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EL PEOR DE LOS ALCALDES POSIBLES

Por: Horacio Cárdenas.-

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¿Qué es ser alcalde?, así como lo manejan algunos periodistas de la vieja escuela, algunos panegiristas y por supuesto los interfectos mismos, el alcalde es “el jefe de la comuna”… y pues sí, si nos apegamos a la descripción clásica del conocido científicamente como el mal del ladrillo, son muchos lo que recibiendo la constancia de mayoría, jurando obedecer y hacer obedecer las constitución general de la República, la del estado y las leyes que de ella emanen, ya traen un mareo que los hace elevarse, según ellos, por encima del común de los mortales, sus gobernados, con el peligro de precipitarse al suelo y partirse la crisma en el aterrizaje forzoso.
Lo de alcalde ni siquiera sabemos si es lo estrictamente correcto, porque el término legal es el de presidente municipal, y no es que sea el señor o la señora el presidente de la comuna, quien detente el cargo es quien legalmente debe presidir las sesiones de cabildo. Quede claro, por presidir no se quiso en ningún momento dar a entender que es el jefe del cuerpo edilicio, que en lo individual y colectivamente no reconocen ni tienen porque reconocer otro mandato que el del pueblo que los eligió, sino que debe estar presente, hacer las propuestas que a su juicio sean benéficas para los gobernados, y acatar las decisiones democráticas que los regidores tengan a bien votar mayoritariamente.
Si así son las cosas, por lo demás bastante claras, escritas en términos que hasta un diputado las pueda comprender y obedecer, ¿Por qué hay tanto alcalde que quiere sentirse por encima del pueblo que lo puso donde está, por qué es tanto el desprecio que tienen para con los otros integrantes del cabildo, sobre todo cuando que muchos antes de llegar a la silla de presidente municipal, antes fueron regidores, síndicos u ocuparon algún cargo directivo en el ayuntamiento?
Pero bueno, eso es lo relativo a la interacción que el presidente municipal debe tener con los otros ediles electos, casualmente, en el mismo proceso electoral que él mismo, ¿pero y qué de las obligaciones para con el pueblo, y en el caso concreto del que le queremos platicar, qué con las obligaciones para con los mágicos habitantes de Parras, pueblo mágico, de la Fuente?
Casi que podríamos hacer una encuesta entre los parrenses: ¿Cuál cree usted, estimado ciudadano, que sea o deba ser la principal función del presidente municipal?, y dejamos la pregunta abierta, para que cada quien saque de su ronco pecho lo que le escoza el alma. Seguro que habrá mucha gente que diga que la función primera a la que debe avocarse el presidente municipal en turno, para no ponerle el dedo a nadie en este momento, es la de brindar seguridad pública a la población, para lo cual le corresponde organizar la policía municipal; habrá también quien opine que no, que lo que debe ser su campo de acción principal es el de las obras y servicios públicos, porque la gente necesita que la infraestructura urbana sea funcional y eficiente, eso además de cómoda y bonita, después de todo buena parte de los ingresos del pueblo mágico dependen de que los visitantes vean la ciudad y sus alrededores bonitos y agradables, si se topan con puros baches, con pintas de pandilleros, con luminarias apagadas, con basura en las calles y plazas, ningunas ganas tendrán de permanecer ni de regresar, mucho menos de consumir lo que ofrecen los comercios de la localidad.
Habrá por supuesto quien se vaya por lo cívico: el presidente municipal, dirán debe dar imagen y ejemplo de decencia, honradez, trabajo, civilidad, demostrar en una palabra, que efectivamente es superior a los demás, por lo menos en su capacidad de organizar el esfuerzo colectivo a favor de la propia comunidad. No faltará quien lleve lo cívico a cosas como dar el grito el 15 de septiembre desde el balcón del palacio municipal, presidir las pocas o muchas ceremonias que se programen en el pueblo.

