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Aclaraciones y regaños de Raúl Vera… Cuento no hay

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas.-

obispo vera
El obispo Raúl Vera protegió a un homicida y cuando la prensa denunció su acción sea lanzó contra los reporteros.

Qué padrísimo ha de ser subirse todos los domingos, es más, todos los días, mañana, tarde y moda, para los bautizos, primeras comuniones y confirmaciones, y en cada una de esas ocasiones poder soltar regaños y cacayacas a diestra y siniestra, a sabiendas que todo el mundo tiene que inclinar obedientemente la cerviz, so pena de irse derechito al infierno, sin tocar baranda, y con la recomendación expeditiva de un monseñor, pastorcillo de almas en la tierra.

Pero como decimos de los médicos abusivos, ya te encontrarás con un abogado, jijo de tu mal dormir, o de los abogados, ya te toparás con un cirujano que te extirpe no solo lo que te duele y hasta lo que no te duele, sino hasta el último centavo de lo que tengas en el banco, algún día los párrocos se han de encontrar con la horma de sus zapatos, que a veces son políticos, a veces las propias almas descarriadas de su feligresía, y otras, las más jocosas, con los medios de comunicación.

Dicen que decía Cantinflas en alguna de sus películas: vamos a hablar como caballeros, o como lo que somos, como queriendo dar a entender que todos podemos, si nos lo proponemos, hacer un esfuercito para que la conversación, el debate o la discusión, incluso el pleito, se lleve  en términos respetuosos, civilizados, ah, porque si preferimos irnos por la libre, por lo que nos bulle en el buche, pues las cosas es muy probable que terminen mal, sin beneficio para ninguno de los involucrados, mejor seguir el consejo de uno de los máximos ideólogos de la mexicanidad, y llevarla tranquila.

Los periodistas, sabido es por propios y extraños, más estos que aquellos, no son, somos ningunas peritas en dulce, ni monedita de oro, plata o cuproníquel, porque la más de las veces no traemos un clavo en el bolsillo, nuestro trabajo no es precisamente, jamás lo ha sido, el caerle bien a nadie, sino obtener la información que la sociedad necesite saber, si en el devenir del quehacer diario de corretear la noticia, se gana uno algún respetillo de la gente, alguna admiración de los suicidas, cierto miedo de los corruptos y en general, prevención de quienes no quieren contestar, eso es aparte, no es algo que el reportero ande buscando.

Lo malo es que muchas ocasiones, para obtener esa información, como se dice coloquialmente, pisa uno callos, con cierto grado de razón se dice de los periodistas que pecamos de insensibles, de faltos de educación, de no tener progenitora entre otras lindezas, que si no fuera por lo curtido de la piel de rinoceronte y las fuertes dosis de alcohol ingerido, serían difíciles de soportar, pero salvo algunos sádicos reporteros, créame que no lo hacemos por mala onda, es parte de la chamba, que si pudiéramos obtener otra igual de divertida y mejor pagada, claro que nos volvíamos buenos y decentes, pero no, nadie contrata un pobre reportero que le llenó el hígado de pollo a alguna autoridad civil, militar o eclesiástica, allí está el ejemplo del párroco de la catedral de Saltillo y obispo de la diócesis del mismo pueblo, Fray Raúl Vera López, quien ahora, de nueva cuenta, la trae con la prensa.

Andando en el camino, más pronto que tarde, nos teníamos que encontrar, y mire que ya han pasado los tiempos en los que el infeliz del editor mandaba al reportero de guardia de los domingos a cubrir la misa del obispo, a ver contra quien la traía, digamos que lo de este último domingo ocurrió sin que la anduviéramos buscando.

Acostumbrado como está él y la enorme mayoría de los religiosos, a regañar a todo el mundo, por lo que sea, grave o no grave, por algo que hizo, dijo, pensó, que no hizo o para prevenir que siquiera pase por su mente, el caso es que ahora el obispo quiso agarrar de su puerquito dominical a los medios de comunicación, quienes lejos de enojarnos por el flamígero tratamiento en día de guardar, encantados de que nos de la nota, en un día de la semana en que por lo general, no cae nada, y hasta tiene uno que andar inventando noticias.

“Les molesta mucho que yo hable y ahora me acusan de proteger a Miguel y que lo escondo y protejo, entonces que me digan cuál es el cuento conmigo, que me digan cuál es el cuento; yo no sé ni dónde vive, pero es a mí a quien me echan la culpa; Miguel fue reaprehendido, fue torturado días antes por las mismas personas que lo detuvieron y de eso ya hay denuncia ante la Comisión de Derechos Humanos de Coahuila” es la nota que recogió Héctor López, a la que habría que darle respuesta punto por punto: a los medios de comunicación no nos molesta nada que hable, al contrario, es una fuente de notas razonablemente jocosas que cosechan un buen número de lecturas.

En lo del cuento, para mi gusto que el obispo ni con los años que tiene de párroco en Saltillo, la ciudad donde todos ignoran a todos, y más a los fuereños, nadie trae cuento con el obispo, sea eso lo que sea, en todo caso es él, el que se busca las broncas, si no es con las prostitutas de Monclova, es con los mineros de Pasta de Conchos, los soldados de Monterrey, los migrantes, la comunidad homosexual, y ya hablando de lo de casa (la suya, no la nuestra), con las congregaciones, con los sacerdotes que no le caen bien, con las madres que tienen colegios religiosos.

No es uno el que anda buscando la nota, solita cae, gracias al estilito entre soberbio y despreciativo de Fray Raúl, quien curiosamente, se parece no un poco sino un mucho al presidente López Obrador, en lo de hacerse la víctima de maquinaciones de gente que ni en el mundo lo hace, mucho menos de complots para perjudicarlo en su integridad física, ya que en la moral anda bastante bajo de bonos.

El asunto de Miguel Gabriel López Vargas es lo que desató la iracunda regañina del obispo, quien muy al estilo lopezobradorista, prefiere a los victimarios que a las víctimas, ¿Qué cuernos tenía él que andar abogando para que soltaran a un asesino convicto?, quien sin pensarlo dos veces, volvió a las andadas. Dice que él ni esconde ni protege al “muchacho”, pero sí va y denuncia a la Comisión de Derechos Humanos supuesta tortura en la detención de tan delicado asesino y asaltante. Ahora sí que usando sus palabras ¿Cuál es el cuento?

En todo caso no es cuento, es nota periodística, y mientras el obispo siga con ese comportamiento tan errático en las cosas que le competen y las que no le competen, acá estará la prensa para documentarlo, pues lo nuestro no es callar ni absolver.

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