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López Obrador y la tentación de expropiar AHMSA

Baile y Cochino.-

Escibre: Horacio Cárdenas Zardoni.-

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¿Cómo es que dicen en las películas: «aquél que no conoce los errores de la historia corre el riesgo de repetirlos». Y esta frase se la atribuyen lo mismo que a William Shakespeare que a Abraham Lincoln, que a Albert Einstein, Bill Gates o a Steve Jobs, u a otro literato, filósofo o celebrity de moda en su tiempo. Que a como suelen ser las cosas, es más probable que fuera algún reportero o negro literario el que inventó esa frasecita para aderezar la nota que estaba tecleando, porque ya ve como son los genios, andan pensando en sus genialidades, no en el mundo que gira alrededor de ellas y de ellos mismos.

Ahora con el escándalo político, económico, financiero y penal de Altos Hornos de México, muchas son las voces que han comenzado a alzarse por aquí y por allá, reflejando una idea, o más propiamente, la falta de una idea mejor, de que el gobierno de la República entre a rescatar a la empresa, esto como medida para la protección de la fuente de empleo de alrededor de veinte mil trabajadores, y más allá de eso, la relativa estabilidad económica de la ciudad de Monclova y del conjunto de la región centro del estado de Coahuila. Azuzados por ellas, o ya ve como son las aves de carroña para saber dónde hay un cadáver a punto de declararse muerto, aprovechando la oportunidad, ya andan zopiloteando sobre AHMSA, por aquello de lo que puedan sacar para sí mismos.
La verdad que no tenemos muy clara esa parte de la historia, nosotros nos encontramos a Altos Hornos cuando ya había sido integrada al sector público paraestatal, en aquella época dorada en la que el gobierno nacionalizaba o más suavemente, compraba, lo que la iniciativa privada había exprimido hasta el último centavo de ganancia, y todavía quería sacarle algo más heredándole sus deudas y otros compromisos financieros al estado mexicano. Éste, que durante varios sexenios nomás nunca vio la trácala, se dejó engañar como el proverbial chino, negándose a ver el principio esencial de toda la cuestión, si los empresarios abandonaban un negocio, era porque simplemente aquello ya no era negocio. Ah, pero con el pretexto del salvamento de los empleos y garantizar la paz social, pues así se hizo de más de ciento veinte empresas que fabricaban desde camisas Arrow hasta automóviles Renault y Borward, pasando por supuesto por la producción del acero.
Durante los años en que AHMSA fue parte de la administración pública federal, como la mayoría o todas las empresas paraestatales, nomás no reportó ganancias, era el típico pozo sin fondo en el que ingresaba dinero de los impuestos, y de donde lo único que salía eran las fortunas de los funcionarios y directivos, y los salarios de hambre de los obreros. Tuvo que venir un tecnócrata neoliberal hasta la calva, como Carlos Salinas de Gortari, para establecer la política de esbeltez gubernamental, para lo cual la primera medida era la venta de todas aquellas empresas y entidades que pertenecían al estado pero no tenían una función propia de él, y si ya de pasada se podía hacer unos cuantos negocitos, favoreciendo a los amigos de los amigos, pues qué mejor. Así es como AHMSA se vendió, es un decir, a Javier Autrey y Alonso Ancira.

Y aquí es donde deberían comenzar a parar las orejotas los que quieren que el gobierno se haga cargo de la acerera: antes de concretar la venta, el estado consideró que debería entregársela “saneada” a sus nuevos propietarios, para lo cual tomó la medida de cesar fulminantemente a miles de trabajadores. A lo mejor es que no había postores que quisieran hacerse cargo de los vicios de la administración de corte oficial que tenía AHMSA, a lo mejor es que como la transa era entre cuates, pues de una vez hacerles o hacerse el favor de no correr con las liquidaciones, el descontento, las marchas y el odio, y así llegarían como los salvadores de la empresa, a la que de entrada prometieron llevar a niveles de productividad y competitivdad nunca vistos, una promesa de tantas que quedaron sin cumplirse, pero esa es otra historia.
El primer buitre que olió sangre fue el inefable Napoleón Gómez Urrutia, quien echó sus cuartos a retozar: que el gobierno de su resucitador Andrés Manuel López Obrador le compre, perdón, nacionalice Altos Hornos de México, ya sabe, para a través de ese tan personal estilo suyo de poner gente ignorante a cargo de cosas especializadas, siempre y cuando cumpla con ser ciegamente fieles a la causa de la Cuarta Transformación, le devuelva la productividad que perdió desde que Harold Pape se deshizo del negocio siderúrgico. ¿Qué ganaría Napito?, pues para comenzar el contrato colectivo de trabajo para su sindicato, y en un descuido, el control de la empresa desde los puestos de la alta gerencia, o sea todo. Salvo su mejor opinión, aquello sería el acabose, a la vuelta de pocos meses Altos Hornos estaría peor que en los peores tiempos de cuando era empresa de gobierno administrada por los cuates del presidente en turno.
Pero además ¿Qué le hace pensar a los obreros de la acerera y a los monclovenses en general, que recibirían un mejor trato que el que les da el neoliberal capitalista Ancira Elizondo? Al calor de los sustos nadie piensa que Andrés Manuel López Obrador no se tentó el corazón para despedir a tres mil burócratas empleados del SAT, que ha corrido gente de prácticamente todas las dependencias de gobierno, y para no andarnos con chiquitas, que dejó a decenas o cientos de miles de niños sin guardería, ¿alguien cree que a los obreros a los que calificaría seguramente de fifís, por su nivel de salario promedio, los protegería aunque fuera un poquito más?, nos permitimos dudarlo.
A lo mejor sí, al principio, por ser un asunto política y publicitariamente conveniente, pero al rato, a la goma. Imagínese nomás, si a los médicos residentes del sector salud, les tumbó la mitad de la beca/sueldo, dejándolos en 1,400 pesos al mes, ¿cree que dudaría en bajarles el salario a eso o todavía menos?, desde luego que no.
Por allí dicen: ten cuidado con lo que deseas, no sea que se te cumpla. Para todos aquellos que por conservar una chamba de obrero, o aquellos que ya se sienten que controlan el sindicato o la dirección de la empresa, no vaya a ser que se las haga buena el presidente López Obrador, quien si a los burócratas de escritorio los quería hacer trabajar 48 horas a la semana, dizque para que no fueran flojos, a los burócratas de producción 56 horas, con pago de 40, serán pocas.

3 comentarios sobre “López Obrador y la tentación de expropiar AHMSA

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  1. Hay ahora resulta k lo k hizo Salinas fue una buena opción por k no dejan trabajar a obrador en paz y a todo el k se a corrido era por ladrones por vivir a base de robarle al pueblo

    1. Por más k se les ha explicado del pork y a quiénes los despidos,las.becas de las guarderías,rec.etc.como k NO ENTIENDEN.
      Pero en fin yá Basta dejen trabajar a los PRIANES jamás los juzgaron con todas las MOVIDOTAS CHUECOTAS Y COMO NOS AFECTAN PORK NOS ESTÁN AFECTANDO AUN Y este Sr.que quiere darnos el.cambio para bien NoLo dejan
      Todo a su tiempo.

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