Fuerza Coahuila, el descontrol de confianza

BAILE Y COCHINO.-

Por: Horacio Cárdenas.-

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Durante el sexenio pasado en el estado de Coahuila ocurrió un fenómeno ampliamente analizado por los críticos del sistema, pero no del todo comprendido por los coahuilenses,  derivado de la falta de recursos económicos por efecto de la así llamada megadeuda que pesaba entonces y pesará por muchos años a los gobiernos estatales, la administración pública se centró en desarrollar programas que tuvieran dos virtudes: hacer como que se hacía, y que costaran poco o de preferencia solo lo indispensable para echarlos a andar y que volaran solos.

La idea no es mala, no lo era entonces y no lo es ahora, en un país, en un estado y en municipios como los nuestros, con una crónica anemia de dinero, hay muchas cosas que se pueden hacer con los pocos o muchos recursos existentes, capitalizando el entusiasmo de la gente, los burócratas que están en la nómina, la capacidad de organización, entre otras, se pueden resolver problemas que la lluvia de billetes no puede por sí sola. Lo malo es no darle seguimiento a lo que en  un primer momento se promueve, pues al rato al no verse solidaridad desde el poder, cunde el desencanto.

Así muy al principio de sexenio pasado se lanzó aquel programa de Mídete, nútrete y actívate, del cual muchos se pitorrearon, pero que en sí mismo tenía un peso y un valor intrínseco: si la gente, de gobernador para arriba y para abajo se cuida, requiere de menor atención médica y medicamentos, significando un ahorro en los gastos del sector salud. Pero también se dedicaron a modernizar la legislación, prácticamente no hubo ley en Coahuila a la que no le metieran mano, pero como en el caso anterior, a los ordenamientos jurídicos, no pocos de ellos polémicos, no se les dio el seguimiento como para sobre eso sentar los logros que la administración hubiera querido presumir. Y bueno, un asunto que siguió el mismo caminito, de costar poco al gobierno estatal y dar algo que decirle a la población que se estaba haciendo, tiene que ver con la certificación del personal policiaco por parte del sistema nacional de seguridad, a través de lo que se conoce como los exámenes de control de confianza.

A quien le costaban esos exámenes era a la federación, así que el gobierno podía echarle todas las ganas para ponérselos en fila para que los evaluaran, y en el nada extraño caso de que salieran sospechosos en algo o reprobados en lo que fuera, pues además les servía de pretexto para echarlos a la calle sin derecho a pataleo, después de todo, habían sido evaluados como no confiables, no controlados, o lo que sea equivalente a la sentencia de “inútil a la patria” que dicen que le ponían a las cartillas del servicio militar a los que por una u otra razón, se las ingeniaban para no marchar, y así ni llorar era bueno.

No una, varias ocasiones se presumió que la totalidad del personal susceptible de ser evaluado, lo había sido y que había aprobado, las corporaciones estatales, las municipales, los custodios, los funcionarios relacionados, todos sin faltar uno. Al menos es lo que se solía decir y repetir hasta el cansancio. En el momento en el que nació Fuerza Coahuila, a instancias del sistema nacional de seguridad y seguramente con la inyección de recursos económicos del gobierno federal, que insistió hasta donde pudo en lo del mando único policiaco en las entidades federativas, entre las virtudes con las que nacía la nueva tecolotiza pintada de negro mate, era precisamente eso, que desde el primero hasta el último de sus elementos, todos contaban con su certificación de confianza, digamos su pedigrí policiaco para que nos entendamos.

Pero oh sorpresa, la Fuerza Coahuila que según, habría logrado erradicar todos los defectos, vicios, corruptelas de la corporación estatal que llegó a reemplazar, y que sumaría todas las cualidades del modelo diseñado por el gobierno federal y reproducido con anterioridad a nuestro estado en otros muchos, en vez de proyectarse hacia la ciudadanía como lo mejor que le podría haber pasado en materia de seguridad… resultó una olla de problemas, de las que no pasa día que no haya cuando menos un ejemplo, que va desde lo chusco hasta lo espeluznante.

La nota del domingo 6 de mayo es como el golpe en la mesa que pretende dar el nuevo secretario de seguridad, “Deben tener garantía de que este Secretario está absolutamente decidido a no permitir ningún tipo de violación a los Derechos Humanos, y que cuando estas se presenten haremos investigaciones exhaustivas que nos permitan erradicar ese tipo de prácticas”, dijo José Luis Pliego Corona a Milenio, y es que ya chole, el día que no chocan una patrulla nueva, anda un agente borracho disparando su fusil al aire, o peor, un arma ilegal, el día que no los corren de un municipio cuyos habitantes no quieren saber absolutamente nada de una corporación que identifican como foco de inseguridad, miedo y extorsión, balacean a un comandante que nadie sabía que venía por carretera y vestía de civil, o pasó también el fin de semana, ejecutan a un agente en una fiesta de quince años.

Los medios de comunicación dan cuenta de las aventuras, ¿aventuras?, de Fuerza Coahuila en municipios tan distantes como Torreón, Saltillo, Piedras Negras, y puntos intermedios entre estos extremos. La impresión que dan, como cuerpo, es que es una fuerza descontrolada, que sí, tiene un trabajo peligroso, pero que ante todo parece que está por encima de la capacidad de los elementos individuales y de los mandos, para desempeñar sin excederse en el uso de la fuerza o peor, sin que los afecte mental y emocionalmente.

Lo que nos preguntamos nosotros es ¿y esto no lo detectó, no lo detectan los exámenes de control de confianza a los que fueron sometidos y presentan cada de vez en cuanto para recertificarse?

Aquí la sospecha es que: o no es cierto que pasaron con estrellita en la frente, o que nadie le ha dado seguimiento a lo que sí se detectó como problema o como posibilidad, o también, que el instrumento de evaluación dista mucho de ser perfecto como lo ha pregonado la federación. El caso es que Fuerza Coahuila está sin control, y por eso resuenan las palabras de su nuevo chicarcas, hablando de sus subordinados: “tienen dos caminos, honran a Coahuila porque es de honrarse, porque aquí nacieron, a la buena y por generosidad, o van a aprender a honrarla”, esperemos que no solo él sino la administración estén a la altura de la misión que se han echado a cuestas.

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