De caballito

BAILE Y COCHINO.-

Por: Horacio Cárdenas.-

boletas

La política mexicana se parece mucho, quizás demasiado para su propio bien, al fútbol. Mientras que en otros deportes el que gana gana, en el béisbol se van a extra innings, uno, dos, diez, hasta que se logra desempatar el marcador, o en el americano, que se agregan minutos hasta que se desamarra el empate y hay un claro e indiscutible ganador, en el fútbol sobre todo el que se juega en México, el partido puede no decidirse con alguien ganando y alguien perdiendo, sino por puntos… Puntos que no se logran ni en ese campo ni en ese estadio, ni en ese partido, sino en las estadísticas del comportamiento global del grupo o la liga: los que ganan, los que pierden y los goles de cada uno en la contabilidad total.

Así también es la política mexicana. Digamos que esta la primera fuerza, los candidatos que salen a la cancha electoral a jugar y a jugársela, haciendo campaña pierden, ganan o pierden frente a sus adversarios que buscan el mismo puesto de elección popular. Eso es lo lógico, la política llamémosle racional, aunque muchos duden de lo correcto de usar este calificativo pues la grilla es pura víscera, comparable al beis o al americano, el que gana gana y el que no, no. Ah!, pero cuando en los años ochenta irrumpen los puestos de representación proporcional o de partido, la política se volvió futbolera, dependiendo hacerse de estas representaciones de que el partido no gane… Que pierda pues.

A tal grado ha llegado el cinismo del sistema partidista que como primeros en la lista se apunta a gente que a ellos les interesa proteger por sobre todas las cosas, gente que por sus méritos no ganaría ni una regiduría, y que literalmente se colocan sobre los cadáveres de sus correligionarios que pierden en la contienda abierta.

Justo, lo hacia el PAN como excepción a la regla, sería que los que perdieron en buena lid, pero que tuvieron el mayor número de votos, fueran en las listas plurinominales, pero, ¿cuándo ha sido justa la política… Ni con los políticos? Hasta el PAN abandonó la práctica para caer en los vicios tan convenientes para los consentidos de cada partido o grupo.

Pero si cupiera, todavia hay una situación más bizarra en la política a la mexicana que tendrá impacto ahora en el resultado global de los comicios del 2 de julio. Se trata de lo que en el béisbol y en la polaca se llama “entrar de caballito”, consiste en que los candidatos y hasta los partidos en sus niveles nacional, estatales y municipales. Muchos, pero muchos candidatos a alcalde, diputado y gobernador, confían en que si gana su candidato a la presidencia en las preferencias de los votantes, este impulso arrastrará a los candidatos del partido a los otros cargos en disputa.

Y es que el voto diferenciado es rarísimo como concepto y como acto individual. ¿Se imagina contar, por ejemplo local, a un votante sufragando por Manolo para alcalde, por Anaya para senador, por El Peje para presidente? No es muy congruente aun en un país tan incongruente como el nuestro.

Más lógico, otra vez si cabe, es que el que voto por MORENA o por el PRI para un puesto, lo haga igual para los demás, salvo que le tenga particular tirria a alguien.

A eso es a lo que se acogen muchos candidatos, los ve sin sudar, sin hacer campaña, casi embolsándose los recursos como primera ganancia de lo que pueda luego venir. Esto tampoco es justo ni correcto, ni para el partido ni para la gente ni para nadie, pero es lo que hay. ¿por que? Pues por lo futbolero de la política a la mexicana, donde los que pierden… No pierden…

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