Pero nosotros somos de la opinión que la principal función del presidente municipal es la administración del ayuntamiento, siguiendo aquel otro principio de que la administración, para que realmente sea efectiva, no debe de verse, es decir, que una empresa, un municipio, un país, en el cual no se nota quien hace el trabajo ni en qué consiste este, es porque funciona como relojito… como relojito de cuarzo, que esos ni ruido hacen, ni se atrasan ni adelantan. En cambio si no pasa la basura, si no barren la calle, si no prende el alumbrado público, si no hay agua potable, si se tapa el drenaje, todo eso es culpa de una mala administración municipal.
Un buen alcalde claro que se dedica a la grilla, eso es lo suyo, lo que le gusta y encanta, pero se dedica a ella una vez que su función administrativa está cubierta, si no lo hace así, cada vez que se apersone en un evento, que vaya a una colonia, se reúna con algún grupo, lo que recibirá son exigencias, reclamos y recriminaciones, muy diferente que si llegara a esos sitios y con esa gente y lo recibieran con agradecimiento porque todo funciona como se debe.
Pero bueno, dentro de todo lo que tiene que administrar un alcalde, que no es poco acá en Coahuila, lo más importante es la formulación de la ley de ingresos y presupuesto de egresos para el año siguiente. A veces ocurre, si no es que siempre cada tres años, que el alcalde saliente tiene que dejar elaborado el presupuesto que recibirá quien ocupe su puesto el primer día del año siguiente. Si las cosas son como deberían, que alcaldes salientes y entrantes, dejan de lado sus traumas personales, sus enemistades políticas, sus simpatías u odios ideológicos, para sentarse una tarde sobre sendas tazas de café, para acordar qué es lo que el entrante quisiera encontrar en caja para comenzar a llevar a cabo su programa de trabajo, eso sería lo democrático, lo correcto y lo decente, pero entre políticos no es fácil encontrar gente con estas cualidades, al saliente lo que menos le interesa es ponerle las cosas fáciles a su sucesor, cuando no le pone todas las piedritas en el camino para que se tropiece y se vaya de boca.
Pero lo que pasa en Parras es una vergüenza como pocas. Es cierto que el anterior alcalde Evaristo Madero, emproblemado como estaba, ningún interés tenía en cumplir con ese trámite legislativo, para el que sin embargo la ley previene lo conducente: en el caso que un ayuntamiento no presente ley de ingresos ni presupuesto de egresos, se le otorga la misma cantidad que el año precedente… lo que por sí mismo significa que perderá el ajuste de la inflación, y que por ende tendrá menos dinero en términos reales, pocas cosas hay más indeseables que esa, y eso fue precisamente lo que ocurrió en Parras.
Si el alcalde Ramiro Pérez Arciniega tuviera un dedo de inteligencia, hace un año se habría movilizado en el congreso del estado para que, aunque no hubiera una propuesta oficial, los cuates diputados le concedieran negociar un presupuesto a su gusto y conveniencia de los parrenses, ya le dolía hasta el tuétano el mal del ladrillo, así que nada. Pero fuera eso todo, resulta que entre sus amoríos, veleidades, casi esquizofrenia, este año Pérez Arciniega también incumplió esa primera función del buen alcalde, o hasta del mediocre y del mal alcalde, no presentó presupuesto ni en tiempo ni en forma, lo que a los diputados les hizo maldita la gracia, lo mismo que al cabildo y a los mágicos parrenses enterados.
Ya como medida desesperada, el Cabildo se puso a hacer la chamba que le corresponde al alcalde y a sus funcionarios de la tesorería y la administración municipales, ¿para qué?, pues caray, dos años sin incremento del presupuesto equivale a dos años de pérdidas de dinero, al empobrecimiento de la capacidad del municipio para atender las abandonadas necesidades de la población, que por supuesto, también tienden a crecer.
Pobre Parras, le cayó en suerte tener de alcalde al peor de los alcaldes posibles, uno que no cumple ni siquiera con la función de decir cuánto dinero va a necesitar el año que viene. Confiamos en que la propuesta del cabildo no se tope con la burocracia del Congreso, que les hagan la gentileza de recibirlo, estudiarlo y aceptarlo, y de preferencia, no entregárselo al alcalde para que lo maneje y se lo clave, de esta primera y segunda funciones, Ramiro urge que sea relevado, antes que cause todavía más daño.

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