimo, lo mismo que los fracasos, las injusticias, los favoritismos, envidias y desgastan los esfuerzos y producen indolencia y falta de honradez.

La indolencia de algunos elementos la multiplica a la institución, la falta de honradez igualmente, sobre todo a partir de los mandos y la burocracia se generaliza, nace la extorsión y finalmente los objetivos primarios se olvidan.

Los beneficiarios del proyecto original, se desmoralizan y dejan de creer y por supuesto confiar en las instituciones, aunque no sean sino unos cuantos los que desmerecen la pertenencia o formar parte de ella.

Hacen falta permanente los mandos llenos de ciencia, vitalidad, entusiasmo por engrandecer y sostener la institución, en vez de los distraídos en intereses personales, beneficiarios personalmente del organismo y obtener beneficios económicos, dádivas, atenciones.

 

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