Anécdotas incómodas

LA QUIMERA DE PEP.-

Escribe: JL Cuevas.-

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Puede ser que usted no se acuerde, y no le culpo. No deja de ser un evento intrascendente, pero visto en retrospectiva, no causa agravio al sentido común, el menos común de los sentidos. Me refiero a una efímera manifestación política que aconteció en las calles saltillenses hace ocho años: quienes pretendían cargos públicos organizaron una marcha en febrero del año 2010, como protesta en contra del entonces presidente de la república por los niveles del desempleo y la pobreza en el país.

Un presidente que se tuvo que ganar la legitimidad de su elección a un costo tan alto que todavía lo seguimos pagando, y que prometía en su campaña ser “el presidente del empleo”.  Diría Monsiváis que la muestra de la existencia del “maligno” se hizo presente, el humor involuntario, debido a que, al más puro estilo de Le Luthiers, terminó siendo todo lo contrario. Y es que este tipo de comedia es así, hay veces que “el humor no es cosa de risa”.

Aquel evento fue llamado “la marcha del cacerolazo”, debido a que una buena parte de la concurrencia voluntaria (sí, ajá) consistía en amas de casa, quienes hacían sonar sus sartenes y cucharas en símbolo de rechazo y enojo ante la indolencia de las autoridades federales que, lejos de las grandes cifras macroeconómicas, eran ajenas a la economía real, la de las familias que tienen que estirar el presupuesto, mismo que no cuenta precisamente con las mejores propiedades de maleabilidad.

¿Resultó en algo?  Para la “razita”, no. Pero colocó en primer plano –aún más- a quienes se cargaron la etiqueta de líderes sociales preocupados por el bienestar de las familias. Y que pasado el tiempo, ya con el poder en la mano, se olvidaron de este tipo de actos.

La entrega pasada citamos a Ibargüengoitia ¿será prudente poner nuevamente la misma frase? Sí: “[…] Juan era un candidato perfecto, tenía una promesa para cada gente y nunca lo oí repetirse… ni lo vi cumplir ninguna, por cierto.”

O sea, razón sí tenían quienes presentaban sus querellas, el país estaba experimentando un vaivén económico (más va que ven) producto de la crisis detonada un par de años antes en EEUU, misma que mermó la ya precaria situación del país. Uno de los oradores de aquel evento mencionó “El presidente Felipe Calderón nos falló a los mexicanos y sus errores demuestran que ya no puede conducir a la nación.”

Razón sí, pero ¿vergüenza?

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