Merece Martín Dihigo que su nombre sea inscrito en una calle de Torreón

Anécdotas de Café.-

Por Carlos Padilla Muñoz.-

¿De qué estaba hecho el Maestro Martin Dihigo, capaz de jugar todas las posiciones en el beisbol y hacerlo como un fenómeno?

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Ahora con la visita de Gilberto Dihigo, hijo menor del inmortal jugador de beisbol Martín Dihigo Llanos, para presentar la segunda edición de su libro titulado “Mi Padre el Inmortal”, donde muestra el lado humano del pelotero que llevó como manager al Unión Laguna al Campeonato de la Liga Mexicana en 1942, nos refresco algunas anécdotas y recuerdos del jugador que acaparó la atención de todo México. Es el único pelotero que está en los Salones de la Fama de cinco países, Cuba, Mexico, Estados Unidos, Venezuela y Puerto Rico.

Recuerdo aquellas tardes con otro gran jugador cubano, Pedro “ Charolito” Orta, charlas llenas de recuerdos y anécdotas, en algunas el personaje central era Martín Dihigo, quien llegó a México en los años 30s, en el 38 para ser exactos, con una camada de extraordinarios jugadores como el mismo Charolito Orta, Ramón  Bragada, Basilio “Brujo” Russel, Claro Dany ,el lanzador Lázaro Salazar, otro privilegiado que dejo huella en  la Liga Mexicano extraordinario lanzador, casi igual que el maestro Dihigo.

Otros jugadores cubanos que destacaron en Liga Mexicana y que están en el Salón de la Fama de México son Agustín Bejarano, Roberto Ortíz, Agustín Verde, Santos Amaro, Mario Ariosa, Lino Donoso, Adolfo Luque, Amado Maestri, Armando Rodríguez, René González, Orestes Miñoso y Andrés Ayón.

Pero hablar del maestro Dihigo es otra cosa, era capaz de jugar las nueve posiciones como el mejor, además de lanzar estelar y gran bateador que logró la corona de bateo en varias ocasiones en la Liga Mexicana en todas partes donde jugó, Ligas Negras en Estados Unidos, Venezuela, Dominicana y  Puerto Rico.

GANÓ TRES JUEGOS EN DOS DÍAS

Una de las proesas de Martin fue el lograr la triple corona de picheo en 1938, a su llegada a México con 18 ganados, solo dos perdidos y una efectividad de.089. También fue líder de bateo en esa temporada con un .387 de porcentaje.

Y ahora me  pregunto, ¿de qué estaba hecho este hombre que hacía todo y lo hacía muy bien en el juego de pelota. Jugaba las nueve posiciones como el mejor titular, era pitcher muy efectivo como inicialista y también como relevo, magnífico bateador con varias coronas de bateo y en varios departamentos como jonrones, triples y dobles, además de manager.

Don Pedro Orta, el popular “Charolito” nos platicaba con su charla parsimoniosa, “Martin era otra cosa, cuando era joven y jugaba en Cuba, se anunciaba en los parques que jugaría las nueve posiciones y la gente lo iba a ver.

Cuando vino a México ya no estaba al cien por ciento, tenía 32 años, pero era un gran pelotero. Hacia todo con facilidad, elegancia y efectividad. Nunca fue prepotente, creído, siempre le daba consejos a los jugadores jóvenes y los llenaba de sabiduría, nunca se guardó lo que sabía, lo compartía con los compañeros. Era todo un caballero “kikiri caballero”. Con esas palabras me describía Don Pedro al mejor jugador que ha dado Cuba y que regó sus hazañas por Estados Unidos, Cuba, México, Venezuela, Dominicana y Puerto Rico. Lanzó en tres juegos en dos días 14 entradas completas, ahora los lanzadores piden hasta 3 días de descanso.

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Lázaro Salazar “El Príncipe de Belem”                  Ramón Bragaña, otro excelente pitcher

Martin Dihigo sigue siendo un ídolo para la gente que lo vio en el estadio de la Revolución  de Torreón, en 1942 y 43 cuando hizo campeón al Unión Laguna y que casi logra el bicampeonato, a no ser por una triquiñuela de la Liga Mexicana de quitarle un juego en la mesa por haber lanzado un pitcher por el cuadro lagunero que tenía prohibido lanzar de noche en el estadio de Torreón, por su alumbrado medio defectuoso.

