Comenzando a quedar bien con Don Peje

BAILE Y COCHINO.-

Por: Horacio Cárdenas.-

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Faltan cinco meses para que Andrés Manuel López Obrador asuma la presidencia de la República. Como se ha comentado en muchos corrillos y hasta en los medios de comunicación más despistados, el ambiente político en el país da la impresión de que él y no otro es el presidente, mientras que el actual, el constitucional, Enrique Peña Nieto de nombre, por si lo habíamos olvidado, se ha encargado de eclipsarse a sí mismo.

Tarde y lerdo como fue su estilo los últimos cinco años, tuvo que salir a decir que no, que él sigue siendo presidente y lo sería hasta el último momento de su mandato, pero a lo que se ve, la única señal de que sigue siendo el mandamás es el préstamo que pidió el gobierno federal por diez mil millones de dólares, pagaderos si acaso, otro sexenio, que si El Peje hubiera tenido el poder de su firma, hubiera casi seguramente bloqueado un compromiso financiero que a estas alturas, nomás no tiene justificación para un gobierno que “está cerrando”.

El presidente virtual, electo, o como quieran llamarlo con absoluta corrección y propiedad política, ha tenido reuniones del más alto nivel con funcionarios del gabinete del mandatario estadounidense Donald Trump, aprovechando la experiencia política o más bien la mano izquierda de Marcelo Ebrard, incluso se cartea con quien, ni duda cabe, es el personaje más impredecible del escenario geopolítico mundial, en apariencia todo es melaza sobre tamales, a tal grado que uno y otro se dicen amigos, ¿y porque no debía ser así, si por los siguientes ciento cincuenta días, Andrés Manuel seguirá viviendo una luna de miel anticipada, en que no está obligado constitucionalmente a cumplir lo que sea que diga o deje de decir, otra cosa será a partir del primer día de diciembre.

También en esta semana López Obrador recibió a la ministra de comercio de Canadá, para ir consolidando estrategias para lo que pueda venir respecto del TLC, quien por cierto llamó la atención por viajar al “estilo Peje”, en un vuelo comercial y en clase turista, como dando ejemplo a sus detractores de que los servidores públicos pueden y deben comportarse, “medianía republicana” aparte, como el pueblo al que sirven y del que forman parte.

La cuestión es que, habiéndose tomado dos días enteros de descanso, el presidente electo ha dedicado casi la totalidad de su tiempo para ir pavimentando el camino de lo que será su mandato sexenal, reuniéndose lo mismo con empresarios que con banqueros, que como ya dijimos, con altos funcionarios de otras naciones.

¿Cuál es la enseñanza aquí?, pues que mal que bien muchas cosas están, ya que no quedando claras hasta en tanto no pasen al Congreso en forma de proyectos de reforma a la legislación vigente, sí perfilando por donde va la cosa. A diferencia del pasado, en que un día antes de la toma de posesión se daba a conocer el gabinete legal y una semana después empezaba a granear el ampliado, para tardarse un mes o más en tener más o menos armado el organigrama, no, aquí ya está repartido hasta el puesto de representante ante las Naciones Unidas, uno que si acaso llegaba seis meses después de asumir el poder.

Ya hubo la  consabida reunión con la Conferencia Nacional de Gobernadores, en la que los mandatarios asistentes, no todos, pero sí la gran mayoría, tuvo su primer cáliz de lo que serán las relaciones con el ejecutivo a partir del último mes del año, por lo pronto tendrán que enfrentar el más que delicado tema de ¿qué hacer con los delegados federales que habían logrado colocar, y que quedarán desempleados más que pronto iniciado el nuevo sexenio?, pues eran gente muy allegada al ejecutivo estatal, al grado que le servían de enlace con el poder central, cada uno en la dependencia para la cual trabajan… o trabajaban.

Pero más que esto, la segunda alternancia en el poder ejecutivo federal, la que se ha dado en llamar un tanto presuntuosa y prematuramente, la cuarta transformación, se comienza a sentir como una nueva manera de entender el federalismo, distinta de la que tradicionalmente ha funcionado en este país altamente centralizado en prácticamente la totalidad de los aspectos de la vida política y económica.

En efecto, durante el mandato de setenta y tantos años del PRI como partido hegemónico, los gobernadores no eran otra cosa que empleados de la presidencia, de alto nivel si usted quiere, pero entregados en cuerpo y alma, lo mismo que toda la administración estatal a lo que mandara el señor de Los Pinos, que lo mismo les daba manga ancha que ordenaba su destitución en forma de promoción o persecución. Cuanto la primera alternancia, y siendo el desgarriate que fue el sexenio de Vicente Fox, los gobernadores se envalentonaron, y tanto, que disfrutaron de un poder que el PRI jamás les había concedido ni a propios ni a extraños, con Felipe Calderón las cosas no fueron fáciles, engallados como estaban, se pusieron más de uno al tú por tú con el presidente, sin que realmente hubiera mayores consecuencias, lo que los alebrestó aún más.

Un sexenio después, con un nuevo PRI que era idéntico al viejo PRI, nos topamos con que el siguiente presidente promete un grado de austeridad que en nada cuadra con el estilo de gobernar de muchos gobernadores de los estados, sus administraciones, los congresos estatales, etc. lo que anticipa rispideces que irán de lo leve hasta lo tremendo, ¿se imagina a Andrés Manuel llegando a cualquier estado en avión de línea, bajando de la escalerilla junto a la flota de aviones de la administración estatal?, ya de por allí comenzaríamos mal, lo mismo que el transporte en helicópteros, suburbans blindadas, yendo a comilonas en salones rentados pagados a precio de oro, y el resto del boato que ha sido costumbre de siempre.

Lo mismo para las legislaturas, ¿Cómo pensar que un diputado federal esté ganando menos dinero por concepto de dietas, prebendas, lo que sabemos y no sabemos, que lo que un diputado local?, Lo mismo para el poder judicial y los institutos autónomos, para los que en el presupuesto de egresos de la federación del año 2019 se está contemplando un recorte del cincuenta por ciento o más en cosas como sueldos, vehículos, viáticos, cuentas de gastos, y mil cosas más. ¿qué es lo que procede en estos casos?, comenzamos esta columnita diciendo que faltan cinco meses para que la astringencia económica se convierta en norma para el gobierno federal, nunca vino tan bien aquello de poner tus barbas a remojar. Las administraciones estatales tienen la dolorosa, pero única oportunidad de ponerse al tiro, antes que comiencen las odiosas comparaciones.

Si los gobiernos estatales, las legislaturas, los tribunales, los institutos, plantean desde ya, desde ahorita reducciones sustanciales en todos los gastos que se han satanizado como suntuarios, y además se avientan el palomazo de ser más pejistas que el Peje, a lo mejor le caen bien… a lo mejor le llenan el ojo… a lo mejor les ve potencial… yo que sé, son cosas de alta política, pero recordemos que en MORENA todos, sin faltar uno, antes fueron priístas, perredistas o de otra filiación, nada impide que ahora también los gobernadores huérfanos hagan hasta lo imposible por congraciarse con el próximo presidente, en los términos en los que él ha dicho que va a actuar. Igual no pasa nada, igual no nos hacen caso, pero no hay peor lucha que la que no se hace y se cacarea.

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