FONACOTIZA TU ESTACIONAMIENTO

BAILE Y COCHINO.-

Por: Horacio Cárdenas.-

CARRANZA

Un análisis de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Coahuila de hace por lo menos veinticinco años, hacía un acucioso cálculo del crecimiento del parque vehicular en la ciudad de Saltillo, tomando como base los coches, camionetas y camiones dados de alta en el padrón del entonces impuesto sobre tenencia y uso de vehículos, y hacía una progresión en cuanto al crecimiento de este parque en comparación con las áreas de circulación para los mismos, luego del sesudo análisis, los investigadores llegaban a la conclusión de que, comparando la cantidad de carros que se incorporaban cada año a la circulación, con el ritmo de crecimiento de la infraestructura urbana, la capital de Coahuila corría el riesgo de convertirse a la vuelta de pocas décadas en un gigantesco estacionamiento.

El estudio del que le platicamos tenía lo suyo de visionario, no era una tarea de alumnos de semestres avanzados, aunque participaron en ella, ni un ejercicio académico de los profesores investigadores, que por supuesto que también cumplía con los requisitos para serlo, no: era un análisis cuidadoso de los elementos de información disponibles, a los cuales se les aplicaron herramientas para proyección de tendencias, y sí, aunque casi nadie se acuerde de que las universidades pueden y cotidianamente hacen estudios de esta clase y categoría, y mucho menos interés haya de políticos y burócratas por hacerles caso, sus estimaciones se han venido cumpliendo a la letra. Hoy, aun con todo lo que se ha invertido en ampliaciones, en pasos elevados, pasos a desnivel, y lo que quiera, el tránsito en Saltillo es cada vez más lento, hasta convertirse en algunos puntos, curiosamente de lo que en su momento se proyectó como “vías rápidas”, en una desesperante pesadilla para los conductores, una que tienen que afrontar cotidianamente una o varias veces al día.

Conste que el estudio del que le platicamos, adolecía de dos fallas básicas, no que se trate de errores de diseño o realización, sino que no consideraron oportuno sus autores meterse en camisa de once varas, concretamente dejaba fuera lo incognoscible, el número de autos chocolate que circulaban en ese instante preciso, entre la última legalización y la siguiente legalización que les permitiera plaquearse y así saber cuántos existían. Sin ahondar como se “teleportaron” o la manera en que burlaron la vigilancia fronteriza para estar aquí sin permiso. También faltaba el número de vehículos “de paso”, los que entraban a la ciudad por no pagar el libramiento de cuota, o para comprar pan de pulque o dulces, ah y por supuesto el detalle de los espacios de estacionamiento, porque una cosa es que como lo concluía el estudio, las calles se convirtieran en estacionamiento o estancamiento, y otra que los propietarios de los carros tuvieran donde aparcarlos, en su casa o allí donde fueran en su diario recorrer Saltillo de arriba para abajo.

Bueno, punto y aparte de que las previsiones académicas se cumplan punto por punto o incluso sean sobrepasadas por la realidad sin que las autoridades se den por aludidas de que lo que pase de malo y que sea su responsabilidad, deban de atenderlo, nos encontramos en este 2018 con la vialidad de Saltillo convertida en un caos, pero no solo eso, sino que con la típica autocomplacencia ¿o complicidad?, que los caracteriza, las entidades de gobierno se sienten que están por encima de cualquier clase de ordenamiento, entre ellos los relativos a la vialidad, a las licencias de funcionamiento, y otras monsergas que son aplicadas con puño de hierro (es un decir) a la ciudadanía en general, sobre todo aquellos que no tienen dinero para aligerar los trámites, a las hermanas dependencias gubernamentales ni se las mencionan.

De todas las avenidas y calles caóticas de este Saltillo de 441 años de antigüedad, una de las peores es ni más ni menos que boulevard Venustiano Carranza, conocida por los aborígenes con el fresa mote de “El V. Carranza”, o el “B. Carranza”, que todavía ningún siquiatra ha logrado dilucidad si es uno u otro. Pues bien, esta avenida que es la principal de la capital, si no por otra cosa, por conectar Saltillo con Monterrey, el otro boulevard de la época de Flores Tapia, el Fundadores, pasa por zonas menos “chic”, y de “Antonio Narro” y Abasolo, mejor no hablar, así que es Carranza, que no solo tenía desde épocas pasadas paso por la zona universitaria y daba vialidad a las colonias República y Latino, más las que se fueron sumando con los años, pero que a últimas fechas, y con la moda de los edificios y el gran proyecto Parque Centro, ha quedado como el riachuelo que tiene que desfogar el flujo de grandes volúmenes de tránsito.

La última adición al pesadillesco tráfico de Venustiano Carranza, esta semana misma, fue la inauguración de las nuevas oficinas del FONACOT, que vino a ocupar uno de los locales de lo que hace décadas era la panadería La Reina. Porque dejaron las oficinas que tenían en Isidro López, es algo que no tiene importancia a estas alturas, y mucho menos remedio. Lo que sí podía decirse de aquellas es que estaban en un área fabril venida a menos, pero que al menos por la vocación que dice que tiene el Instituto del Fondo Nacional para el Consumo de los Trabajadores, de precisamente apoyar con recursos económicos a la clase trabajadora para que salga de sus carencias más inmediatas, pues estaba mejor allá que acá, pero ya ni modo.

Se cambiaron a un localito mono, en el área de moda de Saltillo… sí, nada más que el tal local tiene cuando mucho tres, cuatro lugares de estacionamiento, y siendo como es, una oficina de mucho movimiento de atención al público, pues como que no contribuye en nada a agilizar el tránsito en esa zona, ya de por sí tensionada por los pacientes de la clínica del seguro social.

La nota de prensa decía que la nueva oficina tiene doce cubículos, o sea mínimo doce trabajadores más la secre y el jefe, ponga veinte empleados, la mayoría de los cuales tiene su cochecito, ¿Dónde los irán a estacionar?, eso más los de los que acuden a pedir un préstamo o a hacer algún trámite, que lo mismo son cincuenta que cien al día, y sí, ponga que haya los que están tan fregados que no tienen ni dinero para la gasolina o no tienen carro, pues por eso andan pidiendo prestado, pero también los hay que se mueven en su peltre de veinte o más años de vejez, ¿Dónde se acomodarán todos estos carros en la avenida donde en la cuadra anterior acaban de poner una farmacia y en la de adelante una pizzería de gran movimiento?

No que digamos que no se instalen allí, que se pongan donde quieran y puedan pagar, pero que también tengan la decencia de cumplir con los reglamentos, si es que los hay, de número de espacios de estacionamiento para oficinas de alto movimiento, como este del FONACOT, o la escuela de idiomas de junto, o las cantinas de pedigrí de enfrente, o los hoteles que están construyendo en parque centro, o todo lo demás.

Citábamos al principio un estudio de tránsito y vialidad para Saltillo, del cual ha resultado cierto casi todo. Pues bien, si va por Venustiano Carranza, ya se encontró el estacionamiento más grande de la capital, lástima que no pueda bajarse del carro para entenderse de sus asuntos, por estar esperando que avance el tráfico, ¿y todo por un crédito del FONACOT?

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