El niño Fidencio, mi abuela y los fantasmales recuerdos

TE VAS ANGEL MIO, YA VAS A PARTIR

DEJANDO MI ALMA HERIDA

Y UN CORAZÓN A SUFRIR

(Canción popular).

 nino-fidencio-1

Escribe: Heriberto Robles Rosales.-

El día era triste, las nubes aquellas que se agolpaban en el horizonte amenazando tormenta; en aquel cementerio, las gentes reunidas algunas lloraban, otras solo miraban aquel ataúd que contenía los restos mortales de una ancianita, que había sido en su vida una de las cajitas del niño Fidencio, la música desafinada y triste se escuchaba entre aquella multitud, haciendo que las lágrimas rodaran por muchas mejillas. Se despedían de los restos mortales de la Tía Panita, Doña Cipriana Zapata como era su nombre, más de 100 años había caminado por estos caminos del señor, y como ella misma siempre lo manifestó que había conocido al Niño Fidencio en vida, eso la convertía en toda una autoridad y que además como ella siempre lo dijo, que el Niño Santo la había escogido como una de sus cajitas, para llevar el bien y la salud a muchas personas, con ella se despedían muchas historias, se rompían en mil pedazos experiencias de vida para convertirse solo en recuerdos, con la tía Panita se perdía un icono en la fe del Niño Fidencio en Espinazo, Nuevo León.

Una persona de las ahí reunidas mirando al cielo, exclamó: Es un día tan triste que hasta los cielos quieren llorar.

Muchos recuerdos se agolparon en mi mente he hicieron que viajara en el tiempo llevándome a lugares que de niño había recorrido en compañía de mi abuela, fiel creyente del Niño Fidencio, que allá por los lejanos años de 1930, y buscando la salud de unos de sus hijos, dejando la tranquilidad y la paz de un hogar se había ido a vivir en la turbulencia de un poblado que por aquellos años se llenó de fama por la existencia de un curandero a quien se conocía como el Niño Fidencio.

EL PRESIDENTE CALLES

Un sol rojizo moría allá en lontananza; en las estaciones de tren establecidas a los largo de la vía México-Piedras Negras, se recibió una orden, vía libre al Tren Olivo, el tren oficial del presidente de la República Mexicana, en aquellos años de 1928, años turbulentos en la historia de México.

Un soldado de las guardias del Presidente de la República, miraba como los postes telegráficos se perdían en la lejanía y el tren corría libre, ellos como simples soldados no sabían cuál era su destino, para ellos su obligación era brindar seguridad al jefe de la nación, recordó al ver aquellas llanuras llenas solo de matorrales cuando en las filas de Venustiano Carranza, a caballo recorrió desde Saltillo hasta la Hacienda de Guadalupe, hoy era un soldado experimentado.

-¿En dónde estamos? le preguntó un compañero.

-Acabamos de pasar PAREDON,.. la siguiente estación es Anhelo.

-Y ¿a dónde vamos? -volvió a preguntar aquel hombre.

– No sé.  –fue la respuesta recibida.

Un teniente somnoliento sin voltear a verlos cortó aquella conversación,  “a callar zorrones a nosotros que nos importa a donde vamos, lo que nos importa es que al Presidente no le pase nada, esa es nuestra obligación”.

En el Pulman presidencial, el general Andrew Almazán, le comentaba al presidente.

-Señor, ya vamos a llegar, después de Anhelo la siguiente estación es Espinazo, Nuevo León, voy a ordenar a la tropa se prepare para descender.

El Hombre asintió con la cabeza, y mirando por una ventanilla, pensó: “así que aquí nació la revolución….”, sin más se volvió a sumir en aquel rostro impenetrable que era su característica principal.

Los recuerdos de la abuela, resonaban en mi mente.

-Mijo, si hubieras visto aquella gente, cuando se paró el tren verde y que se bajan aquellos soldados corriendo con sus fusiles rumbo a la hacienda, todos pensamos “vienen por el Niño Fidencio se lo van a llevar, y aquella gente empezó a gritar…no vamos a dejar que se lo lleven…”, los soldados aquellos levantan sus fusiles y formados forman una valla, nosotros vimos cuando de aquel tren se bajó, aquel hombre con su sombrero texano, rodeado de militares. Alguien dijo entonces: “es el Presidente Calles”. La multitud enmudeció cuando de la hacienda salió el Niño para recibirlo.

El hombre poderoso, acudía a Espinazo buscando su salud, así como nosotros los humildes los que nada teníamos, más que la fe, la ilusión y la esperanza de recobrar la salud, así aquel hombre llegaba en busca del Niño Fidencio, decía la abuela y como nosotros, él también la encontraría, recuerdo que platicó como lo encerró en un cuarto de la hacienda, lo bañó de miel y lo dejó sentado en una silla, hasta donde fue el General Almazán y lo encontró desnudo y solo, cubierto de miel, mientras que el Niño Fidencio se encontraba jugando, se le había olvidado quien estaba en la Hacienda, así era y así curaba el niño Fidencio.

Esas gaviotas que andan volando

Que andan volando, en el ancho mar

Andan buscando al Niño Fidencio

Al niño Fidencio, encontrarán…….

 

Así remataba, cantando, mi abuela.

 

LA FE DEL PUEBLO.

