Luz, cámara… ¡acción!

BAILE Y COCHINO.-

Por: Horacio Cárdenas Zardoni.-

tecnologia

El gobernador del Estado Miguel Ángel Riquelme Solís confirmó recién la adquisición de algo menos de 1,300 cámaras de la más alta tecnología para apoyar las labores de vigilancia y seguridad en los once municipios más conflictivos de Coahuila.

Desde que se anunció este proyecto hace algunos meses, se hizo énfasis en la capacidad del software de las tales cámaras, para lograr el reconocimiento facial de los individuos, no de todos, sino de aquellos que estén en alguna base de datos palomeados con un letrero de “se busca”, porque el resto de los coahuilenses y ciudadanos de otros estados que lleguen a pasar por debajo o enfrente de esos equipos, en teoría, no tendrían que ser molestados, pues su identificación sería falsa, inocua, inocente, o como sea que se clasifique, aunque de entrada estamos hablando de una marcada distinción: aquellos individuos e individuas libres de delito… y aquellos que tengan alguna cuenta pendiente con la justicia.

A los grupos de protección de los derechos humanos la declaración del proyecto y su reciente confirmación los ha puesto en alerta máxima, pues lo consideran algo de su competencia, pues consideran todo el asunto como una flagrante violación a los derechos civiles y humanos de las personas.

Nosotros no compartimos esta apreciación, si usted no ha hecho nada, nada que esté clasificado en el código penal, civil o administrativo como un delito, puede andar como mexicano por su casa, haciendo uso amplio y completo de su constitucional libertad de tránsito, ah y si además no pesa sobre usted una denuncia o lo que haya hecho no amerita persecución de oficio, las cámaras le vendrán guangas, si usted no ha cometido ninguna falta contemplada en el bando de policía y buen gobierno, tampoco ningún oficial se la va a hacer de tos. Ahora que si usted comete o es víctima de un delito debajo de uno de esos aparatos, quizá, solo quizá entre en lo que la ley considera flagrancia, si es que para ese mal momento ya están adecuados los ordenamientos para que se acepte como prueba ante un juzgado, que como sabemos, es el preciso instante en que la puerca suele torcer el rabo.

El objetivo, por más que haya quien quiera verlo al revés, es darle más seguridad a la gente, ¿y cómo?, a través de una tecnología que logre lo que el más perfecto ojo de los policías municipales, ministeriales, fuertes de Coahuila, no es capaz de hacer, acordarse de todos los sujetos buscados, del delito por el que se les requiere, y el grado de peligrosidad de cada uno, para ver si se animan a detenerlo solo, o piden apoyo. Ahora, esa es la intención, la realidad, puede que no sea tan ideal, y es que la experiencia con las cámaras de vigilancia urbana, en nuestro país y nuestro estado, deja mucho, demasiado que desear.

Recordamos una escena de los tiempos obscuros que vivió Coahuila no hace muchos años, cuando las carreteras, las calles, los negocios eran asolados por esta o aquella banda de delincuentes, que según, se disputaban la plaza, plaza que parecía que era de ellos para que hicieran con ella lo que les viniera su regalada gana. En aquella ocasión, se acababan de instalar hacía pocos meses cámaras de vigilancia, no tan sofisticadas, pero razonablemente útiles, y allí en el cruce de bulevar Colosio y Musa, estaban dos o tres fulanos abajo de sus camionetas de lujo, jugando al tiro al blanco contra las cámaras, hasta eso no eran muy finos en su puntería, les tomó muchos disparos de sus fusiles automáticos, hasta que pudieron finalmente destruirlas, curiosamente aunque la balacera estaba de a peso y tenían tomas en tiempo real de la ubicación, nadie acudió a detener a los criminales que, dejémoslo en eso, estaban destruyendo la infraestructura urbana, ¿Qué importa si eran armas de uso exclusivo de las fuerzas armadas y no piedras?, pues ni por acopio ni por la travesura se correteó ni detuvo a nadie, total ¿Qué son cincuenta o cien mil pesos rotos a balazos?

También en Saltillo, pero en otro tenor, la administración de Isidro López instaló unas cámaras, estas sí con suficiente resolución para reconocer números y/o código de barras de las placas, para proceder luego a emitir las tristemente célebres fotomultas. Al rato el gobierno del estado se puso roñoso y ya “no le compartió” el padrón vehicular, con lo que las cámaras del ayuntamiento quedaron como adornos costosos e inútiles, terminándose una jugosa fuente de ingresos del municipio y un negocito nada despreciable de la empresa que maquinó el enjuague.

Mucho más reciente, a principios del año 2018 el entonces flamante alcalde de Torreón, Jorge Zermeño, salió a decir que la mayoría de las cámaras de vigilancia urbana que había recibido de su antecesor, no funcionaban correctamente, si bien luego de lanzar la típica cacayaca panista, ya se olvidó de documentar como debía ser el hecho, ni tampoco qué iba a hacer para regresar esa infraestructura a su nivel óptimo de operatividad, sabido es que en Torreón las ya citadas bandas que se pelean la plaza, tienen lo suyo de violentas, y en algo ayudarían esas cámaras para, si no prevenir, sí saber un poco con más detalle qué es lo que pasó en cada asesinato, secuestro, levantón, ajuste de cuentas, o lo que sea.

Pero lo de Torreón, con todo que se le haya dado el tinte político de rigor, tiene lo suyo de razón, porque recordamos haber escuchado notas y visto reportajes de que, por ejemplo en la Ciudad de México, tantas como la mitad de las cámaras de vigilancia, estaban deshabilitadas, fuera por haber sido dañadas, por viejas, por lo que sea, el caso es que una inversión multimillonaria, porque como nos consta estas cosas no son nada baratas, estaba baldada, por no decir que estaba en un nivel de inutilidad que las dejaba como muy poco efectivas para apoyar la labor policiaca, allí tiene a los tecolotes dejados a sus ojos, sus piernas y sus mandíbulas, como en la prehistoria más remota. Lo mismo para Monterrey, Guadalajara y Puebla. El caso es que sí, son o pueden ser muy útiles… pero también son muy delicadas y requieren de un cuidado muy superior al que demanda cualquier otro equipamiento urbano y policíaco.

El caso es que, sí, se van a instalar las 1,280 cámaras, lo que nos importa es que se establezca y se lleve a la práctica un programa de mantenimiento preventivo y correctivo, de manera que a la vuelta de uno, tres, cinco y diez años, por lo menos el 95% de los equipos sigan siendo funcionales. De nada nos va a servir que por allí por donde pasan mañana, tarde y moda los delincuentes conocidos y facialmente reconocidos, ah, esa cámara sea de las que se descompusieron al mes de instaladas y nadie las volvió a reponer.

Por lo pronto, pónganse todos guapos y guapas, porque están ante cámaras, y qué vergüenza la verdad, que con esos pelos y esa cara, lo logren reconocer de a como estaba en la foto de la filiación o la del IFE.

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