Entre publicidad y propaganda

Escribe: Josefina Sanchez Ponce.-

 

A finales de la Segunda Guerra Mundial y con el mundo dividido por la Guerra Fría, George Orwell publicó una sátira llamada “La Rebelión de la Granja” donde criticó con crudeza los excesos de todo tipo de dictaduras.

La lectura nos lleva a la explotación de la gran mayoría por minorías autonombradas “Vanguardias” “Dirigentes” “Líderes”; sin importar el nombre, “los de abajo” siempre terminan trabajando sin descanso para que las élites del poder vivan sin esfuerzo alguno, y al final de la vida laboral, los trabajadores tienen, en lugar de la pensión digna que soñaban, un viaje al matadero, porque los trabajadores hasta muertos representaban dinero. Mientras tanto, los hijos de los gobernantes se preparaban para ocupar los puestos de sus padres como “La Nueva Vanguardia”,  “Los Jóvenes líderes”. “Los Nuevos dirigentes”, y así hasta que un burro derroca a los cerdos… lo que no cambia es la vida de los trabajadores, sus hijos ocupan el lugar de trabajo que sus padres dejaron. Claro, todo en beneficio de La Granja.

En esa obra, el autor critica ácidamente a toda minoría dictatorial, sin importar la ideología, porque a fin de cuentas lo único que perdura es el dinero.

Esto viene a colación por los momentos electorales que vivimos, no solo en México sino en varios países.

Hoy las campañas electorales, vacías de propuestas, se centran en campañas publicitarias para vender imágenes maquilladas, bonitas, bien vestidas, dinámicas (ejemplo de los candidatos del PRI que brincan, corren bailan y hasta levantan en brazos a las ancianas). Frases sin sentido como consignas: “a darle con lo bueno”, “el futuro es hoy”, “piensa en grande”, “vota por la esperanza”. Por fortuna  las firmas ante notarios públicos pasaron de moda porque tampoco tuvieron valor alguno.

Hoy hay que contratar a estilistas de imagen y  coaching que motiven a los seguidores y “levanten” las campañas. escritores de discursos y “milenias” para hacer la opinión de las redes sociales.

Las propuestas claras y concisas no aparecen: ¿cómo se solucionará la falta de justicia y la impunidad que impera en el país? ¿Bajo qué esquema la educación pública volverá a ser la base superestructura del Estado? ¿Cómo se vinculará a los egresados de las universidades con la necesidad de generación de empleos y de tecnologías en las regiones más pobres? ¿Qué políticas se diseñarán para que los recursos naturales que son propiedad de la nación sean usados racionalmente para beneficios de las comunidades que dependen de ellos? ¿Cómo lograrán que un proyecto de gobierno trascienda más allá de los nombres en el cargo?

Los planes sexenales seguirán rigiendo  la vida pública del país, porque para la casta gobernante su proyecto de nación es para acrecentar sus fortunas personales y adormecer las conciencias y que no haya propuestas ni protestas y esto es lo único que trasciende al tiempo.

Para mantenerse en el poder  se crean las campañas publicitarias, para vender sus imágenes, no para difundir ideas, porque las ideas generan dudas, oposición, cuestionamiento y eso no es políticamente correcto para quienes detentan el poder.

Este primer domingo de julio los ciudadanos elegiremos, entonces, no entre propuestas sino entre imágenes, quienes regirán  los destinos de más de 120 millones de mexicanos. Minorías al poder mientras la “sociedad civil” bajaremos la testa y seguiremos trabajando para  contribuir al engrandecimiento de “La Granja” hasta que aprendamos en confiar en nosotros mismos y quitemos el poder a la casta gobernante.

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