Tomás Morales, uno de los mejores cronistas del beisbol, recién fallecido, escribió alguna vez que cuando el magnate Jorge Pasque, lo  trajo a México lo llevó para que viera el parque donde jugaba el Águila de Veracruz  lo había traído en la temporada de 1938.

“Cuando lo llevó Pasquel para que conociera su nueva casa, Martin le preguntó que cuándo jugaban. Pasquel le contestó que esa misma tarde. El maestro le preguntó que quien lanzaría por su equipo Veracruz; .Jorge le dijo que solo el manager lo sabía. Martín le dijo que le dieran la bola, que él había venido a jugar. Esa misma tarde Martín abrió el juego desde la lomita contra Diablos Rojos del México. La pizarra terminó 5-2, Dihigo fue el ganador en siete entrada.

A día siguiente había doble juego. Para sorpresa de todo Martín Dihigo pidió nuevamente la bola. Ya confiados por su efectividad como lanzador y bateador, lo dejaron que abriera  el primer juego de la doble cartelera. Martín dejó ganado el partido en la quinta entrada y la pizara final fue de 7-2, con dos carreras de Martín.

En el segundo juego ya no salió a lanzar, pero hubo necesidad de que relevara en la quinta entrada cuando los Diablos amenazaban irse arriba con la pizarra 2-2. Martín entró, apagó el fuego y dio el batazo para la carrera ganadora en la séptima entrada.

¡O sea, que este pelotero ganó tres juegos en dos días¡  algo nunca visto hasta la fecha, además contribuyó con sus batazos para lograr las tres victorias que los aficionados no daban crédito, además de los jugadores del México.

De esta manera Martín Dihigo empezó a tejer su obra con esa maestría, facultades y estrategias que solo él sabía hacer con elegancia y estética. Martin era dueño de un físico de 1.90 de estatura,  no era muy musculoso, pero rápido en las bases, fue campeón robador de bases, con mucho poder en piernas y brazos.

Dihigo fue el primer pitcher en hacer una joya de lanzar un juego sin hit ni carrera. Este juego perfecto fue contra Nogales en 1938. Lo hacía todo, como por arte de magia, como si fuera un ser de otra galaxia, con un poder extraterrestre para romper marcas y gozar el juego de pelota.

Muchos aficionados están de acuerdo que si el maestro Martin Dihigo hubiera jugado en Ligas Mayores, hubiera dejado muy chiquitos a peloteros de la talla de Mickey Mantle, Sandy Keoffas y el mismo bambino Babe Ruth. Dihigo tenía varias ventajas, hacia todo lo que pudiera hacerse y lo hacía increíblemente bien. Como si el juego de pelota lo hubieran inventado para él.

Otros amantes al rey de los deportes, han manifestado que Dihigo pudiera haber sido el Pelé del beisbol. El jugador cubano le dijo a su hijo Gilberto que tenía que venir a México, pero sobre todo a Torreon, la ciudad donde fue bien recibido, donde dejo parte de su corazón, que si en alguna parte se sintió bien fue con Algodoneros de Unión Laguna. Y en efecto su hijo Gilberto vino a conocer la tierra que conquistó a su padre, estas calles por donde el maestro caminaba todos los días con aquel porte elegante con zapatos de dos colores, por esta ciudad que lo vio jugar y ganar, saludar a estos aficionados que fueron testigos de la magia de Martin Dihigo el inmortal.

Por todo ello sería bueno que las autoridades deportivas y civiles de Torreón tuvieran la idea de ponerle su nombre a una calle y porque no, hacerle un monumento porque le dio a Torreón la satisfacción de tener el mejor equipo de todos los tiempos. La estatua podría estar en la Calzada de los Deportistas distinguidos en la Unidad Deportiva Torreón.

Los duelos de picheo entre Martín Dihigo contra Ramón Bragaña eran un manjar para los aficionados, dos peloterazos cubanos que vinieron a México a dar cátedra, uno era el maestro Martin Dihigo  y el otro el Profesor Ramón Bragaña.

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