Tiemblan las finanzas de Coahuila por recortes y retrasos de su presupuesto

BAILE Y COCHINO.-

Por Horacio Cárdenas.-

PRESUPUESTO1
El Secretario de Finanzas, Blas José Flores y los diputados del Congreso se felicitan por la aprobación del presupuesto 2019, nunca imaginaron que la Federación retrasaría esos recursos.

Para nadie es novedad que la situación financiera del gobierno del Estado de Coahuila es crítica. Lo es desde hace tres administraciones, dejando de lado la racionalidad con la que fueron manejados los dineros durante los sexenios en que gobernaron la entidad economistas, Eliseo Mendoza no tuvo mayores complicaciones, Rogelio Montemayor incluso su gobierno fue motejado como el de los buenos tiempos, y Enrique Martínez, quien se dio el lujo de presumir que dejaba dinero en las arcas, y prácticamente cero deuda pública, compromisos financieros más que manejables con lo que había en caja. Pero esos tiempos se fueron para no volver, entre que el gobernador sabía lo que tenía entre manos, y sus colaboradores nunca dejaron de tener el freno puesto, las finanzas eran de lo que menos lata daban.

Pero luego las cosas se comenzaron a poner pesadas, el mentado pacto federal, sin llegar a romperse en el papel, si se convirtió en letra muerta en el sexenio de Felipe Calderón, dando espacio a los gobernadores, no solo de Coahuila sino de todo el país, para endeudarse para reponer lo que dejaron de enviarles de participaciones, importándoles poco, que al fin son políticos, gobernantes y mexicanos, que se tratara del dinero más caro que alguna vez llegaron a tener en las manos, pues no era como las participaciones, propio, sino que había que gastarlo, conseguir más para devolver el capital, y ni hablar de los intereses, con lo que decir que se multiplicó por tres, es quedarnos optimistamente cortos.

El caso Coahuila es paradigmático, pero además es el que más nos escoce por vivir nosotros aquí y tener que sufrir las medidas de restricción del gasto público que se autoimpone el gobierno para estar en condiciones, alguna vez, de pagar lo que se debe. Si lo ponemos en esos términos, en estos días vivimos peor que hace veinte años por el hecho de que el gobierno gasta mucho menos en obras y servicios públicos, y lo hace porque no le queda de otra, son demasiados los compromisos financieros que ya tiene, y sin ser sencillo establecer una cifra precisa, sí podemos pensar en que el gobierno invierte en cada ciudadano quizá la mitad o menos que lo que se destinaba a cada coahuilense de aquellos años.

Que sí, se ha hecho lo contablemente posible, lo políticamente correcto, lo permitido por la ley, para no caer en la insolvencia, en la cancelación de programas gubernamentales, y en la tan temida suspensión de pagos. Aquí no traemos pleito con las calificadoras, y no porque las adoremos, sino porque de su visto bueno depende que se pueda seguir contando con financiamiento para las cosas de gobierno. Pero con toda la disciplina que se ha tratado de imponer, las presiones no hacen más que aumentar.

¿Cómo dice ese dicho tan ranchero de por acá?, éramos muchos y parió la abuela, que deja entrever e imaginar mucho más de lo que finalmente expresa en tan pocas palabras, éramos muchos, teníamos muchos problemas, y se nos cargaron más de parte de quien deberíamos esperar ayuda para resolverlos, no lo contrario. Pues más o menos eso es lo que está pasando por estos últimos días en Coahuila, donde se han registrado dos hechos que amenazan con desequilibrar las finanzas estatales hasta un nivel, al menos de momento, imprevisible.

No que sean nuevos, al contrario, se han venido cocinando desde hace décadas probablemente, la diferencia es que están llegando ambos problemas al punto en que no queda más remedio que actuar… en el sentido que se espera, o en uno que pocos se esperan y son menos los que creen que pueda ocurrir. Nos estamos refiriendo a los casos de la situación financiera del fondo de pensiones de la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro, y al no menos espinoso del servicio médico y también del fondo de pensiones de la Sección 38, ambos dieron de qué hablar en los pasados días.

Lo de la  Narro tiene años, varios, en que a los profes y trabajadores que cumplen con la antigüedad para retirarse, les dicen que no hay dinero, que mejor se queden trabajando, porque no hay con qué dinero pagarles su retiro. A los jubilados de cinco, diez, veinte y más años, los tienen siempre con el Jesús en la boca, de que la siguiente quincena sea la última, que no se trate de un simple retraso en el depósito, sino del último… o del último en las condiciones actuales, siendo una incógnita tenebrosa lo que pudiera venir después. Lo último de lo que se habló es que de agosto, este agosto, no pasa, que se seque el fondo de pensiones, y que si no hay un rescate del gobierno del estado, los jubilados dejarán de cobrar lo que por ley les corresponde, y en algunos casos selectos, también lo que no les toca, pero por cosas de la política y la tracalería, han venido devengando en calidad de pensión.

Lo de la Sección 38 es una bomba que ha venido ganando presión con cada mes que pasa, y déjese lo del paso del tiempo, sino que con tanto que se ha movido la base de trabajadores y jubilados agrupados en la Coalición, ganando resolución tras resolución en las máximas instancias jurídicas del país. La última que se dio a conocer, como un gran triunfo, que además es innegable, es la resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que ordena al gobierno del Estado de Coahuila resarcir dos mil millones de pesos que se adeudan al servicio médico de la Sección 38. Años de lucha por ello, y lo lograron, ahora habrá que esperar la respuesta del gobierno estatal, que por un lado se estima que pueda ser jurídica, es decir, apelar a la sentencia, aunque por el otro se espera una estrictamente financiera, que pudiera venir en los peores términos posibles: no hay dinero, se declara en quiebra la Dirección de Pensiones de los Trabajadores de la Educación, el servicio médico de la 38, y ahora sí, a ver qué es lo que se puede recoger de lo roto, otra vez, el ominoso fantasma de que la renegociación, el salvamento no sea ni remotamente tan glamorosamente generoso con los jubilados, como lo es en la actualidad, con dinero que no es del fondo, sino del gobierno que lo está aportando, tomándolo de otras partes, pero ¿dos mil millones de pesos…?, esa cifra causa vértigo a quien tenga que pagarla, y no diferido hasta nunca como se estila en la administración pública a la mexicana, sino dentro de un plazo perentorio.

Las cosas eran difíciles con la megadeuda, pero allí la llevaban, luego los recortes del gobierno federal a programas que ha tenido que sufragar el gobierno estatal, agréguele los retrasos en la entrega de participaciones que se han tenido que financiar con préstamos, de los que luego la federación ni siquiera menciona el tema de los intereses, y ahora lo de la Narro, que hasta eso no es tanta lana, no en comparación con lo de la 38, pero entre todo, la presión financiera se torna insoportable, y a menos que alguien tenga un as bajo la manga que lo confirme como un político sobresaliente, el resto de las posibilidades distan de poder ser calificados como un milagro, lo que se ofrezca no va a dejar a nadie satisfecho, delo por un hecho.

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