Carta abierta a su alteza incomodísima el Rey de España Felipe VI 

A propósito de una disculpa solicitada
Y de la respuesta del Marqués Vargas Llosa.-

Por José Domingo Ortiz.-

carta

Entiendo que no quiera usted disculparse
por las matanzas, los exterminios, las supresiones, los saqueos,
entiendo que no asuma que la matanza de Templo Mayor
– es un ejemplo-
haya sido más que un exceso,
o que fuera suficiente para tal motivo.
Que no le haya bastado saber que Cortés,
lo describió entusiasmado.
Empeñado en lograr tierras para la corona,
naturales para la gracia del señor,
se afanara en trozara gaznates y suprimir pueblos.
Al parecer, no ha sido suficiente.
Que en aras de saber que se quería “cristianizar el mundo”
se habría de exterminar
a cuanto indio u hombre natural se opusiera.
Entiendo que usted no amerita saber
que aunque en muchos casos fue un exterminio
“de la manera más santa y docta”
con la espada y la cruz
acompañada de la iglesia católica,
bajo la estulticia de su bendición,
que ciertamente hizo labor de oficio;
en favor de los indios
pero también santificó el cuchillo y la horca,
del rojo amanecer,
exoneró de culpa el sometimiento y las violaciones,
los despojos,
y la sobre – explotación de los indios-
llegaron a decir que no éramos humanos
y eso;
me resulta imperdonable y para ustedes;
altamente vergonzante.
A quién carajos va a importarle
si la Conquista
no fue lo suficientemente homicida
como para deletrear un mundo de gotas de sangre
que nombra su historia,
como si afectara su honor reconocer
lo que sabemos,
como si no bastara
la explotación de trescientos años
de colonia
podría muy bien
completar el cuadro,
con las serviles rabietas del marqués
de espanto, Vargas Llosa,
que al parecer agradece la conquista
Y la “plenitud de su vida “en la corte.
Entonces contaremos
como botón de muestra,
la expansión de los sagrados territorios
del señor de las calamidades,
el Rey de España,
o la perdida e iracunda respuesta
de azotar a los que osaran acaso
pensar que nuestra tierra era libre
o pertenecía a las tribus nómadas del norte
de México, o a los mechicas,
que fundaran bajo el designio de hacer una nación,
el lugar donde el águila devora la serpiente
los que bajaron del estrecho de Bering
y luego partieron de Aztlán,
guiados por Tenoch,
para fundar en el año de 1325
La gran Tenochtitlán;
supieron de nuestro destino primigenio como nación
la tierra y la materia, la voz y el espíritu – serpiente
vendría así la conquista,
la persecución, el azote,
la muerte por envenenamiento
la supresión masiva,
y vendría trecscientos años despúes,
la excomunión de Hidalgo,
que lo linchen,
Que lo cuelguen de los dedos si pudieran
Que ahorquen a Morelos
Pero sobre todo:
que vengan al Santo Oficio, de la siempre santa iglesia católica, madre misericordiosa
apostólica y romana,
a reforzar la causa para ser excomulgados.

