¿Y La Coneja?

“…mientras la clase política pelea sus batallas en otros frentes, la pobre Coneja se pudre en el penal de Chihuahua,”

BAILE Y COCHINO.-

Por: Horacio Cárdenas.-

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Está bien que el panorama político nacional esté enrarecido hoy como lo ha estado pocas ocasiones en la historia reciente, ya sabe, con las acusaciones yendo y viniendo de que Ricardo Anaya es un lavador de dinero, de que José Antonio Meade desvió recursos en lo personal y permitió que otros los desviaran por cien veces la cantidad que se dice que el panista metido a frentista manipuló en paraísos fiscales, mientras que la Procuraduría General de la República, pendiente de dar el paso de la muerte para transformarse en más de lo mismo pero con el nuevo apelativo de Fiscalía General, está metida a réferi en la que para colmo, todos la agarran contra el encargado del despacho, porque nombrar titular no ha sido algo que le interese al presidente de la República Enrique Peña Nieto, y entre tanto ¿Qué ha sido del caso de Alejandro Gutiérrez Gutiérrez, conocido en el cruel medio de las clases altas saltilleras como La Coneja?

Sí, porque como decimos, el ambiente de la grilla nacional estaba poco menos que irrespirable, pero había suficiente cabeza fría como para que tanto el gobernador de Chihuahua, actuando por cuenta del Partido Acción Nacional que lo patrocina de un lado, y el aparato político electoral en pleno del Partido Revolucionario y el gobierno de la República por el otro, se disputaran una de las presas más suculentas que había caído en las garras de un enemigo en los años, si no es que en las décadas recientes. Recordemos que el saltillense de cepa Alejandro Gutiérrez, había sido señalado no hace dos meses siquiera, de haber operado (mire qué casualidad) desde su puesto como secretario general adjunto del Comité Ejecutivo Nacional del partido, la triangulación de recursos federales, destinados originalmente a la operación de los gobiernos estatales, y que habría ido desviado a las campañas del PRI a las gubernaturas de varios estados, entre ellos el norteño de Chihuahua, donde el mandamás y ganador de la contienda en el año 2016, Javier Corral Jurado, habría logrado armar un caso judicial como para poner a temblar el sistema político priísta, llevándose de encuentro a su candidato presidencial José Antonio Meade, y hacer visualizar como una posibilidad la alternancia en el inquilinato de Los Pinos a favor del PAN, de ese tamaño se perfilaba el caso.

Tan alto perfil llegó a tener el asunto, que se dijo con todas sus letras que el ahora exsecretario de gobernación Miguel Ángel Osorio Chong le habría jugado las contras al presidente, al PRI y a su candidato Meade todo por no haber sido él el elegido para suceder a Enrique Peña Nieto. También se comentó que durante la detención de Alejandro se contó con la colaboración de agentes federales, pues sin su protección que luego fue negada, habría sido imposible que los policías chihuahuenses llegaran a Saltillo, se treparan a La Coneja en un avión y se lo llevaran en una operación de esas que llaman quirúrgica.

Bueno, pues de allí escaló el enfrentamiento hasta que el nuevo secretario, Alfonso Navarrete Prida, tuvo que negociar con Javier Corral la entrega del reo número nueve, bueno, dejémonos de chocarrerías, de Alejandro Gutiérrez, a la justicia federal, aunque sin abandonar el territorio de Chihuahua, sin temor a equivocarnos, fue el rescate más costoso de que se tenga memoria, pues a cambio del traslado de La Coneja, el gobierno federal habría accedido a la entrega de 900 millones de pesos, que la Secretaría de Hacienda le había retenido al gobierno estatal, haciéndola quedar en ridículo y más aún a su titular, el otro niño brillante de la cuadra peñista, José Antonio González Anaya, quien se había pitorreado de Corral diciendo que como se habían equivocado de cuenta de cheques, el gobierno federal ya no le entregaría ni un peso al de Chihuahua, y el muchachito bocón tuvo que tragarse sus palabras.

Lo tecleamos en este mismo espacio hace algunas semanas, lo que La Coneja sabe vale para el gobierno de Enrique Peña Nieto más de la cantidad de referencia de los 900 millones, póngale que el doble, el triple, el quíntuple, lo que sea, o el descarrilamiento del régimen actual y la prueba de la corrupción de los más altos funcionarios del gobierno federal, en concreto el mismo candidato José Antonio Meade y su predecesor y promotor, Luis Videgaray, hoy secretario de Relaciones Exteriores, entre muchos otros peces medianos y grandes, entre los que se señala como favorito al temible “gangsta” Manlio Fabio Beltrones, que presidía el PRI nacional cuando Alejandro era su personero para las operaciones más puercas, así las cosas había que quitarle a Chihuahua, a su gobernador, a su fiscal, al PAN y a todos, a la inocente Coneja, que si siendo él tan pusilánime como dicen que se porta en el Cereso número 1 en Aquiles Serdán, había el temor fundado de que en cualquier chico rato soltara la sopa.

Y así llegamos al penúltimo capítulo de la telenovela: la rabieta del gobernador de Chihuahua al enterarse de que un juez federal había salido con que por tratarse de fondos federales los presuntamente desviados, no era competencia del gobierno estatal, sino de la Federación, así que se lo entregaran con sus cuatro patitas de coneja de la suerte intactas; el ridículo protagonizado por la Procuraduría General de la República de que el oficio mediante el cual se simulaba que la fiscalía de Chihuahua solicitaba el traslado de La Coneja al CEFERESO de Ciudad Juárez había caducado y que había que hacer otro antes que nadie moviera un dedo; las ONGs estadounidenses a las que habían embarrado con que era su responsabilidad determinar si Alejandro había sido torturado o no, siendo ese el único motivo que quedaría en el papel justificando el cambio de prisión; todo eso hace dos semanas… ¿y?

¿y?, y pues que de entonces para acá, nada. Ni el gobierno de Chihuahua ha mandado el oficio, ni Human Rights Watch ha dicho nada, ni gobernación ha vuelto a mencionar a La Coneja, como tampoco la PGR, ni el PRI, ni los abogados de La Coneja… nadie… nada.

Era para que el asunto hubiera quedado zanjado a medias al gusto del gobierno luego del pago del dinero, de presionar al poder judicial para el dictamen, pero no, la PGR que lo había añorado por el medio que fuera, de repente ya no lo quiso, ¿Qué pasó?. ¿por qué nadie dice nada? Y a todo esto ¿Por qué ya no  se queja La Coneja de malos tratos, de amenazas, de tortura, de que las zanahorias que le dan de rancho no están lavadas?

Bue… parece que a los únicos que nos da curiosidad este turbio asunto es a nosotros, mientras la clase política pelea sus batallas en otros frentes, la pobre Coneja se pudre en el penal de Chihuahua, o eso se supone.

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