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“LO TENGO TODO”… MENOS LO MÁS PRINCIPAL

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Isidro López Villarreal con Carlos Orta.

BAILE Y COCHINO.-

Por Horacio Cárdenas.-

Dicen que el que avisa no es traidor… bueno, esa es una manera muy particular de ver las cosas a conveniencia, y encima sentirse con la conciencia limpia y hasta valientes. Hay otra forma de plantear lo mismo, esta tomada de aquellas viejas películas de samuráis: el que gana no es traidor… pues no, ¿Cómo va a serlo si se convierte en el nuevo líder?, así sea pasando por encima del cadáver, la honra o lo que sea del que lo cobijó, lo procuró, poco menos que lo inventó, y que sintiéndose mejor que él, se avienta a luchar contra su antiguo protector, queriendo defenestrarlo usando la información que tiene desde adentro.

Pues bien, esta clase de cosas son de lo más común que hay en la política a la mexicana, y también en la política estatal, donde algunos gustosos de las peleas de gallos estarán disfrutando desde atrás de su taza de café descafeinado, descremado y desazucarado el espectáculo que está dando Carlos Orta Canales, al anunciar su pretensión de contender contra Isidro López Villarreal, y para el caso contra cualquier otro correligionario que se le plante enfrente, para hacerse primero de la candidatura del Partido Acción Nacional, y luego de la presidencia municipal de Saltillo.

Carlos Orta ha sido un grillo de cierto respetillo entre la clase política de derechas en el Estado. Fue regidor de la capital por su partido, donde se hizo famoso por hacer amplio uso y abuso de los seguros de gastos médicos mayores para hacerse reparar la dentadura, lo cual puede ser entendible si se piensa que la sonrisa es para algunos politiquillos su principal activo… pero aparte de la anécdota, también se le recuerda como diputado local y como presidente del Comité Directivo Estatal del Partido Acción Nacional, donde como siempre, pasó de noche, toda vez que el PAN coahuilense sigue siendo visto desde el centro del país como la piedra bajo la que se refugian los moluscos sin concha que decía Luis Felipe Bravo Mena, un espacio donde mal conviven los grupos de poder, que se odian entre sí más de lo que odian a cualquier otro partido, facción o ideología política.

Durante la gestión de Isidro López como presidente municipal de Saltillo, a Carlos Orta se le concedió la dirección de Desarrollo Social, considerada desde siempre, y en todos los gobiernos, como el puesto desde el que mejor se pueden proyectar las pretensiones políticas de alguien. ¿y cómo no iba a ser así, si desde allí se reparten los “apoyos” para los simpatizantes del régimen y a quienes se quiere convertir en prosélitos?, el ganón de la política asistencialista suele ser, más que el mismo gobernante, su director de desarrollo social, quien cual Santa Clos, vuela de ejido en ejido y de colonia en colonia repartiendo despensas, tinacos o lo que sea, inversión que se espere redunde a la hora en que se inscriba el nombre del funcionario en la boleta electoral.

En un par de ocasiones nos tocó ver la consideración y deferencias que tenía Isidro López por su empleado, Carlos Orta, quien se daba su taco y ponía a prueba la paciencia de su patrón, llegando tarde a los eventos. Increíble: Isidro no solo no se enojaba, no le llamaba la atención, no lo metía en la congeladora, vamos no lo ponía de patitas en la calle allí mismo delante de todo el mundo para escarmiento del resto de su séquito o para que el pueblo viera que tenía puño de hierro; nada de eso, Isidro decía ¿no ha llegado Carlos?, voy a dar una vueltecita para darle tiempo a que llegue… y aquel llegaba como si de la virgen envuelta en huevo se tratara, haciendo gala de una actitud que en nada cuadra con lo que se piensa normalmente de alguien a cargo del área de desarrollo social, ¿usted cree que le pidió disculpas a su patrón por haberlo hecho esperar?, claro que no, si parecía que los papeles estaban invertidos, que el jefe era empleado y el empleado emperador.

Cuando Carlos Orta dejó la Dirección de Desarrollo Social del municipio se publicitó a sí mismo como que iba a una posición privilegiada en la pre pre precampaña de Margarita Zavala de Felipe Calderón a la candidatura del PAN a la presidencia de la República. Según, él y no otro, con su sonrisa de cien mil pesotes pagada por los saltillenses, era el estratega que lograría para Margarita el respaldo del resto de los aspirantes a la candidatura, fuera por la buena o por la mala, a la figura de la exprimera dama se tendrían que sumar los Moreno Valle, los Ricardos Anaya, los todos los demás, pero no, entre que en el PAN no respetan a nadie, “haiga sido quien haiga sido”, la necia prisa de Margarita y la nula efectividad de sus achichincles, entre ellos Carlos Orta, allí tiene lo que todos tenemos sabido, la que terminó chispándose, todavía antes del proceso interno, fue la que iba primera en las encuestas.

Como los meros machos… a la hora que se escinde el PAN, el primero que abandona a la dama en desgracia es… Carlos Orta Canales, quien examinando fríamente sus posibilidades: que Margarita consiga primero las firmas y luego que gane la elección para hacerlo su Gran Chambelán del Imperio o algo así, o regresarse a la tierra del sarape a patear el pesebre, mordiendo la mano que le dio de comer, para más señas la de Isidro López, su anterior patrón al que según él, puede vencer en la interna y recuperar para el PAN la alcaldía, se decidió por la segunda.

Dice Orta que él lo tiene todo para vencer a Isidro, pues ponga que sí, pero como dice el corrido, solo le falta “lo mero principal”, que es a saber, lealtad. Carlos no ha sido leal con los saltillenses, con los panistas, con las damas, con Margarita y el panismo calderonista, que no lo sea con Isidro su ex patrón, o sin el ex, no es que digamos la mejor carta de recomendación para este gallito dientón que quiere ser alcalde de Saltillo.

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