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Mis recuerdo me llevaron hasta una estación Ferrocarrilera con una gran actividad minera, Barroterán, en ese lugar se entroncaba el trenecito pollero que nos llevaba a nuestro pueblo Múzquiz, los lejanos años de 1960, los acontecimientos e imágenes pasaban frente a mi como si estuviese viendo una película, me parecía estar escuchando a un trovador del pueblo en aquel vagón donde viajábamos apretujados, donde el sudor se entremezclaba con perfumes baratos, el ruido y el bamboleo de los carros de ferrocarril no impedían que la voz de aquel hombre se escuchara desafinada como desafinada estaba su vieja guitarra, pero la voz de aquel hombre estaba impregnada de un sentimiento que nace del fondo del corazón y que toca las fibras mas intimas de la fe de los hombres, aún resuenan en mis oídos una estrofilla que quedaría grabada en el fondo de mis recuerdos y que al mirar al féretro aquel de la tía Pana, llegaban con toda claridad a mis recuerdos.

 

Voy a cantar un corrido

Por favor pido silencio

Voy cantando agradecido

Me curó el niño FIDENCIO.

 

La imagen de una viejecita que rezaba, en sus manos estrujaba o acariciaba un viejo rosario, mientras que unas lágrimas de ternura de ese sentimiento que nace del fondo del corazón de una alma agradecida que fue favorecida con algún milagro del niño Fidencio, aquella viejecita como aquel trovador del pueblo eran las estampas tradicionales y comunes en los viajes del ferrocarril y que en los días de octubre 19 y marzo 17 llegaban por millares a la estación de Espinazo todos con un fin, el de agradecer algún bien recibido o alguna gracia otorgada.

Recordar aquellas escenas llenas de fe y de esperanza hicieron que las lágrimas llegaran a mis ojos, recordando el tiempo ido, las gentes que amé y que como reales estaban desfilando frente a mí, haciendo que mis recuerdos fueran vividos y reales. Un llanto triste y desgarrador me saco del mundo irreal que estaba viviendo en esos momentos, la féretro aquel iniciaba un descenso al fondo de la tumba abierta, arropando los restos mortales de aquella mujer que siempre se ufanó de ser cajita del Niño Fidencio y como todos los mortales dejaba recuerdos la  mayoría buenos, aquí nosotros nos encargaríamos de magnificarlos o de menospreciarlos pero eso ya sería nuestro deseo.

OCTUBRE 19 ACTUAL

Las calles de la Población de Espinazo, se llenan de peregrinos, de enfermos y de una gran multitud de gente, algunos solo curiosos otros comerciantes los más quienes llevados por la fe van en busca de salud o de agradecimiento, hay quienes llevan capas de color rojo con las iníciales FSC grabadas con lentejuelas brillantes, otros enarbolan estandartes con la imagen del niño Fidencio, algunos otros llevan banderas con los colores nacionales pero en lugar del águila esta la imagen del niño.

Gente cantando alabanzas, otros hincados van recorriendo la senda de dolor, algunos se van arrastrando de espaldas, los más rezan y cantan, se ven algunas personas transformadas y hablando como niños, son las cajitas nos comentan, en esa romería se ven actos de fe, que solo quienes lo viven saben porque lo hacen.

El recorrido a realizar es desde el pirúl, un añoso árbol donde según contaba la abuela, el niño tenía un columpio donde jugaba y donde realizó sus primeras curaciones,  se reía la abuela y nos contaba a veces nos agarraba a naranjazos …era su forma de curar,  desde el pirúl se van hasta la tumba que se encuentra en una casona que parece fortaleza, ahí está la tumba del niño Fidencio y en seguida está el charquito que no es más que un remedo de estanque lodoso, donde se pueden observar las más increíbles escenas, muestras de fe, fanatismo, histeria colectiva, no lo se, quien lo sabe, solo quien lo siente y quien lo vive, nadie más que quien participa podrá afirmar o negar.

En el pirúl, en la tumba, en el charquito, unos lloran, otros piden por su salud, mientras otros practican dolorosas penitencias y en las paredes del templo como un mudo testimonio de los favores recibidos miles de figuras que relatan los milagros realizados por el niño Santo  como nos decía la abuela.

Finalmente el sepelio culminó, así terminaron terminaba el día, inicie mi viaje de retorno al fondo se recortaban las cruces del cerro de la estrella, la lluvia finalmente llego y al final de la jornada ya las sombras de la noche llegaban y con ellas llegaba también el fin de una vida y el inicio de los recuerdos atrás quedaba un pueblo lleno de fe y de magia para los que creen en el niño Fidencio, para mi quedaba un pueblo lleno de imágenes y recuerdos inolvidables, mi abuela, mi madre, mis tíos, sus risas y sus alegrías y sus tristezas quedaban para siempre en ese lugar.

Quizás ya nunca regrese a aquel pueblito, donde los fantasmas de mi pasado se quedaban viviendo en la oscuridad del tiempo, en la noche de los muertos, en mi mente enfebrecida por el dolor de quien pierde a sus seres queridos, por la dicha de volver a verlos y por sentir su presencia a mi lado.

El ruido del motor de mi camioneta me parecía arrullar, atrás quedaban mis añoranzas y delante de mi la vida, una vida que me llevaba por caminos insospechados, conociendo gentes y lugares que marcarían mi vida, la noche llegaba y con ella, el olvido, una nueva aventura me esperaba y sin ver ningún arco iris, allá me llevaba el viento en busca de ilusiones nuevas, y porque no de amores nuevos, mientras la muerte con su sonrisa quizás fuera mi acompañante aquella noche. hrobles52@outlook.com

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