¿QUIÉN SE ACUERDA DE LA CONEJA?

BAILE Y COCHINO.-

Por Horacio Cárdenas

CONEJILLA2

Durante los últimos días de campaña presidencial, en que ya se perfilaba lo que finalmente ocurrió, seguidos del período de silencio obligatorio para todos los agentes políticos con intereses en lo que pudiera resultar en las urnas; la elección, que dejó eufóricos a los treinta millones de votantes que sufragaron por Andrés Manuel López Obrador y su proyecto de nación, fuera que lo conocieran o que consideraran que lo que sea que traiga el tabasqueño en el morral, será mejor que lo que nos han dejado los gobiernos panistas que nomás nos prometieron devolvernos copeteados los sacrificios que nos obligaban a hacer, y peor los priístas, que lo firmaron y no cumplieron nada de nada; y en fin, la euforia que el próximo presidente de México no ha dejado que decaiga, pues como si estuviera ya en funciones, no ha habido día que no sorprenda al país, a amigos y enemigos, con lo que propone hacer a partir de que tome posesión, aunque para todos los efectos prácticos, parece que Enrique Peña Nieto ya abdicó y qué Andrés Manuel ya gobierna.

El caso es que sí, como lo comentaba algún columnista de altos vuelos, los días transcurridos desde el primero de julio han sido “todo AMLO”, AMLO para acá, y para allá, como las calcomanías Toronto, pega por arriba, por abajo y por todos lados. Esto ha ocasionado que muchos temas que estaban en la agenda política nacional, de repente hayan pasado a un muy obscuro segundo plano, del que muchos quisieran que no salieran, sin faltar otros que opinen que en el discurso de Andrés Manuel, como candidato, mucho se habló de amnistía, de no persecución de la corrupción, por no recordar lo de la república del amor, y otras frases que se pasaban de melosas, pero que sirvieron para posicionarlo favorablemente en el ánimo de hasta aquellos sectores que lo tenían como “un peligro para México”.

Entre esos asuntos de corrupción pendientes de resolver, destaca por sus vínculos con la política y la sociedad coahuilense, el caso de Alejandro Gutiérrez Gutiérrez, preso en el penal número 1 Aquiles Serdán de la ciudad de Chihuahua. Como se recordará, este asunto que comenzó con la detención de Gutiérrez en Saltillo en los días previos a la navidad del 2017, fue escalando en violencia verbal, en estrategia legal y en involucramiento de los actores políticos, hasta llegar a casi un enfrentamiento entre fuerzas policiacas federales y las de Chihuahua, las primeras tratando de cumplimentar una orden de traslado del reo a la ciudad de México, y los segundos, respondiendo al mandato del gobernador y de un juez local, dispuestos a llegar a los balazos para impedirlo.

En aquel incidente que ocurrió un fin de semana, finalmente privó la razón, y ambos frentes se replegaron, nos imaginamos a repensar estrategias o a evaluar las consecuencias de los actos que pudieran llevar a cabo, porque ni en ese momento ni ahorita, el pacto federal está para que un problema de corrupción que unos defienden y otros atacan, mine la relación entre las entidades federativas y el poder central, sobre todo con el riesgo de sentar un precedente entre gobiernos de distintas filiaciones partidistas. Luego se vino encima la elección presidencial, con lo que nos tenemos sabido, de acaparar la atención de la opinión pública y de las partes interesadas, al grado de ocuparse poco o nada, intencional o casualmente, del asunto de Alejandro Gutiérrez.

Por andar con lo otro no comentamos el hecho, por lo demás significativo y sintomático, de que el juez de la causa allá en Chihuahua, ordenó el segundo período de prisión preventiva para el que fuera poderoso secretario general adjunto del Comité Ejecutivo Nacional del también aparentemente invencible Partido Revolucionario Institucional. Ya ve lo que decía Artemio de Valle Arizpe de la justicia en México, que si no hay nada, una semana, entre que es y no es, un mes, si hay algo un año, y si es algo grave, solo Dios sabe, pues si nos atenemos a esta visión de la sabiduría a nivel de pueblo, lograda a pulso tras siglos de tratar con el aparato judicial, el caso Gutiérrez por el presunto desvío de fondos federales para las campañas políticas a gobernador del estado de Chihuahua por el PRI, ya pasó los primeros dos escalones y va por el tercero, pues terminado el primer lapso de seis meses de prisión preventiva, comienza a correr el segundo, de un año, acumulables y hasta donde sabemos, inconmutables, de dieciocho meses en la cárcel.

Otra nota que salió por allí perdida, es que el hijo de Alejandro Gutiérrez, del mismo nombre, estaba amparándose contra cualquier orden de detención y para conocer si en los expedientes del caso de su padre había algo contra él, y es que de entrada se mencionó que una empresa de su propiedad fue la que operó la parte financiera el trasiego de fondos públicos a donde no tenían que llegar. Fuera de eso, nada.

De aquel principio de año, en que el sistema político priista comenzó a interesarse por el caso Gutiérrez a la fecha, el escenario ha cambiado diametralmente. En enero había quien quería rascar del desvío para embarrar del menjurje al exsecretario de Hacienda y ya canciller, Luis Videgaray, del exsecretario de Hacienda y ya candidato presidencial José Antonio Meade y del mismísimo presidente de la República Enrique Peña Nieto, quienes o sabían, o autorizaron, o ni color se dieron de lo que estaba ocurriendo en asuntos de su responsabilidad directa.

Hubo un momento en el que también, el caso se pensó que podría ser relevante para potenciar la campaña presidencial del PAN, pero no se aprovechó por alguna razón que ha de tener que ver con los pleitos entre panistas, concretamente entre el gobernador Javier Corral y el candidato Ricardo Anaya.

Y bueno ¿Hoy?, hoy el asunto de La Coneja podemos decir que no le interesa a nadie, descontando a la familia y al propio interfecto. El PRI tiene tantos fierros en la lumbre, tantos asuntos por cerrar, de los que el de Alejandro es solo uno de tantos; el PAN quedó tan apabullado, que el que tanto celaba a su reo de pedigrí, Javier Corral, ahora tiene un problema con el que de plano no sabe qué hacer, el caso judicial perdió su inmenso valor político y lo que le pase a Gutiérrez de aquí en adelante, así sea una uña enterrada o que se llene de piojos, es algo por lo que tendrá que responder, ya sin ninguna ganancia y con puras pérdidas.

Que si el PRI lo seguirá defendiendo, ¿Cuál PRI queda para defenderlo?, de lo poco que podrá tener de bueno el futuro del caso es que entrara en la amnistía lopezobradorista, y que por obra y gracia del otrora acérrimo enemigo, salga libre o con una pena mínima, de la cual ya lleva purgados siete meses.

Lo cierto es que ya nadie se acuerda de La Coneja, por eso es por lo que se la traemos a colación sin siquiera ser Pascua.

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