Ante tanta mentada… ¡Ya cállales la boca Carlos Ariel!

BAILE Y COCHINO.-

Por Horacio Cárdenas.-

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Ah, estos jovencitos de la época de internet, que hasta las peladeces las disfrazan con sus ridículos emoticones y con acrónimos a cual más de rebuscados, sin darse cuenta que terminan siendo igual de insulsos que las anquilosadas logias masónicas con su lenguaje de letras y puntitos. Lo peor es que este gran invento de la actual generación, que se siente tan moderna y por lo mismo apartada de todo lo anterior, es pronto adoptado ni más ni menos que por aquellos de los que se querían separar por despreciarlos.

Así, en una larga, larguísima carta, o mensaje, que ni sabemos ya bien a bien qué es, pero que está titulada “la tertulia”, nos encontramos con el acrónimo con el que encabezamos esta columna, CH. A. T. R. P. M!!! y que vendría a ser traducido al español arcano una mentada de madre de las más gordas, que acompañada por tres signos de admiración finales y ninguno inicial, nos hace sospechar que efectivamente, nos hallamos en medio de un pleito de profesores, en parte por el poco respeto a la gramática de los redactores y en parte por lo dicho, que por muy pocas clases que den, algo se les pega del escaso contacto que puedan tener con los jóvenes, en este caso, el manejo de las redes sociales y el peculiar lenguaje que priva en ellas, para transmitir un mensaje, que este sí, tiene un tufillo de política partidista y de carnicería familiar.

En las sucesivas entregas de La Tertulia, por llamarle de alguna manera, se ha venido ventilando como tema principal el disgusto que un determinado sector de los integrantes de la Sección 38 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación tienen con su dirigencia, y en particular con el liderazgo “moral”, al estilo del que durante mucho tiempo detentó Elba Esther Gordillo, de Carlos Ariel Moreira Valdés. Ese sería el leitmotiv de la serie de entregas de este caprichoso y, a ratos, morboso pero siempre malintencionado intercambio epistolar por las redes sociales.

El otro tema, igual o más importante y que mayor curiosidad despierta entre el magisterio coahuilense y entre la chismosísima sociedad saltillera, tiene que ver con el aparente pleito entre los más prominentes integrantes de familia Moreira Valdés, Carlos Ariel, Rubén y Humberto.

Los tales mensajes, por lo demás un dechado de datos, pelos y señales, y aquí reiteramos lo de pelos y señales, ponen de manifiesto que hay gente de adentro involucrada en su redacción, solo gente del primer círculo puede conocer detalles tan íntimos de las mujeres y hombres que se mencionan allí en conductas de lo menos edificantes que se pudiera pensar, y de las que hay que tener sangre, o motivos muy fuertes como para escribirlo y divulgarlo con ese estilo de libelo destructor de honras, o de lo poco que de ellas pudiera quedar.

Que si es cierto que la boda de la hija de Carlos Ariel sirvió para tapar esto y aquello, que si este se defiende diciendo que costó tres pesos para lo cual tuvo que pedir un préstamo al seguro del maestro, mismo que casi no le dan por estar este quebrado, que si se rentaron nueve hoteles íntegros, y que a cómo están los cocolazos y nadie quiere salir embarrado, el desprecio de la clase política y hasta de la familia, estuvo de a peso, todo eso sirve únicamente para alimentar el morbo y de pasada el odio de una sociedad que le ha agarrado especial tirria a los apellidos Moreira Valdés, culpándolos, con razón o sin ella, de todos los males económicos que atraviesa el estado de Coahuila.

Como novelita de entregas está bien, aquellos analistas de café con sustituto de leche y estevia dicen que detrás de la respuesta está la mano de Humberto Moreira, quien le estaría tundiendo a Carlos y Rubén por una larga ristra de afrentas personales, aunque se disfrace por una pretendida defensa de los intereses de los profesores de la Sección 38, principales afectados del desfalco financiero y consecuentemente de la pésima atención que se da en las clínicas del magisterio, a las que coyunturalmente señala de que sí acaso recibieron los cincuenta millones de pesos que el gobierno del estado prometió para aliviar sus problemas más urgentes, este se desvió para el financiamiento del boato de la boda de la niña consentida de Carlos Ariel, quien para estar a la moda y para salirse de la aburrida mundanidad de la capital, se habría ido a casar, no a Cancún, a Los Cabos o a Puerto Vallarta, sino a San Miguel de Allende, ciudad colonial que no le pide nada a la iglesia del Ojo de Agua, despreciada por la grey moreirista.

El meollo de la denuncia es de la estimación del costo de la boda, diez millones de pesos, que habrían sido desviados para que el evento fuera como debe ser, de una vez en la vida, ¿y que sección sindical podría pagar otro u otros así?, que se case y se quede bien casada, todavía andarían bailando otros cuarenta millones, de los que pronto se comenzará a hablar.

El estilo, la redacción sí, da el gatazo, podría ser de la mano del exgobernador, ¿pero para qué?, Humberto nunca ha sido de los que da paso de baile colombiano sin huarache, este tampoco sería el caso. Recordamos las denuncias penales de Humberto Moreira contra Pedro Ferriz de Con, Sergio Aguayo y algún otro, por difamación y daño moral, ahora se le acusa a él de tirarse con todo contra sus hermanos, haciéndola de paladín de sus colegas profes tan maltratados. Más nos parece una maniobra de, otra vez, gente sin que hacer o con intenciones aviesas en lo político, si no es que con una agenda personal muy retorcida, para estarle dando vuelo a un asunto donde lo mínimo que vuelan son las faldas y las honras de profesoras y profesores.

Pero entre que son peras o manzanas y aprovechando el rio revuelto, como lo decíamos desde el encabezado, lo que procedería es que Carlos Ariel Moreira procediera a callarle la boca, a callarnos la boca a todos los que hemos hablado mal de él y su camarilla, responsabilizándolos del estado de las finanzas del servicio médico de la sección 38, ¿y qué mejor manera que la de dejar en manos de la clínica del magisterio la salud de la niña de sus ojeras, y de su nueva familia?, bueno, eso sí son derechohabientes, si no, no porque sería un abuso…

¿Se imagina a la hija de Carlos Ariel pidiendo cita con el ginecólogo y que se la dieran dentro de seis meses?, ¿Qué pidiera un tratamiento anticonceptivo y se lo mandaran subrogado al HU, al Seguro o al ISSSTE porque allí no hay ni eso?, o más antes, ¿Qué pidiera una prueba de embarazo y que le salieran con que eso no está en el cuadro básico y se lo compre con su dinero?, que nos calle la boca de que todo está bien, y tan bien, que sus nietos, los que perpetuarán la estirpe de la corrupción nacerán en el seno de la sección 38 como cualquier hijo de maestro, que ya nadie tenga motivo de escribir CH. A. T. R. P. M!!! junto a su nombre…

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