El Toro por los Cuernos

BAILE Y COCHINO.-

Por: Horacio Cárdenas.-

toros

En días recientes ha revivido de sus cenizas un debate que estaba si no muerto, sí sepultado, el tema motivo de discordia entre quienes están a favor, quienes están en contra y a quienes no les importa un rábano, es el de las corridas de toros, que como se recordará, están prohibidas en el territorio del estado libre, soberano, independiente y profundamente protector de los animales, de Coahuila de Zaragoza.

Vale la pena recordar que la motivación de que en Coahuila y en Saltillo, terruño que vio nacer a Armillita y que hasta un museo del arte taurino inauguró bajo los auspicios del entonces gobernador Humberto Moreira Valdés, dio el más tremendo de los bandazos, se  prohibiera la así llamada por sus sanguinarios fans “fiesta brava” no tuvo que ver ni en el fondo ni en la superficie con la protección de los toros de lidia. Si por algo se caracterizó Rubén Moreira durante su gestión, fue por mantenerse al margen de cualquier cosa que pudiera parecer humanitaria o humanista, y sin embargo a estas pobres bestias de media tonelada, sobre ellas sí les extendió un manto protector que ni siquiera a los familiares de los desaparecidos, a los que les dio coba los seis años.

De lo que se trató allí no es que Rubén prefiriera los toros en hamburguesa a verlos sacrificados por un fulano o fulana vestido de arbolito de navidad, sino que había que vengarse de una persona en específico, y a ese cuate había que pegarle donde más le doliera, o cuando menos en la única parte que le encontraron que era vulnerable. La persona en cuestión no es otra que Armando Guadiana Tijerina, cacique de la Región Carbonífera de Coahuila, y quien bien pronto de la docena trágica entró en conflicto con el clan Moreira, con quienes, por las razones que fueran, de poder, de dinero, de carisma, de control, hasta de a quien le aplaudían más en los eventos se empezaron a caer mal. Teniendo Rubén el poder, bien pronto se decidió a ponerle piedras a uno de los tantos negocios de Guadiana en el estado, el de empresario taurino.

Oiga, si por cada enemigo, real o imaginario, un gobernador emprendiera las acciones que Rubén enfiló contra Guadiana, los gobiernos en México serían de pura venganza, afortunadamente no es el caso, pero sí se notó y mucho el odio cerval que Rubén Moreira le tenía al carbonero, y sí, ponga que efectivamente al prohibir las corridas de toros en la entidad el ejecutivo en turno lograra un cierto aprecio de cierto sector de la población que siente cariño por los animales, pero este no es comparable con los que sí les gusta, si no torear, el ambiente, la palabreada, la beberecua y lo demás que gira en torno,  como tampoco con aquellos que se benefician económicamente de ellos, y aquí no es peyorativo lo del beneficio, porque el toreo es una actividad económica completa, con una cadena de proveeduría amplia, que lo mismo genera empleos en el campo que en el rubro de espectáculos, transportes, alimentos y bebidas y un nada despreciable ingreso por concepto de impuestos para los tres niveles de gobierno.

Pues bien, ya ve como son los gobernantes, la que pudiera llamarse la Guerra de los Toros, emprendida por Rubén Moreira contra Armando Guadiana costó una fuerte suma de dinero en los rubros mencionados, sacrificando además los ingresos que le tocaban a los gobiernos, ¿todo por el odio contra el personaje al que sí, alguna pérdida económica le ocasionaron y si acaso una muina, pero apenas fueron cosquillas en cuanto a daño, y ahora sí que les salió el tiro por la culata, pues lo hicieron aparecer como una de las principales víctimas o cuando menos la más visible del moreirato. Si nos presiona un poco, podríamos decir que esto fie lo que arrimó a Guadiana a Andrés Manuel López Obrador, y esto mismo lo impulsó en el ánimo del electorado, al grado que hoy por hoy es senador electo de la República por el estado de Coahuila, algo que hasta a Jericó y Memo Anaya les da envidia de la mala.

Regresando a lo del debate, sea por encargo, sea por casualidad, de esas que sabemos que en política simplemente son inexistentes, el caso es que el congreso del estado está en el ojo del huracán, ante la movida de la diputada Elisa Catalina Villalobos Hernández, para más señas de MORENA, de presentar un proyecto de modificación a la Ley de Protección y Trato Digno a los Animales, que derogue la vengativa prohibición de celebrar corridas de toros. Ni que decir que la mano que se ve detrás de esto es la de Guadiana, y a lo mejor no por poder volver a ver aquí lo que perfectamente puede ir a ver a Sevilla, Madrid o donde sea, sino para quitarse una espinita que tiene allí clavada, y de pasada, ejercitar su músculo político, un poco o un demasiado al estilo de Andrés Manuel López Obrador, presidente apenas electo que se porta como presidente en funciones, y lo peor, todo el mundo le hace caso.

¿Qué otro coahuilense tiene más influencia o ascendencia en el próximo presidente de la República que Armando Guadiana?, ninguno, y si a esas vamos, tener a Guadiana hablando mal al Peje pesa más que veinte otros hablando bien, de lo que pasa en Coahuila. Así las cosas, Guadiana es alguien que, aunque sea de oposición, es alguien con el que vale la pena estar bien, ir quedando bien por lo que pueda ocurrir a la vuelta de pocos años, ¿Qué tanto es tantito, que tanto importa una ley tan necia como la de los toros, si con eso lo encontentamos y lo ponemos de nuestra parte?, sobre todo ahora que el gobernador Miguel Riquelme y el secretario de Gobierno Chema Fraustro han dicho que el gobierno estatal está en sintonía (sea eso lo que sea) con el próximo federal.

Ahora, si no se trata de regresar a los tiempos de la escabechina de pobres toros de antes, a lo mejor los protectores de animales y los taurinos podrían llegar a algún acuerdo, para que al toro no se le sacrifique, o para que no se le hiera, o darle una espada y un estoque para que se defienda del torero, ¿yo que se?, algo que ponga las cosas en condición de equidad, tan de moda en estos tiempos.

La ley es perfectible siempre, pero lo es más cuando corrige una venganza personal sobre algo que daña no a un enemigo sino a mucha gente que vive de esa actividad económica. Conste que nosotros no estamos a favor del toreo, no del toreo sanguinario, sino de una actividad económica a la que con un par de retoques se le puede volver humanitaria, una aportación que todos deberíamos a hacer ahora que se inaugure la república amorosa.

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