RUBÉN MOREIRA: HIPÓTESIS DE TRABAJO

BAILE Y COCHINO.-

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

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Ahora sí que no entendemos maldita la cosa. Hace un año Rubén Moreira era el más apestado de los coahuilenses metidos en política, no quería ni presentarse a la transmisión del poder ejecutivo a su sucesor Miguel Ángel Riquelme Solís, y no porque fuera a hacerle sombra a este en su día de gloria, sino porque los abucheos iban a estar de a peso, y eso que el negocio era entre puros priístas. Así lo sentía todo el mundo, así lo sentía el propio Rubén.

Y vóitelas, como dice la pelusa y nosotros también, que Enrique Peña Nieto, quien quién sabe qué le deba a Rubén o que crea que le debe a Rubén, decidió rescatarlo bien pronto del ostracismo, para elevarlo a las alturas con las que sueña todo priísta en sus calenturas nocturnas, ser llamado al Comité Ejecutivo Nacional del partidazo, y además no en cualquier posición, ni más ni menos que secretario de elecciones, desde donde gracias a su sapiencia, experiencia y reconocidas malas artes, podría operar el triunfo en las urnas del candidato más gris que jamás hubiera tenido el partidazo, José Antonio Meade Kuribreña, que de tan grisáceo que era, ni siquiera pertenecía al partido, ni antes, ni durante, ni después, al grado que en los mítines con la clase priísta de siempre, no perdía oportunidad de pedir con ojitos gachos de perro muerto de hambre: háganme suyo… Pues a ese candidato patito es al que Rubén tenía que llevar al triunfo, pus solamente que su patrón el copete mayor le viera milagros de santería, porque no, Rubén no gana ni por sí ni para sí, una elección ni en su colonia ni en su casilla.

Pero diosito castiga sin palo ni cuarta, dicen las abuelas, y así como era Rubén con su gente cuando era gobernador, así alguien decidió tratarlo con el mismo palo, ¿Cuánto duró en la secretaría de elecciones?, ni el tiempo suficiente para colgar el cuadro de su gorda en la pared, ah, porque viendo en Los Pinos como la nave tricolor estaba haciendo agua, decidieron usarlo de tapón, tal vez por la panza que se midió, se activó y se nutrió con todo lo que se pudo tragar mientras fue gobernador, y para pronto lo encumbraron a la tercera posición en la jerarquía del CDE.

Lo que son las cosas, dos meses antes, si se apersonaba en la esquina que domina(ba), Insurgentes y Héroes Ferrocarrileros, no le hubieran prestado ni el baño, y de repente, allí lo tiene como secretario de organización, si se sentía más esponjado que un pavo convertido en mortadela, fue cuando comenzó a sentirse que podía llegar a sentarse en la silla grande del partido. Fueron en los momentos más críticos de eso que dieron en llamar campaña presidencial, y que acá afuera daba la impresión de ser una carrera de ratas en un barco que se hunde, el denominado war room de Meade, más parecía velatorio, de tanto optimismo que había en sacar el triunfo. Se corrió la voz de que Enrique Ochoa Reza, el taxista número uno del sexenio, tocayo y amigo del alma del presidente, se iba a la goma, y que el que subiría era ni más ni menos que Rubén. Y sí se fue a freir espárragos, pero no subió Rubén a la presidencia, sacaron del cajón de las momias a uno que había sido gobernador de Guerrero, René Juárez, quien ni en la escena política figuraba, y a Rubén lo habilitaron como secretario general, otra vez, a cambiarlo como cuando él ponía a su entonces consen Hilda Flores de regidora, no, de diputada local, no, de diputada federal, no de senadora, que si no acabó loca es porque… hasta llegó a creerse que sería la candidata a gobernadora, pero eso sí que no.

Allí tiene a Rubén, quien duró unas semanas en la secretaría general de un partido derrotado, todo para que el día 16 de agosto finalmente agarrara sus tiliches, el retrato de su gorda, y renunciara al puesto más elevado que había logrado tener en la estructura del moribundo PRI. Como al Peje, lo dábamos por muerto, y alguien en las todavía alturas del poder, decidió revivirlo y sacarlo de su apestoso féretro legislativo, designándolo como delegado especial, sea eso lo que sea, para operar la campaña del PRI en la elección especial para la alcaldía de Monterrey, aquí junto en Nuevo León, luego de que ante tanta mapachería, marrullerías, corruptelas y porquerías varias, sentenciara el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación la anulación y consecuente reposición del proceso. De nueva cuenta la pregunta ¿Qué le ven a Rubén que pueda él hacer o llegar a hacer a Monterrey para que el PRI se alce del cieno del río Santa Cata con el triunfo?, nosotros creemos que nada, pero hay alguien allá en las alturas, el mismo que creía que Meade podría ser su sucesor, y que no logró ni los votos suficientes para que el PRI siguiera siendo siquiera segunda fuerza política, mandándolo a la tercera, y tan dado al cuas que ni el nombre ni el membrete es capaz de conservar.

Luego del nombramiento comenzaron a circular intentos de explicación de la presencia de Rubén en el estado de aquí junto: que si es para movilizar la mapachería del aparato priísta saltillense para ir a revolver las aguas a Monterrey, que si es para presionar al gobernador Riquelme para que suelte dinero para reponer una campaña de un PRI que está anémico de fondos y que no está en condiciones de financiar una nueva búsqueda del voto entre los vecinos de aquí junto, que si es para darle una nueva oportunidad de demostrar que sirve para algo. Que si de lo que se trata es de presionar al gobierno del estado para que no se acerque, como es obligado hacer al presidente electo Andrés Manuel López Obrador, prefiriendo en el PRI central sacrificar Coahuila con tal de poder chuparle la sangre presupuestal, lo que equivale a un suicidio político y económico en el momento en que o quedas bien… o te quedas fuera de la cuarta transformación.

Allí tiene las hipótesis, las que van hasta el momento, habrá otras. Rubén carece de carisma, de capacidad de movilización, tampoco podrá hacerla de plomero para destrabar la llave de los recursos, secos para la elección de Monterrey, faltando veintidós días para que se acabe el sexenio, nadie va a pagar esas facturas, ni por amistad, ni por filiación partidista, ni por favores recibidos en el pasado, ni por nada.

Este es el principio del fin para el PRI en Monterrey, y es prolongación de un fin que le llegó a Rubén Moreira desde diciembre del año pasado, y que si lo mantienen vivo es por lo que puede ser que sepa, que el día primero de diciembre también pasará a valer lo que se le unta al queso.

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