La fiesta “seca” de la democracia

Por lo pronto, y como los comicios desde que tenemos escaso uso de razón, serán una fiesta de la democracia… con agüita de horchata y de jamaica, si bien nos va.

BAILE Y COCHINO.-

Por: Horacio Cárdenas.-

ley3

La verdad es que los mexicanos tenemos muy poca imaginación, somos como pocos, afectos a las muletillas, a usar y abusar de los lugares comunes, a querer resolverlo todo con un léxico que, según quienes se han tomado la molestia de contabilizar esa clase de cosas, no sobrepasa las trescientas palabras. No es de gratis que una sola palabra, la tan mexicana “chingar”, tenga tantas acepciones como necesidades tenga la persona de comunicar lo que sea que tiene atorado entre el cerebro y las cuerdas vocales. Con ese antecedente, sí jocoso, pero que más que risa debería darnos vergüenza de lo poco imaginativos que somos para inventar nuevos vocablos y lo todavía menos cultos para usar los que ya están, pero que por flojera de ir a molestar al diccionario de su sueño eterno, no nos enteramos que son la palabra justa para expresar lo que queremos decir.

De por sí nos cae en los purititos higaditos de pollo eso de que algún periodiquero que seguramente ni se había parado en la arena para ver la del domingo, bautizó las corridas de toros como la “fiesta brava”, ¿Quién es el bravo, el toro al que hacen enfurecer lo suficiente para que quiera hacer correas de las tripas del torero sin usar más armamento que sus cuernos y sus quinientos kilos por centímetro cuadrado de empuje, o el torero que quiere convertir en carne para hamburguesas al animal, pero este sí, contando con una espada con la que busca seccionarle la espina dorsal?, ¿o será que los de la fiesta son los payasos de las tribunas que ven la escabechina sin salpicarse de sangre, y curándose la sed con beberecua saturada de alcohol?

Pero si no bastara la mamonería de la aplicación de la palabra fiesta a algo tan sórdido e inhumano como el toreo, ¿qué me dice de que se ubique entre los más comunes de los lugares eso de la “fiesta de la democracia”, aplicable a cuanto proceso electoral se da en este país? Las fiestas, en el acartonado ideario del siempre bien ambientado pueblo mexicano, deberían ser todo alegría y felicidad, aunque la verdad se parecen más a aquella “tertulia en casa de Julia” de Chava Flores, donde lo mismo hay borrachos que aburridos, gente que declama,  otros que se sienten el alma de la fiesta, mientras que no faltan los que se escabullan para darse sus arrumacos apachurrones, o los que aprovechan para ver qué se chispan y se lo chispan, y casi como si fuera predestinación, la canción termina cuando llega la julia a llevárselos a todos a la delegación de policía, luego de que uno que se dice general, saca la pistola para enfriar a otro al que su mujer le estaba haciendo ojitos.

No vaya a resultar que la “fiesta de la democracia” que viviremos este domingo, obligados a “festejar” por el calendario electoral y la legislación vigente, termine en un estado de sitio, todo menos eso, pero si el mismo presidente de la República, reconocido ampliamente como ninguna lumbrera del saber ni la inteligencia, esté llamando a eso, a vivir la fiesta de la democracia, es que no tenemos demasiado que esperar en materia de diversiones, mucho menos de quedar satisfechos con los lonches y el koolaid que les receten a los acarrerados por el solo hecho, comprobado con la foto del celular o mejor aún, entregando la boleta en blanco a cambio de la que depositaron ya “prellenada” en la urna, de un fiestón como pocos.

Pero esta enésima elección nos llama, como varias de las anteriores, sobre el tema de la ley seca, que en esta celebrada ocasión, se extenderá por el nada corto espacio de tres días, setenta y dos largas horas, que representan un período de abstinencia capaz de sacar del vicio a casi cualquier alcohólico, y sin tener que soplarse las terapias de AA.

Sería interesante, a nivel sociológico y antropológico, ya que no legal ni burocrático pues estos carecen del más elemental sentido del humor, conocer la hipotética correlación entre la ingesta de alcohol y el proceso electoral, o yendo un poco más lejos, entre agarrar la jarra y los resultados de la elección, no tanto en cuanto a quien gane, sino a lo que suceda después, y en lo que se pueda señalar con dedo flamígero la presencia de bebidas embriagantes y en qué proporción.

Sí, porque podemos pensar, variable uno: que la gente por andar borracha no acuda a las urnas, esto puede ser que ocurra en algún número limitado de casos, los que por terminar la fiesta… no la democracia, la fiesta del día anterior demasiado entrado ya el día de la elección, no se paren en todo el día para hacer ejercicio de su derecho y obligación de elegir a sus gobernantes, la verdad no creemos que sean demasiados, habrá incluso algunos, responsables aun en su beodez, que se formen a las ocho de la mañana para cumplir antes de irse a dormir la mona, ponto y aparte de por quién voten, el peligro mayor para ellos es que los pesquen para funcionario de casilla, y allí sí, qué soba para ellos, y ni como curársela delante de las hordas de votantes.

Variable dos: que la bebida les obnubile el entendimiento al punto de que no sepan por quien están votando. Esto podría resultar benéfico para el sistema, todo quedaría en convencer a los sufragantes ahogados en que no se salgan de la raya y voten por el partido que más se parezca al tequila, al mezcal o al sotol, o sea el de la banderita tricolor, o sea el PRI, que los demás que trae de rémoras, valen chetos.

Variable tres: que el alcohol incida en la conducta de los votantes, y aquí se presentan dos posibilidades, la primera que el candidato del votante haya ganado, con lo que procurará beber hasta caer en coma etílico, no sin antes haber ocasionado cualquier cantidad de desmanes, todos ellos justificados por la alegría del triunfo, y la segunda, que su candidato haya perdido, caso en que bebería y se pondría violento, y tanto, que pudiera convertirse en un riesgo para sí mismo y para los demás, mire qué curioso, el alcohol afectaría a los alegres y a los enojados de manera similar y con resultados parecidos. Aunque hay otra tercera opción, que los sufragantes se pongan tristes por el resultado, y luego de beberse todo lo bebible, se quieran suicidar, pero aquí es difícil de aislar la variable del entorno del aburrimiento generalizado de Saltillo, así que se considera una hipótesis no comprobada.

Fuera de chunga, como que el pueblo mexicano y el coahuilense en particular ya están grandecitos como para saber cuánto toma cada quien, qué motivo tiene para ello, y de lo que llegue a hacer, sabe que tiene que atenerse a las consecuencias. Por lo pronto, y como los comicios desde que tenemos escaso uso de razón, serán una fiesta de la democracia… con agüita de horchata y de jamaica, si bien nos va. Ah! y por supuesto, a los candidatos que quieran olvidar la derrota, a ver si un Red Bull les sirve, porque no va a haber de otra.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s