Trata de blancas virtual

BAILE Y COCIHINO.-

Por: Horacio Cárdenas Zardoni.-

paks

La trata de blancas, referida a la práctica de capturar personas, principalmente del sexo femenino, para luego venderlas como esclavas, sexuales o del tipo que sea, es una práctica milenaria en las sociedades humanas. Si a la prostitución se le ha dado en llamar eufemísticamente el oficio más antiguo del mundo, y Ronald Reagan decía que la política era el segundo oficio, demasiado parecido en lo sucio al primero, el tercero y no menos limpio tendría que ser el tráfico de personas, delito de lesa humanidad que va asociado al nacimiento y desarrollo expansivo del capitalismo.

Eso de trata de blancas tiene su connotación racista, sexista y mercantilista, ¿y qué podía uno esperar, si los delincuentes rara vez dedican sus momentos de ocio a la reflexión filosófica o sociológica?, primero se hablaba de blancas porque algunos de los primeros esclavistas eran piratas que operaban en el Mar Mediterráneo, y las blancas eran personas que viajaban en los barcos que navegaban por sus aguas o habitantes de los poblados costeros, y las tales blancas, aunque no lo fueran tanto, eran más claras que los compradores árabes que las adquirían en ferias como si fuera exposición de ganado; por supuesto las anunciaban como blancas, y allí la mercadotecnia, porque ya en esos tiempos se codiciaba lo de los europeos con preferencia a lo propio, como si en sus sociedades no naciera más o menos la misma cantidad de mujeres que de hombres.

Con el paso del tiempo llegó la hipocresía, y es que eso de trata de blancas se oía feo, mejor le pusieron trata de personas, expresión más inclusiva seguramente, que deja en claro que no solo a las mujeres se les puede secuestrar, vender y comprar, sino también a hombres, de la edad que sea y de la etnia que sea, para todos hay mercado, sabiéndolo buscar o crear, para los empresarios más comedidos en el negocio.

¿Y quién iba a pensar que lo que durante largos siglos se consideró obligatorio, la presencia física de las personas para hacerlas objeto de tráfico y de preferencia para generar una ganancia, en estos tiempos que corren en los que las tecnologías de información y comunicación imperan en nuestra sociedad, iba a hacerlo innecesario?

En efecto, antes había que tener a la persona para poder mercarla, ahora ya no, con acceder a sus cuentas de Facebook, Twitter, Instagram, Tinder y algunas otras por allí, además de la posibilidad de acceder a los archivos que guarda en su computadora o en su teléfono celular, y ya los tratantes, traficantes, piratas informáticos, hackers, extorsionadores, chantajistas, tienen a la persona, a las personas, porque pueden ser muchas más que las que cabían en un barco negrero, en un puño.

Criminales que tratan a la gente como mercancía, sin ninguna consideración a su humanidad, para no hablar de simplezas como su reputación, sus sentimientos, su integridad moral, emocional o física, los ha habido siempre, la única diferencia entre los antiguos y los actuales, es que antes había que cargar a los esclavos de cadenas para que no escaparan, en tanto que ahora, los tienen copados con par de clicks en el teclado de la computadora o en la pantalla del celular.

Lo que se ha revelado en esta semana en la ciudad de Monclova deja claro que no importa lo lejos que viva uno de las grandes metrópolis, y a lo mejor hasta por eso mismo, las bandas de trata de blancas, en su versión de traficantes de pornografía y de pornografía infantil, andan sueltas, y con una capacidad de causar daño a individuos, familias y comunidades, impresionante, superando con mucho la capacidad de las autoridades para contenerlas. Les llamamos bandas, pero bien puede tratarse de una sola persona con suficiente habilidad para el manejo de las partes más obscuras de las tecnologías de información, ambición desmedida de obtener dinero sin molestarse demasiado, y cero interés por los efectos que sus acciones puedan tener en sus víctimas, esto solo como aclaración de lo difícil de pararlos en seco.

Como muchos de los delincuentes, se trata de gente con labia, capaz de convencer a jovencitas y jovencitos que se desnuden, que se tomen fotos o video, y en el colmo de lo peligroso, que se los envíen, con lo que la trampa está armada, de allí solo falta la extorsión, o más fácil todavía, vender los “packs” a sitios dedicados a la comercialización precisamente de esa clase de material por suscripción.

Está demostrado que se trata de gente sin escrúpulo ninguno, pero la cereza del pastel es la amenaza lanzada contra la Fiscalía General del Estado de Coahuila de que si siguen con sus investigaciones en el caso de los packs de Monclova, atentarán contra oficinas y personas… cualquier profiler de televisión tardaría cinco segundos en dictaminar que les falta un tornillo o que se les salta la cadena, pues pasa del comportamiento criminal más o menos centrado a la amenaza, convirtiendo la solución del caso en un desafío a la policía, y eso como decía el Piporro cuando lo miraban fuerte: firmaste tu sentencia de muerte.

Dejando a un lado las vaciladas, que tampoco lo son, lo del suicidio de Julissa, jovencita de apenas 19 años de edad en Monclova, quien no pudo soportar la presión de las redes sociales por haber hecho público su pack, es la gota que derramó el vaso. Apenas el lunes se hizo público lo de los packs robados, el miércoles ocurre el primer hecho de sangre, y el viernes el pirata informático amenaza de la Fiscalía, pocos casos se desenvuelven a tal velocidad como este, que hay que seguir con lupa.

Ante todo hay que proteger a las otras víctimas, si ya cometieron el error de retratarse y enviar sus packs, pues tratar de recuperarlos, si es que esto es posible, y si no, pues apoyar sicológicamente para que el daño sea el menor posible. La policía estará haciendo su trabajo, ya no como chamba sino por cosa de honor, con un poco de dedicación lo pescan, y con la delicadeza que los caracteriza, a lo mejor lo refunden en un alto horno.

Y si de lecciones se trata: convenza a la gente que no se filme ni fotografíe en condiciones que les de vergüenza que se vean… o mejor, convénzalos de que si van a hacer la tarugada, que las consecuencias que andan correteando no les importe, dejemos este asunto en paz y el negocio se convierte en humo.

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