Me cago en la virgen
para ser excomulgado,
por una iglesia cómplice
por una iglesia dueña de panteones,
de registros civiles,
de conciencias,
dueña de las almas y las bulas manifiestas.
Entiendo que no se quiera usted disculpar,
¿Le da vergüenza?
porque además
el rey no miente, no engaña, no asesina,
solamente ordena.
Pero se engañan;
mienten, auto-laceran,
permítame decirles que es una falacia,
decir que la historia de la Conquista
es sagrada e inmaculada,
¿que les debemos dar las gracias?
¡Qué poca madre tienen!
Sabemos que fue un asesinato o genocidio,
en diferentes momentos de los hechos
podemos – si es necesario- ilustrarlo
usted verá su alteza incomodísima:
hace algunos años, estuve en la tierra de Gaudí,
en Barcelona,
la hermosa tierra catalana
y mis amigos de aquellos lares, los catalanes
no asumen la conquista como algo que les pertenezca
no son cómplices (a su manera de pensar) de una asesinato,
de un genocidio,
creo
que no podríamos enumerar los abusos
cometidos,
pero ahora
lo veo a usted,
como un recuerdo de familia muy lejana
aunque por otra parte,
nunca olvido que recibimos la más alta memoria,
y la lengua más pulcra y digna;
el castellano
míreme nada más, que bien argumento y brinco con palabras,
celebro nuestro idioma, mis alcances inauditos del lenguaje,
lo demuestran.
Recibimos
el color de la aceituna morena y de los hombres del norte de África,
amamos a las mujeres más bellas de la tierra, en América
somos morenos, porque somos los hijos de los indios americanos.
Hemos amado toda la vida nuestra hermana de sangre; España.
Porque contradictoriamente llevo en mis pendones,
la voz de Rodrigo Díaz de Vivar, la de Cervantes, la de Quevedo
la de Góngora,
la de Unamuno
la de Ortega y Gasset.
He amado la cultura española,
Pero nunca bajo la insignia de la servidumbre
que ofrecen los marqueses,
pero ante todo, soy México,
mi ancha y amorosa patria
la hermosa forma de ser del trópico
incluso, en ésta pasión desdoblada en batallas
labradas en palabras también es México y España.
Este corazón amagado a besos
por tocados o deseados,
también es Miguel Hernández,
O Díaz Mirón
O Manuel Payno
Octavio Paz.
Arreola
Benítez
Carlos Fuentes
Vasconcelos.
Pero si hablamos solamente de una disculpa,
de la devolución de los archivos que guardan en Sevilla
(Es otra cosa)
Son los Archivos de Indias,
por ejemplo: nuestros códices,
que tan celosamente guardan como trofeos de guerra,
permítame decirle: que soy un mexicano más
que sabe y que se indigna por que
no les pertenecen,
su alteza incomodísima.
La petición, solicitud expresa;
respetuosamente les pedimos la disculpa,
debería de acompañarse de la solicitud de la devolución
(Entre otras cosas)
de lo que no les pertenece.
No es la desmesura que ahora ustedes cuentan,
decir que es un insulto pedirle a usted,
una disculpa,
me parece que sería una buena oportunidad
una buena certeza,
sobre todo si se acompaña
de la devolución
de los objetos sagrados, que fueron saqueados
(el oro no, porque está incrustado en las iglesias)
que le pidan una disculpa no es descabello
más bien sería como firmar la alianza
de nuestros pueblos hermanos.
Nosotros somos la misma sangre, la misma raza,
mire usted don Felipe Sexto:
Estamos hablando de asesinatos masivos,
de saqueos, de violaciones, de engaños, y de imposiciones,
entiendo que es un proceso de conquista.
¿No sería posible su alteza una disculpa?
¿No sería posible hacerlo de la manera más sabia y humilde?
Creo que valdría la pena.
Ahora he firmado un decreto de poeta:
La historia de América, será vista en lo sucesivo
como la historia de la reconciliación,
siempre y cuando nos digan la disculpa.
Andrés Manuel sabe, que acierta en su propuesta,
pero si Ud. No lo recuerda,
han sido innumerables las heridas.
No le parece que podríamos
sentarnos a tomar una taza de café
mientras pasa la tarde y recordamos
¿ la fila de almas limpias que fueron sacrificadas?
Nosotros somos hijos de la libertad y del viento,
del mar y las distancias,
del desierto y nuestros cielos amplísimos
de las montañas y del mañana de América.
Saquear las culturas, los pueblos,
someter sus mujeres, violarlas, y luego hermosamente
venir a la mesa a decirnos que es ofensivo pedir una disculpa
Y si quedara algo que nos falte
para colmo de reyes
y de príncipes,
como un botón de muestra
aunque cargada de las más altas impudicias
con reguero de sangre por los costados
como si fuera un animal inmenso e inconforme
que hace de sus suertes,
la muerte de viruela negra
como si no fuera suficiente
ay mi madre!
se molestan.
Vamos a dejar que siga pasando la tarde…
Su alteza incomodísima.
Saltillo, Coahuila a 27 de marzo del 2019

2 comentarios en “Carta abierta a su alteza incomodísima el Rey de España Felipe VI 

  1. Me parece una carta muy acertada y bella. Lástima que el tal Enrique VI no tenga la humildad y consciencia de entender el agravio a un pueblo que fue despojado de sus costumbres. Si hablamos de barbaries, fueron ellos quienes trajeron muerte, pena y dolor a nuestros antepasados. En fin, que quede en España una conciencia sucia. Lo nuestro es seguir adelante!

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